El chantaje emocional en niños: una estrategia tan triste como dañina

Anet Diner Gutverg · 15 enero, 2018

El chantaje emocional desgraciadamente suele formar parte de la educación de muchos niños. A través de la culpa, el miedo, la intimidación, la amenaza y muchas veces también con paciencia y cariño muchos padres consiguen que sus hijos hagan lo que quieren. Por otro lado, muchos padres desconocen las consecuencias que puede tener en su educación y en su relación con ellos la manera en la que deciden influir en su comportamiento.

El chantaje emocional en niños es una forma de manipulación muy tentadora para condicionar su comportamiento. El chantaje es una conducta aprendida, o sea que los más pequeños también pueden aprender a valerse de ella. Por otro lado, es una forma de influencia que rara vez se elige de manera consciente, pero que de alguna manera resulta reforzada por lo efectiva que resulta las primeras veces que se utiliza.

En la red hay miles de artículos que hablan del chantaje emocional en niños, de hijos a padres, de berrinches, rabietas y amenazas por parte de los hijos para conseguir lo que quieren de sus padres. La realidad es que este es un comportamiento aprendido, que empieza en casa, cuando los padres dicen frases como: “Si no sacas buenas notas, ya no te vamos a querer”, “Si eres malo, no te van a traer regalos los Reyes”, “Si no recoges tu cuarto, no te compraremos más juguetes”, etc.

“Sólo existen dos maneras seguras de conseguir que la gente haga lo que uno quiere. O te pones un guante de hierro y la obligas, o le dices que Dios desea que lo haga”.

-Raymond Khoury-

¿Por qué recurrimos al chantaje?

Muchas veces recurrimos al chantaje porque este puede devolvernos un control que no sabemos recuperar de otra manera o conseguir que los pequeños obedezcan sin protestar. Pensemos que el control no es sinónimo de educación. Decirle a nuestros hijos qué hacer, cómo hacerlo y amenazarlos si no lo hacen inmediatamente reduce al mínimo su capacidad de decisión, cociendo de esta manera un inmejorable caldo de cultivo para que en el futuro sean dependientes o muy rebeldes.

Madre muy enfadada con su hijo

Emplear el chantaje emocional en niños puede ser el peor de los remedios para nuestra inseguridad como padres, una de las peores formas de “protegernos” ante las preguntas de los más pequeños. También puede indicar que contamos con poca paciencia para respetar sus tiempos y/o poca tolerancia para aceptar que puedan hacer las cosas a su manera y que esta sea diferente a la nuestra.

Aplicar el chantaje emocional en niños quizás puede ayudarnos a que nos cansemos menos, a tomar las decisiones por ellos que más cómodas nos resultan o conseguir que hagan todo aquello que queremos. Pero, ¿y a largo plazo? Como ya hemos apuntado antes, esta estrategia puede llegar a ser realmente peligrosa.

“Si se introduce en el proceso de comunicación la mentira o la mala fe, habrá manipulación, que puede ser recíproca”.

-Albert Jaquard-

¿Qué causas tiene el chantaje emocional en niños?

El chantaje emocional en niños es una forma de manipulación que les deja sin posibilidades de elección. Nos obedecerán, probablemente. Pero probablemente esta estrategia no tarde en dejar de ser efectiva y probablemente también la utilicen contra nosotros pronto si nosotros somos quienes que se la enseñamos. Por otro lado, como de todo chantaje, es una estrategia de la que es muy complicado que termine naciendo algún tipo de sentimiento positivo.

Es más, puede que de sufrirla nazca un resentimiento que no sepan explicar, pero que con el tiempo se agrande. Ellos, mucho antes de lo que pensamos, suelen ser capaces de identificar cuándo les están intentando manipular. Y a nadie le gusta que le manipulen, ¿verdad? Así, pueden llegar a sentir la presencia de las personas que los chantajean como una amenaza, como personas que con las que no quieren estar porque no les hacen sentir bien.

