El fascinante origen de la palabra empatía

10 Diciembre, 2019
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
La palabra empatía tiene su origen en el siglo XIX y concretamente, en los artistas románticos alemanes. Hacía referencia a esa habilidad de las personas de trascender con su yo hacia unos escenarios muy concretos...
 

El origen de la palabra empatía es tan curioso como inspirador a la vez. Si bien es cierto que llevamos casi un siglo usando este término, en realidad sus raíces son mucho más lejanas y diversas. No siempre ha significado lo mismo, pero de algún modo evocaba esa facultad del ser humano para conectar con realidades que iban más allá de la propia piel.

No es de extrañar, por tanto, que antes de que la palabra empatía perteneciera por completo al universo de la psicología, fuera precisamente el corazón de la poesía y del arte quienes conjugaban con esa idea. La capacidad del ser humano para vincularse emocionalmente a lo que le rodea era bien conocida por el campo de la estética.

Muchos pintores, y en especial los pertenecientes a la época del romanticismo, solían establecer una conexión tan singular como profunda con los escenarios naturales. Un atardecer, una montaña bajo el ocaso, un viejo árbol de ramas nudosas en medio del bosque… Todas estas imágenes despertaban en la mirada del artista un sentimiento profundo al que los alemanes no tardaron en darle nombre: Einfühlung.

Este impulso donde lo estético se entremezclaba con lo emocional, ahí donde los elementos naturales despertaban toda una serie de ideas, sensaciones, turbaciones y fascinaciones, perfilaron poco a poco un término que más tarde iría variando con el tiempo. Hasta que, finalmente, un grupo de psicólogos en 1908 acuñaron una nueva definición que la mayoría manejamos en la actualidad. La empatía. 

 

“Mira con los ojos de otro, escucha con los oídos de otro y siente con el corazón de otro”.

-Alfred Adler-

Árbol solitario forma simbolizando el origen de la palabra empatía

El origen de la palabra empatía

Pocas competencias emocionales y cognitivas nos hacen ser más humanos como la empatía. Así, esa excepcional habilidad para detectar y comprender realidades ajenas a las nuestras facilita la convivencia y hace posible un sin fin de procesos sociales. Ahora bien, el origen de la palabra empatía no incluía esa facultad nuestra para avanzar en el conocimiento del estado emocional del otro.

En realidad, se relacionaba con esa curiosidad que tenemos la mayoría por experimentar determinados sentimientos al ver objetos, cosas, efectos atmosféricos, cambios en la naturaleza. Los alemanes usaban el término Einfühlung, traducido como ‘sentimiento’, para describir lo que sentían los artistas al ver un bosque, una montaña, unas ruinas evocadoras al amanecer…

A la mente nos viene sin duda muchas de las obras de Caspar David Friedrich, el paisajista del romanticismo alemán más conocido de su generación.

En trabajos como La abadía en el robledal o Caminante ante un mar de niebla la naturaleza misma adquiere forma al evocarnos toda una serie de estados emocionales y sensaciones: fascinación, miedo, reflexión, introspección… Todo ello era Einfühlung, una idea en la que más tarde pusieron su atención una serie de psicólogos.

 
El caminante de Casper David Friedrich simbolizando el origen de la palabra empatía

El yo fusionándose con un objeto de contemplación

Para comprender el origen de la palabra empatía, pensemos por un momento lo que hacemos al ejercitarla. Cada uno de nosotros realizamos un pequeño viaje. Uno de ida y vuelta donde nos obligamos a salir de nuestra realidad para profundizar en otra y, entonces, iniciar un trayecto de retorno tras llevarnos una información concreta.

Los artistas románticos hacían lo mismo. Para ellos, el Einfühlung también suponía realizar un desplazamiento de dentro a fuera, uno donde el yo terminaba fusionándose con un objeto de contemplación. Así, durante el siglo XIX, muchos pintores decían estar reflejando estados emocionales concretos en su lienzo gracias a aquello que la propia naturaleza les susurraba.

Llegado el siglo XX y concretamente el año 1908, la psicología tradujo el término Einfühlung por Empathy, describiendo esa capacidad de las personas por proyectar sentimientos y emociones en objetos inanimados de la naturaleza. Poco a poco, la palabra empatía fue popularizándose, pero sin llegar, eso sí, a definir aún lo que entendemos ahora sobre esta realidad.

 

Por ejemplo, la escritora Rebecca West describía esa sensación alegre y festiva que experimentaba al ver volar un pájaro como “empatía”. Lo hacía para hablar de esa habilidad suya para fusionarse de manera imaginativa con un animal, con un objeto o un escenario determinado.

Mujer con brazos extendidos al lado de un pájaro simbolizando la intención paradójica

De lo estético a lo psicológico: el origen de la palabra empatía

Desde el siglo XIX hasta 1930, la empatía se entendía solo en un contexto estético. Es decir, definía ese recurso psicológico del ser humano por conectar con lo inanimado y atribuirle una serie de emociones.

Ahora bien, fue a medidos del siglo XX, y concretamente, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los psicólogos empezaron a explorar de manera más exhaustiva otro enfoque.

Se llevaron a cabo un gran número de experimentos para profundizar en otro aspecto. ¿Y si la empatía entre las personas fuera más intensa y significativa? Así fue.

Algo que pudo verse es que el ser humano no solo tiene habilidad para trascender hacia aquellos objetos y escenarios inanimados que le envuelven y le hacen sentir una emoción. Si de algo somos capaces es de conectar entre nosotros y captar lo que siente el otro, profundizar en realidades personales ajenas a la nuestra.

 

Así, y a partir de los años 40 y 50, la palabra empatía dejó de relacionarse con el mundo estético. Poco a poco perdió fuerza para olvidarse por completo esa idea y dejar que la neurociencia y la psicología avanzaran en su explicación. Ahora bien, cabe señalar que son muchas las voces que nos animan a recordar el origen de la palabra empatía.

¿La razón? Los románticos del siglo XIX vieron a la naturaleza como un ser vivo, alguien que evocaba toda una serie de emociones y sensaciones. Ahora, en medio de un contexto casi dramático con el cambio climático, quizá deberíamos empatizar nuevamente con ella, con ese mundo inanimado que, sin voz, también sufre.

 
  • Susan Lanzoni. (2018). Empathy: A History. New Haven: Yale University Press. ch. 3
  • [2] Fritz Heider and Marianne Simmel (1944). “An Experimental Study of Apparent Behavior” American Journal of Psychology, 57(2), 243-259.