Neurobiología de la toma de decisiones: ¿qué ocurre en el cerebro cuando tomamos decisiones?

27 Julio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga María Alejandra Castro Arbeláez
¿Qué oportunidad de empleo es mejor para mí? ¿Qué estrategia de memorización haría que aprovechara mejor el tiempo? La pregunta clave es, ¿cómo tomamos decisiones?

En nuestro día a día, saltamos de una decisión a otra. Para ello, es necesaria la influencia o participación de nuestro yo en sus diferentes dimensiones, como pueden ser la orgánica y la social Si profundizamos en neurobiología de la toma de decisiones, estaremos en disposición de comprender un poco mejor este proceso.

Sobre todo, profundizando en la relación de las estructuras del sistema nervioso con nuestros pensamientos emociones y acciones. ¿Con qué obstáculos nos topamos a la hora de decidir? ¿Se trata de un proceso asilado o influido por otras variables? ¿Cómo potenciar una toma de decisiones asertiva?

Cerebro

Toma de decisiones, ¿de qué trata?

Hablamos de un componente primario de las funciones ejecutivas; aquellas habilidades que nos ayudan a orientarnos hacia nuestras metas y conseguirlas. Además, en muchos casos, lo que buscamos es la opción más ventajosa para nuestros intereses, es decir, entre todas las posibilidades, decantarnos por aquella con un mejor ratio coste-beneficio.

La toma de decisiones es una parte de un sistema de control que utilizamos con diferentes objetivos y distintos contextos; por ejemplo, cuando conducimos o estudiamos. ¿Tenemos que girar a la derecha o a la izquierda? ¿Qué parte del texto es la más importante? ¿Qué parte del temario tiene más opciones de caer en el examen?

Por otro lado, la toma de decisiones implica lo siguiente:

  • Consciencia ética. Es decir, la facultad con la que contamos los seres humanos para decidir acciones y hacernos responsables de lo que pueda suceder de acuerdo con normas y códigos de conducta y morales.
  • Inhibición. Se trata de la capacidad para suprimir de forma activa la información que no es relevante o no dar respuestas que serían tentadoras, pero que a la larga no nos beneficiarían.

Además, en muchos casos la toma de decisiones es una cuestión de anticipación, o sea, que es sensible a nuestra habilidad para prever hechos o circunstancias. Así, se trata de un proceso conectado con otros procesos.

Neurobiología de la toma de decisiones

En la toma de decisiones están implicadas diferentes áreas del cerebro. Sucede que todas son esenciales, aunque algunas compartan su localización con otras funciones ejecutivas, y tengan mayor o menor activación.

  • Área dorsolateral. Según Portellano Pérez y García Alba, en su libro Neuropsicología de la atención, las funciones ejecutivas y la memoria, ayuda a la resolución de problemas complejos y novedosos. Además, tiene que ver con la metacognición y la inhibición de estímulos.
  • Zona cingulada anterior. Está relacionada con la detección de errores, la activación y la motivación.
  • Área orbitaria. Se vincula con el procesamiento de las emociones, la interacción, la consciencia ética, la autoconsciencia, la autorregulación y la toma de decisiones.

Siendo más precisos, no podemos olvidar otras áreas que también intervienen en la toma de decisiones. Por ejemplo, el cerebelo y los ganglios basales, centros que se relacionan con el movimiento: si existen interferencias a nivel motor, si debemos prestar atención a no caernos o a controlar el movimiento de la mano, los recursos que podremos destinar a la actividad cognitiva serán menos.

También pasa con centros de control emocional, como el sistema límbico. Finalmente, otro elemento orgánico que media en nuestra toma de decisiones son los neurotransmisores: son claves su liberación y su densidad en los espacios intersinápticos.

Mujer tomando una decisión

Potenciando la asertividad

A la hora de tomar decisiones no solo intervienen factores biológicos, también lo hacen factores emocionales, sociales, culturales, espirituales, etc. Para potenciar la asertividad es importante atenderles, te mostramos algunos caminos:

  • Autoconocimiento. Si nos conocemos, estaremos en una mejor posición para realizar una elección que favorezca nuestros intereses.
  • Autorregulación. De nuestras emociones y pensamientos, para no dispersarnos y elegir la mejor opción. Además, de nuestros movimientos.
  • Atención. Si no la prestamos, nos perderemos de cuáles son las mejores y peores posibilidades, y se verá afectada nuestra toma de decisiones.
  • Valorar las consecuencias. No solo para decidir, si no para actuar en consecuencia y hacernos cargo.
  • Realizar prácticas de consciencia. Para estar más conectados con el momento presente, e identificar nuestros entornos y reconocernos en ellos, valorando nuestros límites y los de los demás y la naturaleza.

Aunque todos tenemos la capacidad de decidir unos podríamos ser más asertivos que otros. Afortunadamente, se trata de algo que en la mayoría de las ocasiones se puede cultivar, si no hay un deterioro significativo irreversible, que suele estar asociado a lesiones en áreas prefrontales del cerebro.

Existen varias pruebas para medir el estado de las funciones ejecutivas. Una de ellas es el test de Iowa Gambling, que ayuda a valorar el proceso de selección de la mejor opción utilizando cartas.

En suma, la toma de decisiones se relaciona principalmente con áreas prefrontales del cerebro; se trata de un proceso complejo que va acompañado de otras funciones ejecutivas. Podemos mejorarlo de muchas maneras, pero quizás una de las más rentables pase por hacer una inversión que mejore la atención consciente.

Portellano Pérez, J.A.P. & Alba, J. G. (2014). Neuropsicología de la atención, las funciones ejecutivas y la memoria. Síntesis.