Niños libres, adultos felices

Marta García Gonzalez · 30 julio, 2015

“Aprenderás a querer a tus hijos cuando los quieras por lo que son,

y no por lo que te gustaría que fueran”

La primera vez que escuché esta frase era yo la hija y mi madre quien la pronunciaba. No era fácil para ella permitir que yo me embarcara en una aventura con muchas probabilidades de fracaso. Pero su respuesta fue esta, desarmándome y liberándome al mismo tiempo. Permitiéndome ser quien yo quería ser, y queriéndome a pesar de todo.

Fue, es y será una lección que nunca olvidaré, un ejemplo a seguir con mis hijos y que confirman y refuerzan expertos en la materia como María Montessori, para la cual la esencia de la educación consiste en ayudar al niño en su desarrollo y proceso de adaptación a las circunstancias que se le presenten.

niño

Aunque la autora desarrolló su propio método a finales del siglo XIX,  no se trata de un método obsoleto. A día de hoy se utiliza en los colegios más innovadores, y es fuente de inspiración para padres y madres de todo el mundo.

La metodología Montessori tiene como objetivo conseguir que nuestros hijos crezcan libres y felices, pues los niños son considerados como la esperanza de la humanidad.

Pero, ¿cuándo se considera que un niño es libre?, ¿cuándo le permitimos hacer todo lo que desea?, ¿cuándo no le proporcionamos ninguna regla?, ¿respetamos de este modo su forma de ser?

¡No!, es completamente otro tipo de libertad en el que cree Maria Montessori. Según su método, nuestros hijos absorben como esponjas la información, aprendiendo de forma espontánea, de la misma forma que aprenden a gatear. Este método se encuentra basado en el respeto hacia el niño.

“El instinto más grande de los niños

es precisamente liberarse del adulto”

(María Montessori)

Además, según Montessori, las características que normalmente asociamos a la infancia, (como los caprichos, egoísmo, incapacidad para concentrarse, pereza, etc) aparecen solo cuando el desarrollo natural del niño se obstaculiza. Cuando el niño es libre y se encuentra en un ambiente adaptado a sus exigencias, no manifiestan estas características.

Crear seres independientes y autónomos

“Nadie puede ser libre

a menos que sea independiente”

(María Montessori)

La madre que da de comer a su hijo, sin hacer el esfuerzo por enseñarle a coger la cuchara, no lo está educando. Enseñar a comer, a lavarse, a vestirse, es un trabajo mucho más difícil que darle de comer, lavarle o vestirle.

Someter a tu hijo al esfuerzo de realizar estas tareas de forma independiente, le ayudará a ser un adulto mejor y más seguro de sus capacidades, y en general, de sí mismo.

La edad no es una excusa ni un problema, nadie es demasiado pequeño para aprender a hacer cosas de manera autónoma. No justifiquemos a nuestros hijos, culpando a su edad, si no es capaz de poner la mesa o de ponerse los zapatos solo.

Además, recibir un aplauso por parte nuestra cuando lo haga correctamente, será suficiente motivación para que se esfuerce en hacerlo mejor la próxima vez.

Los niños son receptivos y curiosos por naturaleza. Si les enseñamos a hacer las cosas con la máxima precisión posible, lo harán siempre.

Seamos sus ángeles de la guarda

“Cualquier ayuda innecesaria

es un obstáculo para el desarrollo”

(María Montessori)

Es una buena técnica reducir al mínimo nuestras intervenciones, vigilando sin que su libertad se comprometa. Observar mucho y hablar poco. Ésto es válido tanto para maestros como para nosotros, sus padres.

Felicidad

A los niños, hay que corregirles si se equivocan, pero no cuando hacen las cosas a su manera y no a la nuestra. Ellos necesitan ser libres de equivocarse, para entender el error y no cometerlo en el futuro.

«El niño es como un viajero en busca de cosas nuevas e intenta entender el idioma desconocido de quienes lo rodean. Nosotros, los adultos somos cicerones de estos viajeros que hacen su entrada en la vida humana… “

Cada niño es un mundo en sí mismo y nosotros, sus padres, tenemos el deber de proporcionar un entorno correcto para él. Un entorno donde ayudarles en su crecimiento. Un entorno donde pueden expresarse mejor y aprender por sí mismos a ser autónomos. Potenciando sus talentos, animándoles siempre a hacerlo mejor.

Estemos atentos a sus necesidades, satisfagamos su curiosidad, respondamos a sus preguntas, enseñémosles a preguntar … ¡embarquémonos con ellos en un gran viaje juntos hacia la felicidad!