En ocasiones, todo lo que necesitamos es una caricia

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 22 febrero, 2018
Valeria Sabater · 16 diciembre, 2015

En ocasiones, todo lo que necesitamos es una caricia. Nada más. No queremos las palabras de siempre, ni esas frases que han sido expresadas tantas veces. Queremos ser reafirmados, acogidos y valorados por el contacto de esa mano pasando suavemente por nuestra piel…

Pocas cosas ofrecen una calma afectiva y mental tan adecuada como el sencillo acto de acariciar. Es más, desde el campo de la psicología humanista y el análisis transaccional, nos dicen que toda persona necesita ser tocada por las personas que ama para sentirse “reconocida”.

Nada es tan complaciente como una caricia inesperada, como el contacto de alguien que a pesar de estar tocado por mil cicatrices, es capaz de ofrecer las caricias más suaves.

PAreja abrazada regalándose una caricia

La privación sensorial es una realidad que no solo experimenta el bebé con su madretambién entre las parejas puede darse en algún momento. Son vínculos donde no existe un adecuado contacto, donde la persona no es reconocida mediante la caricia, el abrazo, las palabras amables…

Ahí donde no existe trasmisión de afecto, o ese amor que va más allá de las palabras. Un niño que sufre la deprivación maternal, sufre un desarrollo mucho más lento y posibles trastornos reactivos y emocionales el día de mañana. Son criaturas que crecen con graves carencias.

También a nivel afectivo y de pareja puede ocurrir que una de las dos personas no disponga de esa sabiduría emocional implícita en las caricias sencillas, en las caricias cómplices que edifican una auténtica relación. En estos casos, el otro miembro de la pareja se sentirá vacío y dudará de los sentimientos y la validez de ese compromiso, de esa relación.

Las caricias, son como el alimento que necesita el alma y nuestro cerebro emocional para sentirse parte del mundo. Parte de aquello que ama.

Las caricias: una necesidad psicológica, biológica y social

Preja abrazada feliz

Una caricia es un arma de poder, un gesto esencial que encierra todo un mundo de emociones, de equilibrio interno y bienestar psicológico. Esta necesidad por ser reconocidos, y por tanto, acariciados, es algo que nos va a caracterizar toda la vida.

Una caricia construye vida, la reafirma, la edifica y teje un manto invisible que nos une a esa persona que se aloja en nuestro corazón. Ninguna tecnología puede sustituir algo así, ninguna máquina tiene el calor de un abrazo, ni la ternura de una caricia.

Suele decirse también que el modo en que una persona ha recibido sus caricias en su infancia determinará la forma en que las espere de los demás. Si no las ha recibido nunca es muy posible que no sepa cómo ofrecerlas, pero su necesidad por recibirlas será sin duda muy intensa a pesar de no reconocerlo.

Es algo complejo, porque las carencias en la infancia determinan muchos de nuestros aspectos en nuestra madurez. Y aunque puedan existir muchas diferencias interindividuales, la necesidad de roce, de cercanía de afecto es algo universal no solo en el ser humano, también en los animales. De hecho podemos verlo en nuestras mascotas.

El poder de las caricias incondicionales

Para que una caricia tenga impacto, relevancia y trascendencia debe ser incondicional. Yo paso mi mano por tu rostro porque es lo que siente mi corazón, porque te reconozco como parte de mi y lo hago sin egoísmos. Sin condiciones.

  • Una caricia es antes que nada un estímulo sensorial. Se crea una sensación, pero para que sea auténtica e incondicional, es roce debe despertar sentimientos y emociones positivas.
  • Si la caricia es sincera e incondicional, establecemos una adecuada reciprocidad. Las dos personas se reconocen como parte del otra y reciben esas caricias como un tipo de lenguaje que las une, que las edifica.

En la caricia que te ofrezco también está una parte de mí

Pareja bajo un paragüas

Las personas no acariciamos solo para ofrecer placer, para calmar, para atender y gratificar. Acariciamos para transmitir una parte de nosotros mismos y construir un vínculo.

Las caricias una vez dadas son lo que son, después la otra persona deberá juzgarla como algo auténtico o algo falso. Porque no olvidemos también que hay caricias que hacen daño, caricias piadosas o irónicas que pueden destruir el vínculo.

Una caricia dice mucho de nosotros,  de ahí que debamos ofrecerla con calma, con ternura, trasmitiendo esos mensajes cómplices que no necesitan de palabras.

Caricias como parte del apego saludable

En nuestro espacio te hablamos muy a menudo del concepto del apego. Y si bien es cierto que a menudo, y desde otras perspectivas se concibe el apego como “dependencia” o aferrarse demasiado a algo o alguien, desde el punto de vista humanista y afectivo, las personas necesitamos de un apego saludable para crear el vínculo.

Una caricia es el gesto mediante el cual, reconocemos, envolvemos e integramos en nuestro ser, a una o más personas. Son parte de nuestro corazón y necesitamos de ese contacto piel con piel para reafirmar emociones.

Una caricia es una palabra grabada en la piel que todos necesitamos recibir, porque no hay mejor pegamento para corazones rotos que un cargamento entero de caricias.

 

Imágenes cortesía de Zac Retz