No permitas que tus heridas te conviertan en alguien que no eres

No permitas que tus heridas te conviertan en alguien que no eres

Raquel Aldana 12 agosto, 2015 en Emociones 13266 compartidos

Aunque solemos revisar nuestro pasado y aplicar sus enseñanzas, con frecuencia perdemos nuestra identidad emocional como consecuencia de esas heridas que permanecen abiertas.

Esto ocasiona que la herida se enquiste y se infecte cada vez más, mermando nuestra capacidad de ser nosotros mismos y de validar nuestras emociones.

Es probable que estemos muy acostumbrados a vivir con un dolor latente al que no queremos atender y que, incluso, nuestro cerebro haya desconectado su capacidad de sentir para evitar sufrir. Sin embargo, en el fondo sabemos que esto es aquello que nos está impidiendo caminar y que no nos deja disfrutar de lo que tenemos ni amarrar con fuerza el presente.

La verdad es que aunque dicen que el pasado es un viejo amigo que debemos saludar de lejos y con la cabeza, debemos atenderlo y sanarlo para evitar “acomodarnos” a vivir en él.

“Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo.

Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.

No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros.

¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!”

-Paulo Coelho-

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Limpiar nuestro pasado y desinfectar nuestras heridas

“Lo que una vez disfrutamos, nunca lo perdemos. Todo lo que amamos profundamente se convierte en parte de nosotros mismos.”

-Bernardo Stamateas-

La pregunta del millón es: ¿con qué se infectan las heridas de nuestra alma? Con el sacrificio, con la rabia, con el miedo al abandono, con el despecho, con la invalidez, con la soledad, con la traición, con la falta de apoyo, con la incomprensión, con la tristeza, con los engaños, con los anhelos y con las culpas.

De hecho, es frecuente que nos encontremos en una misma herida a gran parte de esta lista. Pero, ¿qué es lo que podemos hacer para sanarnos de manera definitiva?

  • Indaga en tu interior y localiza tus heridas. ¿Dónde duele? ¿Te incomoda hablar de algo o de alguien? ¿Te hace sentir triste o airado? ¿Desde cuándo? ¿Por qué crees que puede ser?
  • Habla sobre todo esto. Puede que no resulte fácil, pues nuestras heridas además de doler, nos limitan. Que no te importe el tiempo que llevas callándotelo, vacíate con alguien de confianza. Sacar fuera lo que llevamos dentro es un magnífico bálsamo reparador.
  • Drena tus heridas y deja que escuezan, significa curación. Las heridas de nuestro pasado emocional supuran sentimientos, emociones y pensamientos que nos dañan. Por eso, tenemos que dejar de perpetuar su estancia en nuestro interior, pues viven a nuestra costa e inflaman las zonas dañadas hasta límites insospechados.
  Drena tus heridas llorando, expulsa tu dolor. Haz lo que quieras, pero condena tu sufrimiento y ciérrale la puerta para que no vuelva a entrar. Entonces sentirás que comienzas a recuperar tu identidad.
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Lagrimas

¡¡Suelta!!

Si no te trae alegría a tu vida… SUELTA

Si no te ilumina ni te construye… SUELTA

Si permanece, pero no crece… SUELTA

Si te procura seguridad y así te evita el esfuerzo de desarrollarte… SUELTA

Si no brinda reconocimiento a tus talentos… SUELTA

Si no acaricia tu ser… SUELTA

Si no impulsa tu despegue… SUELTA

Si dice, pero no hace… SUELTA

Si no hay un lugar en su vida para ti… SUELTA

Si intenta cambiarte… SUELTA

Si se impone el `yo´… SUELTA

Si son más los desencuentros que los encuentros… SUELTA

Si simplemente no suma a tu vida… SUELTA

SUÉLTATE… La caída será mucho menos dolorosa que el dolor de mantenerte aferrado a lo que FUE PERO YA NO ES
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Raquel Aldana

La psicología no es solo mi profesión, es mi vida y mi pasión. Creo que comprender nuestras emociones nos ayuda a girar con el mundo y estoy convencida de que los pequeños detalles son los que marcan la diferencia.

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