Nuestros cuestionamientos mundanos

Sebastián Castaño · 13 diciembre, 2013

La vida es un proceso constante, es un estado y un tiempo en el cual iniciamos una serie de cambios físicos, mentales y espirituales. En ella se abarcan una serie de conceptos del ser humano y su entorno relacionados, directa o indirectamente, con la existencia.

La idea de vida – “existencia”, inseparable de la muerte o inexistencia y su trascendencia, han sido y son diferentes en los distintos lugares y épocas de la historia de la humanidad. De esta manera, su estudio se ha fundamentado en el análisis de la existencia humana, la libertad, la voluntad, el destino, las emociones, pero sobre en la vida y su significado, la libertad frente a la opresión y el destino.

La vida y su significado

El concepto que manejamos actualmente de vida es difuso para nuestra perspectiva de la realidad, de hecho deberíamos de poseer un criterio más claro, simple y concreto pero no es así, a lo largo de nuestra existencia acarreamos a cuestas con preguntas que día a día turban nuestra tranquilidad: – ¿Qué es la vida? ¿Existe vida después de la muerte? ¿Qué sucede cuando morimos? Dudas constantes, insaciables cuestiones de una supervivencia endeble.

La gran mayoría de la sociedad busca una respuesta al significado de la vida en dogmas, creencias o teologías que únicamente tienen como objetivo desviar del verdadero camino, creando falsas doctrinas; una “solución” inválida, pálida para los ojos de la realidad.

La vida no es palpable, no se puede hacer una definición universal sobre ella que abarque la expectativa y necesidad de cada uno. No la podemos tomar como absoluta sino relativa, es un universo diferente para cada cual; cada vida es diferente y su realidad puede diferenciarse con creces.  

Este mundo sigue una confusa línea delgada que acepta muy pocos cambios, el tiempo escapa y las cosas siguen siendo lo mismo: las mismas calles, el mismo río, el mismo fluir de incorrecciones, el mismo sueño repetitivo. Si buscamos el significado de vida tardaremos mucho tiempo, no es una labor fácil y quizá sólo encontremos tan anhelada respuesta cuando nuestra perspectiva llegue a un apogeo mortífero, pues vivimos en un sueño: despertar es morir, vivir es soñar.

Libertad frente a la opresión

La libertad es un derecho fundamental e inviolable, todo ser humano tiene, por obligación, el privilegio de ser libre, de obrar según su propia voluntad a lo largo de su vida; por consiguiente se es responsable de los actos cometidos. Asimismo, este es un concepto que está muy ligado a los de justicia e igualdad.

Sin embargo, aunque sea un derecho primordial de la sociedad y de cada uno de los miembros que la compone, es sin lugar a dudas, irónicamente la facultad que más se viola. Nuestros principales opresores son los mismos gobiernos, que por su parte, y aunque traten de ser flexibles y demostrar lo contrario, nos engañan de una manera u otra, nos controlan para poder aplicar sus programas de tiranía constante y así poder hacer con el pueblo lo que deseen.

Lastimosamente aunque en nuestra percepción de lo sucedido encontremos la verdad, callamos lo que pensamos u opinamos simplemente por miedo, ya que sentimos temor der ser víctimas de esta sociedad que busca la salida fácil a todos los conflictos: los homicidios…disparos que callan voces inocentes y con ansias de verdad.

El destino

La idea de destino que concebimos ahora mismo está bastante ligada con nuestras acciones, sin embargo, ¿Son estas acciones realmente las que queremos tomar, o simplemente somos marionetas que no labran su propio destino?

En nuestros días estamos siendo víctimas de nuestros propios inventos, la sociedad se está apegando a un falso futuro que gritan a voces, sin saber que en estos momentos hay finos hilos controlando todo lo que somos, decimos y quizá hasta actuamos.

De esta manera, partiendo del hecho de una posible concepción de un destino individual frente a un destino colectivo, las personas se están apegando cínicamente a una idea egoísta, en la que sólo importa el yo, sin preocuparse por lo que pueda llegar a suceder en el mundo que hay ahí fuera, tras la ventana… Entonces ¿Se pierde la fe en un destino colectivo? Posiblemente, aunque aún no sea el acabóse.

Nosotros podemos ser partícipes de un cambio que le de un giro a nuestro mundo, a nuestra sociedad y a toda la humanidad como la conocemos hoy en día. Nosotros podemos cambiar el destino que hasta el momento estamos escribiendo, aún hay tiempo de actuar…aún hay tiempo de cambiar.