El estrés crónico y la depresión, ¿cómo se relacionan?

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
· 16 mayo, 2019
Una situación de estrés largamente mantenida en el tiempo puede derivar en una depresión. A pesar de que hay personas más resistentes que otras, estamos ante una realidad que se da cada vez con mayor frecuencia entre la población.

El estrés crónico y la depresión están relacionados. El vínculo entre ambos está en una hormona, en un pequeño péptido que origina toda una serie de cambios cerebrales cuando pasamos por una época determinada con la sombra del estrés como copiloto de viaje. Factores como la preocupación constante y la falta de descanso físico y mental, nos abocan hacia este tipo de estados que tanto desgastan.

Esta evidencia nos demuestra un hecho muy llamativo. Nuestro cerebro tiene una plasticidad increíble; aquello que nos rodea, la forma en que lo interpretamos, lo que sentimos y lo que nos obsesiona hasta el punto de quitarnos el sueño, genera a su vez toda una cascada de alteraciones neuroquímicas. Poco a poco, dejamos de liberar dopamina y surge el desánimo, el bloqueo, la falta de vitalidad y, finalmente, la depresión.

El estrés que no controlamos puede derivar en un trastorno depresivo. No hay duda, nos lo dicen estudios recientes de los que ahora hablaremos. Sin embargo ¿estamos ante una relación directa? Es decir ¿toda persona que esté ahora mismo atravesando un periodo de estrés mantenido en el tiempo tendrá problemas psicológicos en unos meses? La respuesta es no, no todos.

Es aquí donde se abre otro aspecto destacable. Hay personas más resistentes que otras. Nuestra genética, sumada a otras variables, sitúa una especie de filtro de protección para que ese desgaste psicológico no empeore. A pesar de ello, cabe señalar que, tal y como nos indica la Organización Mundial de la Salud (OMS), casi un 10% de la población deriva en un trastorno depresivo al pasar antes por una situación de estrés. Veamos más datos a continuación.

«Tus emociones no deben ser paralizadoras. No deberían defenderse. No deberían impedirte ser todo lo que puedes ser».

-Wayne W. Dyer-

Cerebro con conexiones representando la relación entre el estrés crónico y la depresión

El estrés crónico y la depresión, una relación orquestada por un cerebro ‘indefenso’

Michio Kaku, el conocido físico estadounidense y divulgador sobre ciencia tecnológica, señala que tenemos sobre nuestros hombros el artefacto más complejo de universo. Nuestro cerebro. Esas cien mil millones de neuronas conectadas entre sí crean una anatomía propia en base a lo que hacemos cada día. De ese modo, toda práctica, todo pensamiento, enfoque personal y competencia, moldea dicho órgano sensacional de manera única y exclusiva.

Sin embargo, no todo lo que experimentamos o hacemos va a nuestro favor. Un ejemplo, somos esa sociedad que ha normalizado por completo el estrés, y lo hacemos sin ser conscientes de cómo esta dimensión llega a alterar dicha arquitectura cerebral. Así, estudios tan esclarecedores como el llevado a cabo en la Universidad de Beinjin, China, nos demuestran que el estrés crónico es uno de los mayores enemigos del cerebro.

Estructuras como el hipocampo o la corteza prefrontal, pierden volumen. De ahí la dificultad para tomar decisiones, concentrarnos o recordar determinados datos cotidianos. Aún más, también se ha descubierto una relación claramente significativa entre el estrés crónico y la depresión.

El centro del ‘yo’ del cerebro, un área hiperactiva

Este dato es interesante para comprender ese lazo entre el estrés crónico y la depresión. Hay un grupo de neuronas situadas en corteza prefrontal medial que son determinantes para identificar la presencia de cualquier trastorno depresivo. Cabe señalar que a esta área se la conoce como ‘el centro del yo’ porque es aquí donde, por decirlo de algún modo, acude la mente para pensar sobre uno mismo.

En este rincón cerebral se inscriben nuestros planes, preocupaciones, la impronta de aquello que ya hemos hecho, lo que deberíamos hacer y todo lo relativo a nuestra figura del ‘yo’. Bien, cuando atravesamos una época marcada por el estrés, esta área está muy activa. ¿La razón? Porque no dejamos de rumiar, de preocuparnos, de alimentar el nerviosismo.

En caso de no manejar de forma adecuada ese estrés, es probable que, al cabo de tres o seis meses, surjan ya las ideas catastrofistas, y las primeras pinceladas de la depresión. Así, algo que ha podido verse mediante resonancias magnéticas, es que los pacientes con un trastorno depresivo evidencian una hiperactividad en esa área de la corteza prefrontal medial.

El yo se encuentra atrapado en un laberinto de sufrimiento y preocupación constante.

Exceso de trabajo

El estrés crónico y la depresión: la clave está en la dopamina

El mecanismo molecular por el cual el estrés crónico y la depresión tienen un vínculo tan significativo reside en un péptido muy concreto: la hormona corticotropina (CRH). Para entenderlo mejor basta con comprender esta secuencia:

  • En estados de estrés el cerebro libera esta hormona, la cual, favorece la producción de dopamina.
  • La dopamina llega al núcleo accumbens, una región que media en la conducta motivacional y en esa energía que nos permite alcanzar metas en el día a día.
  • Ahora bien, en caso de que ese estrés se mantenga en el tiempo de manera excesiva, la cosa cambia. Tanto es así, que la dopamina deja de liberarse. De este modo, cuando nuestro cerebro empieza a sufrir un déficit de este neurotransmisor tan importante, nuestro enfoque mental pierde la motivación, surge el desánimo, el mal humor, la negatividad y la apatía.

Ahora bien, tal y como hemos señalado al inicio, no todas las personas que padecen estrés crónico derivan en una depresión. Determinados factores genéticos e incluso una actitud más resiliente, les permite no caer en ese agujero negro. Aun así, no debemos olvidar que el estrés genera cambios orgánicos que pueden dañar nuestra salud.

El estrés puntual, controlado y limitado en el tiempo es siempre un gran aliado. Intentemos por tanto que no se quede demasiado tiempo en nosotros, intentemos canalizarlo y usarlo a nuestro favor para que no nos lleve, en ningún momento, hasta destinos habitados por el sufrimiento.

  • Pittenger, C., y Duman, RS (2008, enero). Estrés, depresión y neuroplasticidad: una convergencia de mecanismos. Neuropsicofarmacología . https://doi.org/10.1038/sj.npp.1301574