Negligencia emocional, el abandono afectivo en la infancia - La Mente es Maravillosa

Negligencia emocional, el abandono afectivo en la infancia

Judith Francisco 24 enero, 2018 en Psicología educativa y del desarrollo 552 compartidos

La OMS define el maltrato infantil como un constructo muy amplio que comprende los abusos y la desatención hacia los menores de 18 años. Además, incluye todos los tipos de malos tratos físicos y emocionales, abuso sexual, descuido o negligencia y explotación comercial o de otro tipo que originen un daño real o potencial para la salud del niño, su supervivencia, desarrollo o dignidad en el contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder (OMS, 2003).

En nuestro caso, vamos a centrarnos en el campo de la negligencia o descuido infantil. Desgraciadamente, no es la primera vez que se escucha en las noticias la aparición de uno o varios niños encerrados en casa y totalmente descuidados, sucios o desnutridos. A eso precisamente se denomina negligencia infantil.

Ahora bien, ¿qué es la negligencia exactamente? ¿Qué tipos de negligencia hay? ¿Cuáles son las consecuencias que acarrea en el niño este tipo de maltrato? A continuación, profundizamos en estas cuestiones.

Definición y tipos de negligencia infantil

La negligencia se define como la forma de maltrato que consiste en el fracaso repetido, por parte de los padres o cuidadores del niño, de proporcionarle los estándares mínimos de alimentación, vestido, atención médica, educación, seguridad y/o afecto. Es decir, la satisfacción de sus necesidades básicas tanto físicas como emocionales.

Niño sentado en un columpio con miedo

Existen dos tipos bien diferenciados de negligencia:

  • La negligencia física/cognitiva: hace referencia a aquella situación en la que las necesidades físicas del niño como la alimentación, el vestido y la higiene o los cuidados médicos no son atendidos temporal o permanentemente por ningún adulto que se encarga del cuidado del niño.
  • La negligencia emocional: se refiere a la falta persistente de respuesta a señales (llanto, sonrisa), expresiones emocionales y conductas procuradoras de proximidad e interacción iniciadas por el niño. Así como la falta de iniciativa de interacción y contacto por parte de una figura adulta estable.

De ahora en adelante, vamos a centrarnos en este último tipo de negligencia infantil: la negligencia emocional.

Indicadores de negligencia emocional infantil

Existen tres grandes indicadores de negligencia emocional que comprenden las siguientes conductas:

  • Ignorar: se produce cuando los padres ignoran los intentos y necesidades del niño de interactuar y no reflejan ninguna emoción en la relación con él. Por ejemplo, se trata de padres que solo interactúan con su hijo cuando es estrictamente necesario. Se da una ausencia total de expresiones de afecto, cuidado y amor hacia el niño.
  • Rechazar la atención psicológica: los padres rechazan iniciar un tratamiento de algún problema emocional o conductual severo del niño. En estos casos, los profesionales competentes han señalado previamente la necesidad de acceder a un tratamiento y los padres se han negado a recibirlo.
  • Retrasar la atención psicológica: en este caso no es que rechacen la atención de un profesional, sino que no buscan o proporcionan la ayuda psicológica necesaria. Se produce cuando la alteración emocional o conductual del niño es evidente y extrema (ej. intento de suicidio).

Niña abrazada a un osito de peluche

Variables que intervienen en el abandono o negligencia infantil

Ante estas conductas tan difíciles de imaginar cuando hablamos de una relación padre-hijo, es común que nos preguntemos qué tipo de familias son más proclives a llevar a cabo esta negligencia. Pues bien, existen diversos estudios que están de acuerdo en la intervención de las siguientes variables:

  • Relaciones de pareja con altibajos. Existen dificultades de comunicación entre ellos y desequilibrio en el balance de poder.
  • Las relaciones conflictivas con la familia extensa. Por ejemplo, no piden ayuda a los abuelos cuando necesitan que alguien se ocupe de los niños.
  • Relaciones sociales de los cuidadores escasas e incluso nulas. No existe contacto con vecinos y/o amigos y se muestran resistentes a la hora de pedir ayuda.
  • Ningún adulto asume la responsabilidad en las tareas domésticas y suelen ser realizadas por uno de los menores.
  • Vivir en espacios reducidos donde la seguridad y la higiene son deficitarias. En la mayoría de las viviendas faltan servicios importantes como el agua caliente.
  • Hábitos de crianza, atención y cuidados al menor inadecuados. Los padres no tienen claras cuáles son las necesidades de sus hijos, la percepción hacia ellos es negativa, apenas existe comunicación entre ambos y no pasan tiempo con los menores.
  • Nivel educativo de los cuidadores/progenitores básicamente bajo. Los padres apenas han cursado estudios y no muestran interés por sus hijos en este ámbito.
  • La situación laboral de los cuidadores/progenitores suele ser inestable. Aunque los padres estén trabajando se trata de empleos esporádicos y que no generan ninguna satisfacción.
  • Antecedentes parentales de desprotección: al menos uno de los cuidadores ha sido víctima de situaciones de abandono durante su infancia. Es común que se muestren reticentes al hablar de su niñez.

Niña triste con los ojos cerrados al sufrir el robo de la infancia

En definitiva, la negligencia emocional se trata de un problema muy complejo para el cual hay que tener en cuenta muchos factores. Eso no quiere decir que, a pesar de su complejidad, no urja atenderlo. Por el contrario, se ha observado que las consecuencias a largo plazo en estos niños pueden ser incluso más graves que en el caso del maltrato físico.

Judith Francisco

Graduada en Psicología por la Universidad de Salamanca, y actualmente estudiando el Máster en Psicooncología y Cuidados Paliativos (UCM). Mente curiosa en continuo aprendizaje y con ganas de aportar mi granito de arena.

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