No pierdas tu valor con una persona que no sabe lo que tiene

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 28 enero, 2016
Raquel Aldana · 28 enero, 2016

Es habitual que sintamos que perdemos nuestro valor ante personas que queremos pero que, sin embargo, no están descuidando. Acabamos creyéndonos que aquellas razones por las que no nos quieren siempre son por defectos personales o, como se suele decir, “por nuestra manera de ser” o “porque no encajamos”.

O sea, acabamos por no otorgarnos valor en nuestro afán de tener preguntas y respuestas para casi todo. Esta “pérdida de valor” como consecuencia de la costumbre o de la rutina es una sensación muy habitual en las relaciones de pareja. Se pierde la magia, el toque, las muestras de afecto y así se destruye el amor.

Ahora, que sea habitual no quiere decir que no “nos hunda en la miseria emocional”, que no nos afecte y no acabe con relaciones que lo prometían todo y se quedaron en nada. De todas maneras, sabiendo que esto sucede, es muy importante que seamos conscientes de nuestros recursos para evitar el dolor.

mujer con paraguas rojo

“Es absolutamente necesario suicidarse cada cierto tiempo. Huir de uno mismo, perderse, sentir el cuerpo vacío, agotado, dolorido. Mudar la piel, beber, tocar fondo y luego no recordar nada. Estar ausente de todo, para después aferrarse a la vida. Reencontrarse. Y vestir de colores pastel, andar a paso ligero y sonreír a los vecinos cuando te saludan en la escalera”

-Autor desconocido-

La dolorosa pérdida de valor ante los ojos de aquellos a los que queremos

La culpable de perder valor hacia aquellos que queremos es, sin duda, la costumbre. Solemos acostumbrarnos a lo que tenemos y no apreciar lo que supone en nuestra vida nuestra pareja, nuestro amigo o nuestro familiar.

Como consecuencia  descuidamos e ignoramos el cuidado, el cariño y la conquista diaria. Dejamos de lado las sonrisas, los buenos días, las caricias entrelazadas con buenas palabras, la capacidad de sorprender… Todo.

Con el tiempo nos volvemos rutina, obligación e indiferencia y nos convertimos en piedras frías, insensibles, inmóviles e inertes.

Puede que seamos amables con otras personas, que nos centremos en nuestro trabajo, en nuevas aficiones, en el deporte, en otras amistades o relaciones, etc. Pero frecuentemente olvidamos ser como debemos ser para ESA PERSONA. Entonces el amor muere presa del ataque de la indiferencia y de esa mala costumbre que mantenemos de no apreciar lo que tenemos.

dientes de león

La rutina es irremediable, pero eso no nos debe hacer perder valor

Se suele decir aquello de “no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes”. Nada más lejos de la realidad. Sí que sabemos lo que tenemos, lo que ocurre es que no creemos que pueda llegar el día en el que lo perdamos todo.

Pensamos que esas PERSONAS siempre estarán ahí, que hemos aguantado lo suficiente como para ganarnos el tiempo que nos queda junto con nuestra pareja, que son malas etapas y feas costumbres y que, si algo va mal, con el paso de los años del calendario mejorará.

La cuestión es que ese día en el que se hace el milagro nunca parece llegar, que todo sigue envolviéndonos en tormentas de desánimo, de negrura y de desinterés.

Chica mirando el mar

Ahora, es probable que llegue el momento en el que uno de los dos miembros de la relación acabe pensando (o mejor dicho, sintiendo) que lo que no se soluciona pasando de página se arreglará cambiando de libro. Esto es perfectamente normal y comprensible, pues no podemos estar toda la vida sometidos a una relación afectiva que está devorándonos por dentro, acabando con nuestras expectativas y trampeando nuestras necesidades.

No estamos hechos para conformarnos. Por eso, habitualmente, si permanecemos mucho tiempo sumidos en una relación apagada que ha sucumbido a la indiferencia y a la anhedonia, haremos de esta un “entierro en vida” que empeorará nuestro intercambio emocional.

Estar juntos es mucho más que quererse. Por eso, para que un amor del tipo que sea salga adelante, es imprescindible que haya un interés mutuo y que se demuestre como tal. De lo contrario, la relación afectiva se convertirá en un desgaste emocional para el miembro de la pareja que quiere pero no puede.