¿Qué ocurre en las neuronas cuando dormimos?

Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Andrés Navarro Romance
· 1 mayo, 2019
Dormir es esencial para la supervivencia de nuestro organismo, en general, y para el funcionamiento de nuestro cerebro, en particular. Entonces, ¿qué ocurre en las neuronas cuando dormimos? Descubrámoslo.

Cuando dormimos mal, solemos sentirnos cansados, agotados y más lentos a nivel mental… Descansar de forma inadecuada puede tener graves consecuencias para nuestra salud tanto físicas como psicológicas. De ahí que dormir bien sea fundamental, además de esencial para todo animal que posea un sistema nervioso; aunque la función celular nuclear que permite el sueño sigue siendo elusiva. ¿Qué ocurre en nuestras neuronas cuando dormimos?

La ciencia ha demostrado, una y otra vez, que dormir es una función vital. De hecho, la ausencia prolongada de sueño profundo y reparador puede llegar a resultar letal.

Por otro lado, un estudio publicado en la revista Nature Communications Sleep afirma que el sueño incrementa la capacidad de los cromosomas para reducir el daño genético que ocurre en las neuronas. Además, entre otras cosas, ofrece algunas posibles explicaciones sobre la finalidad del sueño:

  • Facilitar la biosíntesis de macromoléculas.
  • Ayudar en la conservación de energía.
  • Colaborar en la limpieza de metabolitos.
  • Permitir procesos de plasticidad neuronal.
  • Dar pie a la consolidación de recuerdos en la memoria a largo plazo.

Mujer dormida

Sueño y cerebro: ¿qué les pasa a las neuronas cuando dormimos?

Según el estudio, el daño que a lo largo del día se produce sobre el ADN de las células cerebrales, encuentra el momento óptimo de reparación durante el periodo de sueño. De esta forma, cuando dormimos, se reduce la cantidad de daño genético en nuestras neuronas y, por tanto, se disminuye la posibilidad de un mal funcionamiento celular.

Asimismo, es importante tener presente que el daño genético acumulado a lo largo de periodos extensos de tiempo puede dar lugar a la aparición de enfermedades neurodegenerativas y otros trastornos neurológicos. Por ello, es tan importante cuidar la calidad de nuestro sueño con el objetivo de que sea profundo y reparador.

A un nivel molecular, y según se ha podido comprobar a través de técnicas de neuroimagen, los cromosomas de las células nerviosas muestran una habilidad de compactación y descompactación del ADN sustancialmente mayor en un estado de reposo que durante la vigilia, momento en el que se hallan en plena actividad.

Sin embargo, esta peculiar dinámica de reparación de material genético dependiente del momento del día y, en particular, de los ritmos circadianos, se ha observado esencialmente en neuronas. Otros tipos celulares, pertenecientes a otros componentes anatómicos, parecen no mostrar diferencias tan acusadas en lo que a efectividad de reparación respecta.

De lo anterior podría concluirse que el sueño, en tanto que estado fisiológico que propicia la reparación del daño celular, es más efectivo en lo que a neuronas respecta que en lo relativo al resto de sistemas del cuerpo.

Así, desde una perspectiva evolucionista, podemos afirmar que el ser humano necesitó una estrategia para mantener saludable a sus neuronas y fue el sueño, con sus peculiares características y mecanismos, el proceso que se erigió más óptimo para ese fin.

“Si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertar”.

-Antonio Machado-

Neuronas

Por otro lado, a partir de los hallazgos del estudio se ha constatado también que este mecanismo de reparación de daño puede actuar en sentidos opuestos; de hecho, el propio fenómeno de acumulación de errores en las secuencias de genes del ADN podría, por sí mismo, promover el comienzo de los mecanismos de reparación genética mediante la inducción del sueño en la persona.

Algunos de los factores que pueden acarrear daño a las cadenas de nucleótidos que componen el ADN de las neuronas, además de la propia actividad cerebral, son el estrés oxidativo, las radiaciones y el consumo de sustancias.

Así, la realidad clínica de que la deprivación de sueño severa puede conducir al fallecimiento –algo conocido durante siglos en el campo médico-, podría fundamentarse a la luz de estos hallazgos en los defectos de reparación génica que la carencia de sueño implicaría.

Como vemos, no queda duda, pues, de que los ciclos de sueño y vigilia deberían respetarse todo lo posible para el mantenimiento de una buena salud cerebral y cognitiva. Porque Dormir bien es vivir bien.