Nightcrawler: el carnaval de las tinieblas - La Mente Es Maravillosa

Nightcrawler: el carnaval de las tinieblas

Carlos Rodríguez López 3 mayo, 2015 en Cine, series y psicología 1 compartidos

Lou Bloom es un joven que aspira a tener un trabajo decente. Una noche, tras deambular por Los Angeles en búsqueda de un empleo, Bloom es testigo de un accidente de tráfico, el cual es filmado por unos reporteros por cuenta propia.

Es a partir de este momento cuando decide dedicarse al periodismo de sucesos, vendiendo las imágenes que obtiene a un canal local de televisión. La dinámica de los acontecimientos sacarán lo peor de Bloom.

¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar para ganarnos la vida?

Seguro que ésta es la premisa que tenía el debutante Dan Gilroy cuando escribió el guión de “Nightcrawler”. La respuesta puede ser más bien obvia; todos, sobre todo en el tiempo que nos ocupa vivir actualmente, estamos dispuestos, de una u otra manera, a hacer casi cualquier cosa por conseguir un trabajo.

Que este trabajo sea digno o no es otro cantar. Cuando la situación es límite el Ser Humano es capaz de reinventarse para conseguir sus objetivos, ya sean ambiciosos o se reduzcan, ni más ni menos, al mero hecho de dar de comer a tu familia.

La duda de qué es digno y qué no lo es siempre ha estado ahí, y es la sociedad quien marca los límites de tal descripción. El protagonista de “Nightcrawler” es un estereotipo de lo que podría ser un hombre treintañero en la actualidad: no tiene un trabajo fijo no y tiene la oportunidad de conseguir un empleo que esté a la altura de su formación.

En este caso, Lou Bloom, decide inmiscuirse en una actividad que bordea con la ilegalidad y que, la inmensa mayoría de las personas, no dudarían en rechazar los actos de nuestro protagonista, que no dejan de ser pendencieros y lamentables vicios del periodismo.

Nightcrawler

Desde la distancia, al otro lado de la barrera, todos somos muy razonables y éticos, pero puede que no seamos tan distintos del personaje que encarna Gyllenhaal. Él se inclina por iniciar un progreso partiendo desde cero, convirtiéndose así en un empresario autodidacta.

Sus métodos y su forma de ser son, a todas luces, más que cuestionables, pero será mejor que nos hagamos un examen a nosotros mismos para establecer los puntos comunes que tenemos con Lou Bloom.

Como en casi todas las películas, la caracterización aquí presentada es exagerada. Pero es más que probable que encontremos en nuestro trabajo, en nuestro vecindario, o en nuestra familia, individuos que traicionaron sus principios éticos para realizar la labor por la que se les paga un sueldo.

Otro tema es el de la legalidad y el del sometimiento al que podemos someter a otras personas. Nuestro afán por prosperar puede tener consecuencias nefastas. El ejemplo que vemos en “Nightcrawler” es muy revelador; un joven, aún más desesperado que el protagonista, es arrastrado hasta un mundo del que poco se puede sacar en positivo.

El dinero va y viene, pero las marcas que pueden dejar ciertos episodios nos acompañarán hasta el final de nuestros días. Estamos ante la imposición de varias circunstancias que, al fin y al cabo, nosotros elegimos coger o desechar. Está en nuestro poder el escoger la manera en la que queremos que los demás nos traten.

Nuestra situación económica puede ser insultantemente precaria, pero no debemos convertirnos en marionetas para que otros sigan consumando su estatus de empresarios abusivos. La desesperación del prójimo despierta en las personas sin escrúpulos el más hambriento interés.

Carlos Rodríguez López

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