La voluntad de poder en Nietzsche

Este artículo fue redactado y avalado por la filósofa Laura Llorente
· 24 mayo, 2019

Nietzsche es uno de los filósofos más importantes del siglo XIX, junto a otras figuras destacadas como Sigmund Freud y Karl Marx. Estos pensadores han sido denominados “filósofos de la sospecha” por su afán de desenmascarar la falsedad escondida bajo los valores ilustrados de racionalidad y verdad. En particular, Nietzche habló de la voluntad de poder.

Según Nietzsche, la cultura occidental está viciada al haber pretendido instaurar la racionalidad en todos los aspectos de la vida. Ya desde los comienzos de la cultura occidental en Grecia, la racionalidad representa un síntoma de decadencia. Es decadente todo aquello que se opone a los valores del existir instintivo y biológico del hombre.

Para entender la filosofía nietzscheana, no hemos de perder de vista su dura crítica a Platón por postular el mundo de las ideas. Su filosofía rechaza estas trampas metafísicas: el mundo racional, el mundo moral y el mundo religioso. El principio fundamental de la teoría Nietzscheana es el concepto de vida. Para comprender lo que este pensador entendía por “vida” no se debe perder de vista la absoluta negación del mundo platónico racional.

Nietzsche y el concepto de vida

Para el filósofo alemán, la vida se sustenta en dos principios básicos: el principio de conservación y el de aumento.

Postula que solo hay vida en tanto que esta se conserva a sí misma. Eso sí, esta capacidad de conservación se debe al constante movimiento, a la necesidad de aumento. Si lo que se conserva no aumenta, muere. La vida se conserva porque aumenta gracias a la consecución de aquello que nos hace tener más vida.

Todo este espacio vital, de cuyos principios nos hemos hecho eco, se entiende como la voluntad de poder.

Niño geopolítico de Dalí
Los dos principios vitales de la filosofía Nietzscheana son el de conservación y aumento. Si no intentamos aumentar lo que tenemos, no podremos conservar lo que tenemos.

La voluntad de poder en Nietzsche

La voluntad de poder es el mismo devenir de la vida. Podría decirse incluso que la vida es voluntad de poder porque es ella quien conquista lo que anhelamos, la que intenta obtener lo que deseamos y la que domina lo que poseemos.

La voluntad de poder es la vida eyectada hacia un horizonte en el que encontramos y obtenemos lo que deseamos. Por tanto, quiere cosas y quiere aumentar lo que posee. Pero es imprescindible decir que la voluntad de poder, antes de desear nada, debe quererse a sí misma; solo de esta manera querrá aumentar lo que posee para conservar lo que ya tiene.

Imaginemos que deseamos comprarnos un coche pero, en el instante en que lo queremos, no poseemos la liquidez suficiente para obtenerlo. La conservación de ese deseo tan solo será posible si trabajamos para intentar aumentar nuestros ahorros con la finalidad de poder pagar el coche deseado. Si no hiciéramos nada para conseguir ese objetivo, ese deseo desaparecería como querencia y como motivación.

La voluntad de poder se quiere a sí misma

Una vez que la voluntad de poder quiere su propia conservación también entiende que todo lo que ha conquistado no podrá mantenerlo si tan solo lo conserva. Para poder conservar, hay que aumentar, hay que seguir conquistando terreno.

La voluntad de poder es intencional y proyectada hacia el mundo de la vida, único lugar donde podrá obtener lo que desea. La naturaleza de esta voluntad es el movimiento, el no pararse nunca, el seguir expandiéndose. Según Nietzsche, si nos conformamos con lo que en este momento tenemos y no intentamos aumentarlo, morimos (en un sentido metafórico en el que la voluntad de poder se petrifica).

“No hay hechos. Solo hay interpretaciones”.

Perfiles de hombres con la mente transparente

¿Dónde reside, entonces, la verdad? Para el filósofo alemán, está claro que se encuentra en la voluntad de poder. Hay una relación muy estrecha entre verdad y poder.

Imaginemos que un determinado medio de comunicación publica una noticia a la mañana. Todos los demás medios de comunicación se hacen eco, y cada uno cuenta la historia desde la perspectiva de su ideología. Es probable que cada persona tome como verdadero el «hecho» que publique aquel medio de comunicación que mejor encaje con sus ideas.

Ahora imaginemos que dadas las diferentes versiones de los medios de comunicación, se arma la controversia y, por la noche, se juntan en un plató personas de los diversos medios de comunicación para discutir sobre lo que es para ellos la verdad de lo que ha sucedido (colisionan las verdades precisamente porque solo hay interpretaciones de los hechos). Es en este momento en el que una mente crítica entenderá que la Verdad es hija del poder.

Siendo esto así, es obvio que la verdad hegemónica siempre vendrá respaldada por el poder, pues es una poderosa expresión de la voluntad que quiere aumentar para conservarse (para entender esto, pensemos en los regímenes totalitarios cuya verdad era la Verdad).

Para Nietzsche, toda voluntad de poder que no pretenda aumentar para conservarse es tan solo una vida imbuida de nada: lo que hoy entendemos por nihilismo (la palabra nihilismo viene del latín nihil, pronombre indefinido indeclinable que significa «nada»).