En este sentido, muchas personas utilizan el chantaje emocional con los más pequeños para conseguir muestras de cariño. Un cariño, que de existir, se verá mermado precisamente por esta estrategia. Además, como hemos dicho antes, aprenderán pronto a utilizarla a su favor, entendiendo que es una estrategia válida porque la utilizan con ellos personas que les quieren, de esta manera será muy difícil que sean capaces de establecer relaciones que no sean superficiales o instrumentales.

“El amor llega cuando la manipulación se detiene; cuando usted piensa más sobre la otra persona que sobre sus reacciones a usted. Cuando usted se atreve a revelar a sí mismo plenamente. Cuando te atreves a ser vulnerable”.

-Joyce Brothers-

¿Por qué no sirven los chantajes?

La mayoría de las veces los chantajes no sirven porque son amenazas que no se cumplen ni a corto ni a largo plazo (“Ningún padre deja de querer a su hijo porque no recoja la habitación”). Los psicólogos hemos comprobado (y tratado de transmitírselo a los padres, con más o menos éxito) que este tipo de amenazas tienen un recorrido muy corto y un desenlace muy triste.

Con este tipo de chantajes difícilmente el niño aprenderá que es mejor que su cuarto esté ordenado porque será más fácil de limpiar y porque podrá encontrar mejor lo que busque en él. Difícilmente aprenderá que lavarse los dientes, pese a lo poco que apetece algunas noches, es lo mejor para sus dientes. Así, lo más probable es que, o bien cuando el chantaje desaparezca o deje de surtir efecto, la conducta que queremos implantar también desaparezca.

Los chantajes no educan a nuestros hijos para que sepan resolver problemas o para que hagan las cosas porque es lo mejor para ellos o porque es lo que ellos quieren. Cambian las conductas en ese momento y de forma aparente, sin un verdadero cambio ni una motivación interna ni duradera. También, cuando chantajeamos sin cumplir con la amenaza explícita, en caso de que el pequeño no obedezca, perdemos credibilidad.

“La educación consiste en ayudar a un niño a llevar a la realidad sus aptitudes” .

-Erich Fromm-

Padres echando culpas a su hija

¿Qué alternativas hay al chantaje emocional?

Si queremos que hagan algo, especialmente cuando son muy pequeños, es mejor ayudarles o acompañarles, en lugar de, por ejemplo, dar órdenes desde el sofá. Si son más mayores, la mejor herramienta a nuestro alcance para que hagan lo que queremos es que tengan la posibilidad de imitarnos. Nuestros hijos no son máquinas y solo las máquinas responden y hacen las cosas a la primera; así, es probable que necesiten que repitamos las cosas más de una vez para que las hagan y que esta tardanza no sea el producto de la desidia o elegida de manera consciente para hacernos enfadar. Ellos tienen otro ritmo… y en la mayoría de los casos están aprendiendo.

También es importante negociar, ofrecerles opciones y escuchar lo que tienen que decir. Cuando queramos que hagan algo, primero debemos preguntarnos si ese algo responde a sus necesidades o a las nuestras y si es necesidad nuestra ofrecerle alternativas, tiempos y sobre todo explicaciones de por qué queremos que actúe o no actúe de una determinada manera. Cuando sea algo relacionado con ellos, su bienestar y su futuro, lo que más efectivo es explicarles los beneficios de que lo haga.

Cuando dejamos a un lado el chantaje en la educación de nuestros hijos, es más fácil que terminen eligiendo comportamientos que les favorecen a ellos y a su entorno por voluntad propia. Si les permitimos ser inteligentes, tendrán la oportunidad de serlo. Quizá tengamos que trabajar un poco más, negociar y estar más presentes en su educación, pero ellos crecerán siendo más autónomos, con mejor autoestima y aprenderán el valor del esfuerzo y el trabajo. Merece la pena, ¿verdad?

“No les evitéis a vuestros hijos las dificultades de la vida, enseñadles más bien a superarlas”.

-Louis Pasteur-