Un niño que miente es un niño que necesita ser educado, no que merezca menos cariño - La Mente es Maravillosa

Un niño que miente es un niño que necesita ser educado, no que merezca menos cariño

Pedro González Núñez 13 noviembre, 2016 en Psicología 1472 compartidos
niña que piensa en el odio

Tal vez atendiendo a una fantástica frase del Dr. Seuss que dice que “los adultos son simplemente niños obsoletos” nos resulte más fácil entender a un niño que miente. La empatía con el chico es un arma poderosa, porque al fin y al cabo, ¿no somos los adultos un poco mentirosos también?

A todo padre le gustaría saber por qué mienten los niños. A veces podría ser tan sencillo como tratar de pensar como ellos. Pero ¿son nuestros niños conscientes de la gravedad de la mentira? ¿Saben diferenciar el tipo de mentira que dicen? Tratemos de contestar a estas preguntas.

El estudio sobre las mentiras de los niños

No, un niño que miente no es menos amoroso. De hecho, según la psicóloga Victoria Talwar, de la Universidad McGill, en Canadá, ni siquiera consideran la mentira como algo blanco o negro. Para ellos, decir una verdad o una falsedad depende de las consecuencias del mensaje, concretamente del daño que les vaya a hacer.

Niña enfadad con la cabeza hacia abajo

Es decir, que según el estudio de Talwar, dependiendo del castigo o el daño que le vaya a hacer al niño decir la verdad o la mentira, optará por una u otra respuesta. No lo hacen a propósito, simplemente están evitando una situación negativa.

Sin embargo, cuando la mentira es por parte del progenitor hacia el niño, el daño es mucho mayor. En este sentido, cada uno de nuestros hijos considera que les estamos traicionando.

Lo curioso del estudio, llevado a cabo entre 100 niños de 6 a 12 años y sus padres, es que los progenitores suelen explicar al pequeño que la mentira es mala. Sin embargo, como educadores, sí que mienten, aunque sea como un acto piadoso, para hacer la vida de su hijo más fácil. Pero este es un acto que confunde a los chicos, especialmente cuando son más jóvenes.

¿Tiene en cuenta un niño la motivación de la mentira a la hora de juzgarla?

En el experimento llevado a cabo por Talwar se emitieron diversos vídeos a los niños con situaciones en las que alguien salía dañado. En ocasiones era porque una persona mentía y un inocente era castigado; en otras, porque al decir la verdad era el culpable el que recibía castigo.

Una vez que habían visto el vídeo, se preguntaba a los niños qué les parecía la actuación de los diferentes personajes. La intención de la investigadora era conocer el juicio moral que los niños hacían de las situaciones que habían visto, y de paso analizar los estadios de desarrollo de cada niño en este aspecto.

Las respuestas fueron muy variadas y a la vez dieron lugar a distintas interpretaciones. Pese a que no hay edad concreta para distinguir entre verdad y mentira, sí que se observaron matices en función de esta variable:

  • Los niños más pequeños que participaron en el experimento valoraron en general a la mentira como más negativa. Sin embargo, también fueron más condescendientes con dichas mentiras si estas evitaban un daño o disminuían el mismo.
  • Para los niños de edades comprendidas entre 10 y 12 años, la diferencia entre verdad y mentira era más difusa. Eran conscientes de las consecuencias tanto de decir una verdad como de no decirla, por lo que actuaban según sus intereses con total consciencia.

Un niño que miente, ¿tiene motivos?

Cuando un niño miente, sobre todo según su edad, no debemos verlo tanto como una traición o un acto digno de indignación. Según Alicia Banderas, autora del libro “Pequeños Tiranos”, lo hacen principalmente para evitar castigos. Otros motivos podrían ser: la vergüenza de haber hecho algo mal o para disfrutar de una actividad que les encanta pero que saben que tienen prohibida o restringida en ese momento.

Padre hablando con su hijo

Por otro lado, las investigaciones nos dicen que los niños con un desarrollo cognitivo más avanzado comienzan ya a mentir a los dos años. Para el resto, lo normal es comenzar a hacerlo a partir de los 3 o 4 años y lo hacen de la misma manera en la que se zambullen en el resto de terrenos desconocidos para ellos. Esta forma no es otra que la de la experimentación, la del ensayo y el error, la decir una mentira y comprobar hasta dónde llega lo dramático de sus consecuencias. 

No obstante, en ocasiones, y ya con cierta edad generalmente, la mentira puede venir provocada por querer alardear. O incluso por pura protección de la intimidad del pequeño o hasta por puro deseo.

Así pues, debemos tener cuidado como padres a la hora de mentir a los pequeños. Si descubren la mentira probablemente se sentirán traicionados. Además, si hacemos de la mentira algo habitual, especialmente si la utilizamos para manipularles con promesas que después no cumplimos, llegará uno día es que para ellos nuestra palabra no valdrá nada. 

Por eso nos quedamos con la conclusión del estudio de Talwar. Los padres y educadores tienen que hablar más con los niños y explicar las diferencias entre mentiras y verdades. Como siempre suele suceder, el diálogo es la mejor solución.

Pedro González Núñez

Escritor, amante de la vida, de mi chica y de mi gente. La filosofía y la psicología, especialmente infantil, son mi auténtica pasión. Me encanta la libertad que me dan mis ideas.

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