Oxitocina: la hormona social

La oxitocina y la naturaleza gregaria del ser humano están en estrecho contacto. Descubre aquí por qué.
Oxitocina: la hormona social
Sergio De Dios González

Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González.

Escrito por Equipo Editorial

Última actualización: 20 abril, 2022

“El hombre es un ser social. Nacemos en estado más inmaduro que cualquier otro animal. Ello exige que el ser humano necesite de los demás en un modo absoluto. Necesita de los adultos, de los padres, que le ayudarán a sobrevivir y a madurar. Y hablamos no sólo de maduración psicológica, sino evidentemente de maduración física.”

Así definía de manera magistral el filósofo Aristóteles, uno de los pilares de la humanidad que la ciencia ha tardado siglos en conocer empíricamente. No obstante, en la actualidad, ya se sabe que los procesos de sociabilidad están definidos desde poco después de nuestro nacimiento.

La oxitocina interviene activamente en el comportamiento maternal, social y sexual. Aunque se la conozca coloquialmente como “hormona del amor”, lo cierto es que su papel en el organismo es polifacético. Vamos a conocerla un poco mejor.

Características y funciones de la oxitocina

Según en qué parte del cuerpo actúe la oxitocina, puede considerarse hormona (cuando viaja hasta órganos diana a través de la sangre) o neurotransmisor, en el caso de que medie en la comunicación entre neuronas. Cuando actúa como hormona tiene 2 órganos diana: las glándulas mamarias y el útero.

Esta molécula se secreta en la neurohipófisis, que la libera al torrente sanguíneo. Cuando actúa en las glándulas mamarias, estimula la eyección de la leche. Por otro lado, la oxitocina es la responsable de las contracciones uterinas que posibilitan el parto.

Como neurotransmisor, esta molécula actúa sobre el sistema nervioso vegetativo, concretamente en los mecanismos de relajación y placidez del parasimpático (SNP). También está implicada en la empatía, pues se segrega durante la interacción con otros seres humanos o simplemente observando su comportamiento.

El papel de la oxitocina en las relaciones interpersonales

Su denominación como “hormona del abrazo” no es casual, pues la oxitocina es fundamental en el desarrollo de vínculos sociales durante la infancia. De hecho, trabaja en las dos direcciones: los progenitores la segregan para estimular el comportamiento de cuidados parentales y los pequeños para fortalecer el vínculo e, incluso, para estimular la hormona del crecimiento.

Entre adultos también es importante esta molécula. La oxitocina se libera en grandes cantidades cuando se está vinculado a un grupo de pertenencia, así como a grupos de apego. Cuando abrazas a tus amigos y sientes que te arropan, es porque esta hormona está actuando en tu organismo.

Estas redes también se extienden al impulso que sienten todos aquellos que buscan en los lazos solidarios su propia felicidad.

Con todo esto se concluye parcialmente que la oxitocina es la hormona humanista por excelencia, en la que intervienen procesos más complejos de intercambio y que conforma en cierto modo el carácter social de cada ser humano.

Oxitocina y sexualidad

La oxitocina y la vasopresina son las principales encargadas de regular la respuesta sexual en el ser humano. Mientras que la primera se libera durante el orgasmo y favorece el establecimiento de vínculos a raíz del acto sexual, la segunda está implicada en la fase de excitación, donde aparece la respuesta eréctil.

Relación con trastornos

La oxitocina, como cualquier otra hormona o neurotransmisor, requiere de unos niveles basales mínimos para garantizar la correcta regulación de procesos fisiológicos y emocionales. Por tanto, su déficit en el organismo está relacionado con ciertos trastornos que puedes conocer a continuación.

TEA (trastorno de espectro autista)

Para una persona con TEA, el resto de seres humanos es ajeno a su propia persona. Por supuesto, existen numerosos grados de autismo, pudiendo encontrarse los casos más acusados con incapacidad para realizar acciones como hablar, o a otros que aparentemente no deberían tener ningún problema, en sus relaciones con el resto, puesto que disponen de las habilidades básicas para el intercambio social.

Ya en 1998 se descubrió que los niños autistas tienen una concentración mucho menor de oxitocina en plasma. Posteriormente, administrar esta molécula por vía nasal se demostró como un tratamiento eficaz para modular el comportamiento social.

Depresión y ansiedad social

La oxitocina inhibe la acción de la amígdala, responsable del miedo. En trastornos depresivos y relacionados con el miedo (como las fobias o la ansiedad social), esta estructura cerebral se activa de manera exacerbada y continuada, dificultando la regulación emocional.

De nuevo, administrar oxitocina es de ayuda para aquellas personas con estos trastornos. Puesto que reduce las emociones de temor, las personas toman comportamientos más arriesgados y sienten mayor confianza en sí mismas.

Problemas en el parto y la lactancia

Puesto que la oxitocina interviene en el proceso de la lactancia y en el propio parto, es común encontrar que se administre en caso de problemas. Se usa, principalmente, para producir contracciones en el útero cuando el parto no avanza y para estimular las ráfagas de producción de leche materna.

Consideraciones finales

Como has podido comprobar, la oxitocina es una de las hormonas más necesaria para la vida social y todos los procesos que ello implica: empatía, creación de vínculos, sexo e incluso relaciones maternofiliales. No obstante, es necesario recalcar que la mayoría de resultados obtenidos a este respecto provienen de estudios de experimentación animal, por lo que aún queda un paso para poder afirmar que funciona de la misma forma en seres humanos. Sea como sea, la ciencia arrojará respuestas.

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