Nadie es como tú y ese es tu poder

10 Mayo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz
Si te comparas con otros en una única dimensión o faceta, siempre encontrarás a alguien más atractivo, más inteligente u ocurrente que tú. Sin embargo, nadie en este mundo la esencia que te da un valor propio e intransferible.
 

La confianza en uno mismo es imprescindible en todos los ámbitos de la vida. Es nuestra red de seguridad, la base que nos permite lanzarnos a explorar el mundo y desplegar nuestra personalidad. No obstante, también constituye una tarea pendiente en el crecimiento personal de muchos de nosotros. Por ello, hoy quiero recordarte que nadie es como tú y ese, precisamente, es tu poder.

Es sencillo comprobar que careces de autoconfianza, pues sientes constantemente que interpretas un papel. Tus reacciones, tus decisiones, tu forma de relacionarte… no son genuinas.

Cada paso que das es rígidamente meditado y deliberado con el fin de ajustarte a lo que otros esperan de ti. O, por el contrario, vives atrapado en las reacciones descontroladas de tu ego que no cesa de intentar defenderte del rechazo o la humillación.

En cualquiera de los casos, te impides ser tú porque no consideras que lo que eres sea válido o suficiente. Y no hay nada más doloroso que vivir negándose a uno mismo. Sin embargo, ¿dónde se origina este temor a no ser adecuados? ¿Cuándo perdimos la noción de nuestro propio valor?

Mujer mirándose a un espejo
 

Las comparaciones son destructivas

Prácticamente desde que nacemos somos sometidos a comparaciones. Fuimos el bebé más inquieto, el menos risueño o el que más tarde aprendió a caminar. A medida que crecemos nos instan a ser tan obedientes como nuestro hermano, tan sociables como nuestro primo o tan deportistas como nuestro vecino. Una vez que iniciamos la escuela los estándares se materializan numéricamente.

Juzgan nuestras capacidades en base a un sistema rígido y desigual y asocian nuestra valía personal a nuestras calificaciones. Crecemos siendo el más listo, el más vago, el más aplicado o el que menos capacidad tiene para los idiomas. Nunca somos nosotros, sino nosotros en comparación con los demás.

Nadie evaluaría a un pez por su capacidad para trepar a un árbol ni a un pájaro por su capacidad para bucear. Sin embargo, se establecen expectativas uniformes a las que todos hemos de adecuarnos y que definirán la imagen que tenemos de nosotros mismos.

En realidad, este sistema competitivo en el que estamos inmersos desde la más tierna infancia produce un daño que es independiente de las calificaciones del alumno. Pues a todos nos enseñan a compararnos, a medir nuestro valor por nuestra capacidad de cumplir expectativas ajenas. El sistema no nos orienta o motiva para descubrir quienes somos en realidad, quienes queremos ser.

Nadie es como tú

Con este bagaje no es sorprendente encontrar que nos sentimos inseguros en nuestro empleo, con nuestra pareja y en nuestras relaciones sociales y familiares. El razonamiento es lógico:

 
  • ¿Por qué me iban a dar a mí este empleo, si hay muchas personas con más estudios y experiencia?
  • ¿Por qué querría mi pareja permanecer a mi lado si hay otros más atractivos, inteligentes e interesantes?
  • ¿Qué motivo tienen mis amistades para querer pasar tiempo conmigo, si no soy especialmente divertido ni ocurrente?

Con una autoconfianza tan frágil resulta casi imposible negarse, oponerse o hacer valer los propios derechos. Enfrentarnos o discutir nos haría perder puntos en la calificación de la vida y nos abocaría al despido laboral o al abandono afectivo de nuestros seres queridos. ¿Percibes la crudeza de la jaula mental en la que vivimos?

Todo esto sucede porque hemos perdido de vista algo realmente esencial: nadie es como tú. Nadie. No hay otro ser humano en la tierra que cuente con tus particularidades. Nadie podrá aportar lo mismo que tú aportas ni a tu empleo ni a tus relaciones personales.

Mujer buscando un camino

Recuerda tu poder

Sí, siempre habrá alguien más alto, más delgado, más creativo y más experimentado. Sin embargo, nadie es como tú. Solo tú puedes ofrecer tu esencia: ese es tu gran poder.

 

Por supuesto que otra persona podría realizar tu trabajo, podría quedar con tus amigos o salir con tu pareja, pero nunca lograría ofrecer lo que tú tienes para dar. Todos somos reemplazables, pero insustituibles.

Por ello comienza a valorar todo lo que eres y lo que tienes por ofrecer. Recuerda tu inigualable brillo y no temas mostrarlo. Olvida las comparaciones, los estándares y las expectativas. Eres valioso simplemente por lo que eres, porque nadie más lo es. 

  • Mafokozi, J. (1991). Evaluación y fracaso escolar: perspectiva del alumno. Revista complutense de educación2(2), 171.
  • De la Plaza, J. (2009). Inteligencia asertiva. Zig-Zag.