Niños libres, adultos felices

17 Marzo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga María Vélez
Educar a niños es una tarea difícil que siempre plantea cuáles son los mejores métodos. Aun así, parece que el objetivo máximo de cualquier método es fomentar la autonomía y libertad para cuando sean adultos. Hoy en día, hay modelos centrados en ello. En este artículo reflexionamos sobre ello.

La educación infantil ha cambiado radicalmente en los últimos cincuenta años. Anteriormente, se les educaba de forma unilateral, jerárquica y poco democrática. Ahora, se ha pasado de un rol autoritario a un modelo más activo y dinámico que tiene en cuenta el desarrollo y proceso de adaptación de los niños. Así, han surgido nuevas perspectivas, como el método Montessori, que tienen como objetivo educar de forma que los niños decidan y aprendan de las elecciones que han tomado. En definitiva, que sean niños libres en su proceso de aprendizaje.

Educar desde la libertad es una forma de educar para la libertad y, por tanto, para que se conviertan en adultos felices, autónomos y conscientes del camino que toman en sus vidas.

niño

Método Montessori: objetivos

Aunque la autora desarrolló su propio método a finales del siglo XIX, no se trata de un método obsoleto. A día de hoy se utiliza en los colegios más innovadores, y es fuente de inspiración para padres y madres de todo el mundo.

La metodología Montessori tiene como objetivo conseguir que nuestros hijos crezcan libres y felices, pues los niños son considerados como la esperanza de la humanidad.

Pero, ¿cuándo se considera que un niño es libre? ¿Cuándo le permitimos hacer todo lo que desea? ¿Cuándo no le proporcionamos ninguna regla? ¿Respetamos de este modo su forma de ser?

La respuestas son nunca y no, porque es completamente otro tipo de libertad en el que cree Maria Montessori. Según su método, nuestros hijos absorben como esponjas la información, aprendiendo de forma espontánea, de la misma forma que aprenden a gatear. Este método se encuentra basado en el respeto hacia el niño.

“El instinto más grande de los niños es precisamente liberarse del adulto”

-María Montessori-

Además, las características que normalmente asociamos a la infancia (como los caprichos, egoísmo, incapacidad para concentrarse, pereza, etc) aparecen solo cuando el desarrollo natural del niño se obstaculiza. Por contra, cuando el niño es libre y se encuentra en un ambiente adaptado a sus exigencias, no manifiesta estas características.

Crear seres independientes y autónomos

“Nadie puede ser libre, a menos que sea independiente”

(María Montessori)

La madre que da de comer a su hijo, sin hacer el esfuerzo por enseñarle a coger la cuchara, no lo está educando. Enseñar a comer, a lavarse, a vestirse, es un trabajo mucho más difícil que darle de comer, lavarle o vestirle.

Someter a un niño al esfuerzo de realizar estas tareas de forma independiente, le ayudará a ser un adulto mejor y más seguro de sus capacidades, y en general, de sí mismo.

La edad no es una excusa ni un problema, nadie es demasiado pequeño para aprender a hacer cosas de manera autónoma. No justifiquemos a nuestros hijos, culpando a su edad, si no es capaz de poner la mesa o de ponerse los zapatos solo.

Además, recibir un refuerzo cuando lo haga correctamente, será suficiente motivación para que se esfuerce en hacerlo mejor la próxima vez.

Los niños son receptivos y curiosos por naturaleza. Si les enseñamos a hacer las cosas con la máxima precisión posible, lo harán siempre.

Seamos sus ángeles de la guarda

Cualquier ayuda innecesaria es un obstáculo para el desarrollo

(María Montessori)

Es una buena técnica reducir al mínimo las intervenciones del adulto, vigilando sin que su libertad se comprometa. Observar mucho y hablar poco. Esto es válido tanto para maestros como para los padres. Así se podrá fomentar niños libres para que sean adultos felices.

Felicidad

A los niños, hay que corregirles si se equivocan, pero no cuando hacen las cosas a su manera y no a la nuestra. Ellos necesitan ser libres de equivocarse, para entender el error y no cometerlo en el futuro.

«El niño es como un viajero en busca de cosas nuevas e intenta entender el idioma desconocido de quienes lo rodean. Nosotros, los adultos somos cicerones de estos viajeros que hacen su entrada en la vida humana... “

Cada niño es un mundo en sí mismo y los mayores tienen el deber de proporcionar un entorno correcto para él. Un entorno donde ayudarles en su crecimiento. Un entorno donde pueden expresarse mejor y aprender por sí mismos a ser autónomos. Potenciando sus talentos, animándoles siempre a hacerlo mejor.

Hay que estar atentos a sus necesidades, satisfacer su curiosidad, responder a sus preguntas, enseñarles a preguntar… Fomentar el desarrollo de niños libres y ¡embarcarse con ellos en un gran viaje juntos hacia la felicidad!