Nuestras actitudes pueden cambiar por arte de imaginación

8 octubre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Andrés Navarro Romance
Las actitudes son sensibles al paso del tiempo y de las experiencias. Hoy queremos hablar de cómo cambian y de cómo podemos utilizar este conocimiento a nuestro favor.

Nuestras actitudes, al igual que otros aspectos, parecen mutar con el tiempo; lo que pensamos o sentimos acerca de algo, a día de hoy, puede ser diferente de lo que sentíamos o pensábamos hace una década -de hecho, es probable que sea así-. La opinión más extendida es la de que aquello que vivimos -nuestras experiencias- es lo que modifica nuestras actitudes. Siguiendo esta lógica, podríamos decir que las actitudes pueden cambiar con el tiempo.

Sin embargo, a tenor de los resultados de un reciente estudio publicado en la revista Nature Communications, los datos recogidos parecen contradecir la creencia popular: investigaciones neurocientíficas recientes parecen mostrar que nuestras actitudes de la vida real pueden ser modificadas por aquello que el cerebro imagina.

En estas investigaciones, el uso de la Resonancia Magnética Funcional para visualizar el funcionamiento cerebral ha sido un factor clave.

Esto podría traer consecuencias muy positivas en el ámbito de la terapia psicológica: si, por ejemplo, se tiene aversión a pasar por una calle concreta, porque algo emocionalmente negativo ocurrió ahí, imaginarse en esa calle, pero junto a alguien conocido que inspire confianza, podría, a la larga, modificar la actitud hacia ese lugar.

Los investigadores hipotetizan que este sorprendente poder de la imaginación tiene su asiento neuroanatómico en el córtex prefrontal ventromedial, situado en la parte anterior y central de la corteza cerebral del lóbulo frontal.

Hombre con el lóbulo frontal iluminado

¿Nuestras actitudes pueden cambiar realmente por imaginación?

Como se ha comentado, los hallazgos de neuroimagen más recientes nos aportan datos para responder de manera afirmativa. Sin embargo, vivenciar situaciones y experimentar estados emocionales vinculados sigue siendo, en comparación con la imaginación, el principal agente causal del cambio de actitud.

Aunque, realmente, quizá no haga falta apelar a la ciencia para responder a esa cuestión: si hacemos el experimento de imaginar un lugar real cualquiera hacia el que tenemos una actitud de indiferencia, y nos imaginamos después en él viviendo una experiencia cargada de emoción, la siguiente vez que pasemos por ese lugar probablemente descubramos una actitud diferente.

Lo que se ha logrado es comprender mejor la capacidad humana para experimentar eventos hipotéticos mediante la imaginación y cómo se puede aprender de ellos, de manera similar a situaciones reales. 

¿Cómo ocurre este proceso?

En el estudio mencionado, se les solicitó a los participantes que nombraran a personas por las que se sentían atraídas y también personas que no eran de su agrado; también se les pidió un listado de lugares que consideraban que tenían para ellos un valor neutro.

Posteriormente, y ya dentro de la máquina de resonancia magnética, se les pidió que visualizasen, de la manera más intensa y vívida posible, una escena con una de las personas a las que encontraban atractivas en uno de esos sitios neutros.

Tras la prueba, se pudo comprobar que las actitudes generales de los participantes hacia los lugares -que inicialmente se estimaban como emocionalmente neutros- habían mutado en positivo. Se dedujo entonces que este cambio había ocurrido gracias al paso de la cualidad emocional de la persona imaginada en el lugar.

Observando los resultados con detenimiento, se pudo delimitar el modo en que este fenómeno opera a un nivel cerebral; en concreto, el córtex prefrontal ventromedial parecía ser el área cerebral más intensamente implicada en esta operación de cambio actitudinal. Esta región cerebral sería, de acuerdo a los autores, el lugar físico donde informaciones emocionalmente relevantes de personas y lugares son almacenadas.

Además, al hilo de estos hallazgos, se propone que en esta zona del córtex también se encuentra la evaluación personal, en el terreno afectivo, que la persona hace sobre estas personas y sobre los lugares que ha conocido.

Para la formación de una actitud general hacia un elemento concreto, se teoriza también que esta región cerebral asocia representaciones neurales de nuestro entorno con otras informaciones relacionadas con el mismo, las cuales provienen de otras regiones cerebrales.

Al activarse en simultáneo la representación de dos elementos –uno neutro y otro positivo, por ejemplo- en el córtex, se produce una especie de transferencia de valores de modo que lo neutro asume parte de lo positivo.

Chica pensativa

Aplicación de los hallazgos

El descubrimiento de este mecanismo podría, en relación a la salud mental y el bienestar general de las personas, colaborar en una toma de decisiones respecto al futuro algo más orientada y exenta de riesgos. Esto es porque muchas de las decisiones que tomamos pueden deberse a actitudes cuyo valor emocional estaría sesgado, al emerger de vivencias negativas que a día de hoy ya no tendrían efecto.

Asimismo, al demostrarse que la imaginación positiva puede conducir a una evaluación menos negativa de nuestro ambiente, las consecuencias de los pensamientos negativos podrían predecirse y abordarse con mayor precisión. Probablemente, esos mecanismos de pensamiento rumiativo y de ideas negativas sobre uno mismo, sobre la vida y sobre el futuro -que algunas personas con depresión suelen presentar- podrían ser tratados con recursos de intervención que tuviesen en cuenta el fenómeno de imaginación descrito.

Benoit, R. G., Paulus, P. C. y Schacter, D. L. (2019). Forming attitudes via neural activity supporting affective episodic simulations. Nature Communications. DOI: 10.1038/s41467-019-09961-w