Niños malcriados, ¿se puede corregir su conducta?

Raquel Lemos Rodríguez·
08 Julio, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González al
08 Julio, 2020
Los niños malcriados no saben gestionar sus emociones, tienen baja tolerancia a la frustración, a veces son maleducados... Ahora, ¿es posible corregir su conducta? Descúbrelo aquí.
 

No me obedece“, “soy incapaz de enseñarle nuevas conductas“, “tiene rabietas constantes“, “ya no sé qué hacer… Estas suelen ser las frases que más repiten los progenitores que tienen niños malcriados. Por mucho que se esfuerzan en poner en práctica todo lo que saben, desde hacer cosas con ellos hasta convertirse en un ejemplo, nada parece funcionar.

En estos casos, en los que la educación solo parece hundirse con el paso del tiempo sin que nuestros esfuerzos por corregir este destino tengan resultados, ponerse en manos de un profesional es la salida más inteligente. Siempre, con las herramientas adecuadas, existe la posibilidad de cambio.

La ausencia de límites y normas es una causa frecuente en los niños malcriados. No obstante, también pueden aparecer factores que propicien este comportamiento.

Niño llorando
 

Poner límites y reglas consistentes

Para corregir la conducta de los niños malcriados, los límites -coherentes, consistentes en su aplicación y sensibles al contexto- son necesarios. ¿Esto qué quiere decir? Que los límites son útiles cuando constituyen una referencia para el menor y que redoblan su valor cuando este comprende que existen para evitar que se adentre en terrenos en los que el riesgo o la amenazas crecen de manera exponencial.

La Asociación Española de Pediatría (AEPED) hace referencia a esto relacionándolo con el confinamiento. Lo que dice es “en situaciones difíciles, es habitual permitir a los niños saltarse los límites o intentar compensar el malestar con concesiones o bienes materiales”. Una actitud que puede ser muy peligrosa cuando las variaciones en los propios límites terminan difuminándolos.

“Un niño malcriado y sin límites se acaba convirtiendo en un tirano con sus propios padres”.

-Anónimo-

Mejor el refuerzo que el castigo

Muchos niños malcriados -y no malcriados- desconocen que en su comportamiento hay una parte muy positiva. Es así porque solo reciben atención cuando se portan mal; cuando lo hacen bien, en cambio, reciben el peor castigo: la indiferencia de sus personas de referencia. Así, con frecuencia se comportan mal para recibir esa atención que tanto desean, aunque no sea de la forma que les gustaría.

 

Por otro lado, cuando los niños reciben un refuerzo positivo por un buen comportamiento incompatible con una mala conducta -por ejemplo, reconocemos lo bien que ha gestionado el enfado con su hermano (un proceder incompatible con insultarle o agredirle)- están siendo instruidos de dos manera valiosas. Por un lado, aprenden qué no se debe hacer; por otro lado, aprenden qué se debe hacer. Finalmente, haber obtenido un refuerzo por una iniciativa personal va a ser un refuerzo para su confianza y autoconcepto.

A la hora de empezar con los refuerzos, no importa que los buenos comportamientos sean acciones muy pequeñas. Lo importante es que esta forma de educación empiece a imponerse al castigo. El primer logro es que la dinámica cambie. Ordenar la habitación, darle un abrazo a un hermano pequeño, ponerse a hacer los deberes sin que nadie se lo diga, apagar la televisión cuando tocaba… Es conveniente valorar todas estas iniciativas.

Por otro lado, esta manera de educar es mucho más positiva también para los padres. La posibilidad de premiar a un hijo produce mucha más satisfacción que imponer castigos y ser testigos de su sufrimiento. Es decir, se puede educar con inteligencia eliminando para todos la variable sufrimiento de la ecuación.

 
Madre hablando con su hija

La disciplina es compatible con el amor

Los niños malcriados pueden hacer que muchos padres pierdan la paciencia. Sin embargo, aquí es cuando el autocontrol adulto debe imponerse. A veces, esto puede ser difícil. Sobre todo, si los padres están cansados, acaban de llegar de trabajar o no han tenido un buen día. Por eso queremos darte algunas estrategias que puedes aplicar de manera sistemática:

  • Los niños necesitan el cariño incondicional de los padres (con el amor no se negocia): para eso la AEPED recomienda la educación basada en el refuerzo de la que ya hemos hablado.
  • Animarles a que se expresen: a los niños malcriados se les suelen dedicar frases como “cállate ya”, “ya basta” o “no me gusta cómo te estás comportando”. Pero, si en lugar de eso les animamos a que se expresen y les mostramos cuál es la mejor manera que pueden emplear para que los demás les escuchen, les estaremos educando. Indirectamente, les estaremos diciendo que hay formas mejores que la violencia o los gritos.
 
  • Si están muy enfadados, es mejor no interactuar: este es un consejo aplicable para los propios adultos. Interactuar cuando las emociones están a flor de piel no es bueno. Por eso, los padres les pueden explicar a los niños que cuando se calmen, entonces, podrán hablar. De hecho, deben hacerlo y animarlos a que expresen sus emociones y sentimientos.
  • ¡No al chantaje emocional!: el chantaje emocional no es amor y menos disciplina. Ofrecerles un caramelo a los niños para que modifiquen su conducta será una dinámica que causará muchos problemas. Además, se les estará enseñando a relacionarse de esta manera, lo que no es sano.

Los niños malcriados no son felices.

Si los padres se valen de estas estrategias, quizás descubran por qué que los niños son malcriados. Pensemos que un comportamiento deja de reproducirse cuando desaparece la motivación que lo anima o cuando hay otros comportamientos que compiten y por los que el interés es mayor.

La tecnología avanza, el conocimiento avanza y la educación, con sus recursos también. En este sentido, educar a esas personitas que crecen no ha dejado de ser un desafío, pero no es menos cierto que contamos con el conocimiento para que los resultados de este proceso no terminen generando aquello que popularmente se conoce como niños malcriados.

 

Así, hoy sabemos que el amor incondicional es compatible con la disciplina. Que el cariño y la escucha activa no están reñidos con la imposición y el respeto hacia las normas. Que la educación no es una cuestión de blancos o negros, sino de una escala de grises que nos plantea el desafío de movernos, en ella, con inteligencia.

 
  • Céspedes, A. (2007). Niños con pataleta, adolescentes desafiantes. Como manejar los trastornos de conducta en los hijos. Ed Vergara, Chile.
  • Larocca, F. E. Abecedario ‘N’es por Niños malcriados: la disciplina y sus efectos….