Por qué Nietzsche lloró abrazando a un caballo…

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 6 junio, 2018
Edith Sánchez · 6 junio, 2018

Federico Nietzsche protagonizó una de las escenas más conmovedoras en la historia de los pensadores occidentales. Corría el año de 1889 y el filósofo vivía en una casa de la calle de Carlo Alberto, en Turín (Italia). Era de mañana y Nietzsche se dirigía hacia el centro de la ciudad, cuando, de repente, se encontró con una escena que cambió su vida para siempre.

Vio a un cochero que golpeaba fuertemente a su caballo porque no quería avanzar. El animal estaba completamente exhausto. No tenía fuerzas. Aún así, su dueño lanzaba el látigo contra él, para que continuara andando, a pesar del cansancio.

Quien con monstruos lucha, que se cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti”.

-Federico Nietzsche-

Nietzsche se aterró con lo que sucedía. Rápidamente se acercó. Después de recriminarle el comportamiento al cochero, se acercó al caballo que se había desplomado y lo abrazó. Luego se echó a llorar. Los testigos dicen que le musitaba algunas palabras al oído, que nadie escuchó. Cuentan que las últimas palabras del filósofo fueron: “Madre, soy tonto”. Luego quedó inconsciente y su mente colapsó.

Una mañana que lo cambió todo

La demencia de Nietzsche es un tema que ha intrigado a médicos e intelectuales del mundo por mucho tiempo. Al respecto se han hecho toda suerte de especulaciones. Existen al menos tres versiones sobre lo que realmente ocurrió aquella mañana en Turín. Lo único cierto es que el filósofo jamás volvió a ser el mismo.

Foto de Nietzsche

Nietzsche dejó de hablar durante 10 años, hasta su muerte. Jamás pudo volver a su vida racional desde el episodio del caballo. La policía fue alertada de lo ocurrido. El filósofo fue arrestado por alterar el orden público. Poco después lo llevaron a un sanatorio mental. Desde allí escribió un par de cartas con frases incoherentes a dos de sus amigos.

Uno de sus antiguos conocidos lo llevó a un sanatorio en Basilea (Suiza), donde permaneció varios años. Uno de los hombres más lúcidos e inteligentes del siglo XIX terminó dependiendo de su madre y de su hermana para casi todo. Jamás, que sepamos, volvió a establecer contacto directo con la realidad.

La demencia de Nietzsche

La sociedad determinó que la actuación de Nietzsche -abrazar al caballo golpeado y llorar con él- era una manifestación de su locura. Sin embargo, desde hacía mucho tiempo tenía conductas que les resultaban llamativas a quienes le rodeaban. El encargado de la casa donde vivía, por ejemplo, había dicho que lo escuchaba hablar solo. Que a veces bailaba y cantaba desnudo en su habitación.

Hacía tiempo que se había vuelto muy descuidado con su aspecto y su higiene personal. Quienes lo conocían notaron que cambió su andar orgulloso por una marcha negligente. Tampoco era el mismo pensador fluido de antes. Hablaba de forma entrecortada y saltaba de un tema a otro.

En el sanatorio mental perdió progresivamente sus capacidades cognitivas, incluido el lenguaje. A veces se mostraba agresivo y llegó a golpear a algunos de sus compañeros. Apenas unos años antes había escrito varias de las obras que lo encubarían como uno de los mejores filósofos de la historia.

El llanto de Nietzsche

Aunque muchos ven el episodio del caballo como una simple manifestación de irracionalidad, producto de la enfermedad mental, también hay quienes le otorgan un significado menos aleatorio, más profundo y consciente. Milán Kundera, en “La insoportable levedad del ser”, retoma la escena de Nietzsche abrazando al caballo golpeado y llorando a su lado.

Nietzsche con caballo

Para Kundera, las palabras que Nietzsche le musitó al oído al animal fueron una petición de perdón. A su juicio, lo hizo en nombre de toda la humanidad por el salvajismo con el que el ser humano trata a otros seres vivos. Por habernos convertido en sus enemigos y haberlos puesto a nuestro servicio.

Nietzsche nunca se caracterizó por ser un “animalista” o por tener una especial sensibilidad con la naturaleza. Pero, indudablemente el episodio del maltrato le produjo un impacto enorme. Ese caballo fue el último ser con el cual estableció un contacto real y efectivo. Más que con el animal mismo, fue con su sufrimiento con lo que encontró una identidad que iba mucho más allá de lo inmediato. Era una identificación con la vida.

Nietzsche no era muy conocido por el gran público entonces, pese a que había sido un profesor de excelente reputación. Sus últimos años fueron básicamente miserables. Su hermana falseó varios de sus escritos para que coincidieran con las ideas del nazismo alemán. Nietzsche no podía hacer nada frente a esto. Estaba sumergido en un sueño profundo del que solo despertó con su muerte en 1900.