Un pájaro nacido en una jaula cree que volar es una enfermedad

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 1 junio, 2018
Cristina Medina Gomez · 11 abril, 2016

Un pájaro nace para ser libre por lo que, si se ve encerrado dentro de una jaula, sentirá como se limita toda su esencia a una mínima parte: es como si se le cortaran las alas y con ellas una de las cosas que más le caracteriza, la posibilidad de volar. La cita del título pertenece a Alejandro Jodorowsky y va a servirnos para ver como con las personas puede ocurrir algo parecido.

Metafóricamente, vivir dentro de la jaula como un pájaro encerrado no permite tener una perspectiva amplia de lo que se puede llegar a experimentar: hay gente que se conforma con lo que ya tiene, con lo que se cree segura y no permite explorar otros campos llenos de experiencias nuevas. Esto no es negativo si solo le influye a ese pájaro y si es por voluntad propia: el problema llega cuando el pájaro cree que el resto, a veces compañeros, se equivocan al volar

“El ruiseñor se niega a anidar en la jaula, para que la esclavitud no sea el destino de su cría”.

-Khalil Gibran-

Un pájaro que se queda en la jaula aun con la puerta abierta

De la misma manera que un pájaro, los seres humanos hemos nacido para guiar nuestros pasos hacia donde queremos ir, de una forma libre y autónoma. Sin embargo por diferentes motivos, como podrían ser la educación o la influencia social, existen personas que, llegada una determinada edad, se estacionan en su llamada “zona de confort” y no son capaces a salir de ella, aun empujándoles a lograrlo.

Mujer con pájaro rojo en hombro

Esta “zona de confort” tiene que ver con lo que les es familiar y con lo que les hace sentir protegidos, donde la rutina y lo que ya tienen establecido actúa prácticamente en su lugar. De hecho, lo que en algunas ocasiones ocurre es que les cuesta mucho trabajo “escapar” de los patrones de conducta y de los valores adquiridos, haciéndoles sentir incómodos con los que son diferentes a los suyos.

Dado que somos libres, ningún pájaro está forzado a salir de su jaula y echar a volar; pero, tampoco ninguno está obligado a quedarse: la tolerancia de comprender estilos de vida distintos a la de uno mismo es un comportamiento beneficioso para mantener las relaciones personales.

“El hombre es libre, tiene que ser libre. Su primera virtud, su gran hermosura, su gran amor es la libertad”.

-Juan Ramón Jiménez-

Dos ojos vendados ven más que una mente ciega

Uno de los personajes más conocidos a nivel mundial, Nelson Mandela, creía en la libertad de la mente por encima de todo: unos ojos vendados siempre podrán quitarse lo que les impide ver, pero una mente ciega lo tendrá mucho más complicado.

Mujer pájaros en el cabello

Aquellas personas que no somos capaces de vernos dentro de una jaula nos sentimos juzgados en muchas ocasiones por mentes poco flexibles: “estás loco”, “esa no es una forma adecuada de comportarte”, “lo que haces no está bien”, “¿qué dirán los demás de ti?”; son frases normales que escucha aquel que se atreve a volar.

Quien se encuentra dentro de la jaula no termina de comprender que el mundo está lleno de matices y de posibilidades. Quien no se cree pájaro, ancla sus sueños al suelo y a un círculo cerrado. Quien no cuestiona la capacidad de su vuelo, sí cuestiona que los demás vuelen y con ellos sus sueños.

La mente hay que encenderla, no llenarla

Si un pájaro tiene alas para volar, el ser humano tiene una mente que también le permite hacerlo. Sin embargo, la mente necesita que la encendamos constantemente, que le demos semillas que la ayuden a pensar y no que la llenemos de ideas preconcebidas.

Hay personas que actúan como un pájaro que lleva toda su vida en la jaula y teme saltar cuando le abren la puerta: no ve mal que sus compañeros vuelen, es solo que no se atreve a hacerlo él. Esto tiene una razón justificada y en este caso lo único que se necesita es atrevimiento y valor.“Sapere aude” que diría el filósofo Kant: atrévete a saber, conocer, a usar tu razón para lograrlo.

“La libertad asusta cuando se ha perdido la costumbre de utilizarla”.

-Robert Schuman-