Nuestra mente modifica los recuerdos

Cristina Pérez · 14 febrero, 2014

Cuando presenciamos un acontecimiento o cuando tratamos de recordar algo del pasado, creemos que estamos narrando las cosas tal y como sucedieron. Sin embargo, lo cierto es que, por lo general, la mente modifica los recuerdos.

Si ponemos a un grupo de personas a observar un suceso ninguna explicará las cosas exactas. La mente no funciona como un grabador de vídeo en el que queda plasmada la realidad, sino que es mucho más compleja y entran en juego nuestra capacidad de interpretar, creencias, miedos, valores, estado de ánimo, etc.

“Nosotros recordamos, naturalmente, lo que nos interesa y porque nos interesa.”

-John Dewey-

Vemos los recuerdos según el estado de ánimo presente

Chica mirando sus recuerdos

Si pedimos a una mujer casada que nos cuente cómo fue su boda, mezclará el estado de ánimo del presente para narrar el pasado. Si ahora sigue feliz con su marido contará el momento del enlace como un día de ensueño y maravilloso, cuando quizá ese día no fue tan bueno debido a los nervios, pero la mente lo verá así por el estado de felicidad en el que se encuentra en el presente.

En cambio, si la mujer casada en el momento presente pasa por un mal momento o incluso está separada lo verá de una manera negativa. Recordará el día de su boda de una manera menos feliz, minimizará los momentos buenos y tratará de buscar lo menos positivo del día del enlace.

También si a una persona que ahora está satisfecha con su trabajo, le preguntamos cómo fue su pasado laboral, probablemente le quitará hierro a lo negativo, lo verá desde una perspectiva positiva y sacará los momentos buenos del pasado laboral. En cambio, si ahora la persona pasa por un mal momento y lleva tiempo en paro, podría resumir su pasado laboral como nefasto y sufridor.

La mente modifica los recuerdos en base al presente, trata de hacer que todo encaje y quede acorde con el momento actual. La parte de la mente encargada de editar esa información entrante se llama hipocampo.

Cuanta menos implicación emocional, más realista

¿Cuántas veces hemos querido saber la opinión de alguien ajeno a nuestra familia para ver cuál era su percepción de las cosas? A menudo muchas personas que pasan por problemas familiares son conscientes de que cuando entran en juego sentimientos y apegos, no vemos las cosas como realmente son. En cambio, alguien que ve las cosas desde fuera, podría ser más realista.

También la mayoría hemos tenido alguna amistad o conocido que no veía la realidad de las cosas y por mucho que le hemos aconsejado, hemos visto que debido al estado de “ceguera” que produce el enamoramiento, no nos hacía caso o incluso se enfadaba por nuestra forma realista de ver las cosas. La interpretación de los sucesos y los recuerdos se puede ver muy modificada si hay sentimientos vinculados.

La mente puede confundir escenas inventadas con la realidad

El tipo de personalidad influye de una manera determinante a la hora de construir recuerdos. Se puede llegar a confundir lo real de lo inventado. Sería el caso de personas altamente soñadoras que,  ante un suceso agradable, pueden llegar a exagerar lo que pasó e inventar pequeños matices que hagan aún más bonito el recuerdo.

La persona no es consciente de que está mintiendo, sino que de forma natural tiende a “adornar” los sucesos de manera que en la mente quedan grabados con las imágenes nuevas implantadas.

También podría suceder al revés, ante un suceso negativo, una personalidad altamente temerosa y pesimista, exagerar en negativo lo sucedido y grabar en el recuerdo sucesos que nunca sucedieron.

En personalidades de un alto instinto de protección, podría suceder que ante un suceso traumatizante quisieran borrar partes que de ser recordadas les dañarían en exceso, por ello como una manera de protección, la mente edita el suceso y trata de hacerlo menos traumatizante.

Hombre sobre un sofá en el mar rodeado de recuerdos

El poder de las preguntas sugestivas

No solo nuestra mente puede manipular los recuerdos, además, si nos someten a preguntas sugestivas corremos el riesgo de que la narración de un suceso sea distorsionado. Por ello en procesos penales están prohibidas las preguntas que manipulen al interrogado.

No es lo mismo preguntarle a alguien, “cuéntame qué sucedió exactamente” que dar por supuesto un suceso. Ejemplo de pregunta sugestiva: “cuando te colaste en el concierto, ¿sabías que a esa hora no había vigilancia?”, este tipo de pregunta ya está narrando cómo sucedieron los hechos.

Podría ser que no hubiera sucedido así, que la persona en vez de colarse intencionadamente tuviera otra explicación, pero al formularle la pregunta de esa manera ya elaborada, podría pasar por alto el detalle y contestar lo que sucedió acto seguido, dejando al afirmación que hay en la pregunta como válida.

Las preguntas que manipulan son las que dan una información esperando a ser validada, como: “¿verdad que usted estaba muy asustado”? , esta pregunta presiona para que todo sea tan simple como decir que sí. La pregunta que no intentaría manipular  y dejaría total libertad de expresión sería: “¿cómo se sentía usted?”, es una pregunta que no da información y deja que el otro se exprese sin presiones.

Cuántas personas se quejan de que los psicólogos no las ayudan a aclararse, que les hacen preguntas difíciles de responder. La explicación estaría en que no quieren manipular las respuestas, muchas personas preferirían que les facilitaran las respuestas, pero dar ideas lo que puede ocasionar es que el cliente no responda con la verdad que lleva dentro, sino que dejaría que se editaran sus respuestas.