¿Qué papel juega la sensibilidad a la ansiedad en el consumo de tabaco?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 18 febrero, 2017
Laura Reguera · 18 febrero, 2017

Todos hemos dicho u oído eso de “estoy de los nervioso, necesito un cigarro”. Así, la creencia de que el tabaco tiene un enorme poder ansiolítico está tan extendida que ha pasado a formar parte del inconsciente colectivo. Mucha gente cree que el tabaco tiene un efecto relajante, parecido al que tiene una infusión de valeriana. De esta manera, muchas personas siguen fumando con el único propósito de mantener a raya la ansiedad.

Pero la realidad es que no. El tabaco es una sustancia excitatoria. Al fumar, nos activamos más. También nos ponemos más nerviosos. La “tranquilidad” que sentimos en un primer momento al dar la calada al cigarro tiene que ver con rebajar la necesidad de consumir la sustancia adictiva, no porque realmente tenga un efecto relajante. De hecho, la sensibilidad que tengamos a la ansiedad influye de forma significativa en el consumo de tabaco.

“La verdadera cara del tabaco es la enfermedad, la muerte y el horror, no el glamour y sofisticación que la industria del tabaco intenta retratar”

-David Byrne-

La ansiedad y las primeras caladas

Para empezar, ¿qué es la sensibilidad a la ansiedad? La sensibilidad a la ansiedad es ese miedo que tienen algunas personas a la ansiedad en sí y a sus síntomas. Estas personas piensan que el estrés tiene consecuencias muy perjudiciales para ellas. Así, cuando detectan indicadores de que están experimentando esta emoción, se produce una ampliflicación de la misma.

El peligro de tener una elevada sensibilidad a la ansiedad a la hora de empezar a fumar, es que estas personas pueden ver como muy beneficiosa esa primera reducción de la ansiedad que se consigue inmediatamente después de la calada. El hecho de que encuentren el consumo de tabaco como una forma efectiva de regular la ansiedad va a hacer que empiecen a fumar habitualmente. Además, será una razón para no dejarlo.

chico fumando con nervios

Es decir, estas personas albergan la creencia de fumar es una manera aceptable y “rentable” de reducir la ansiedad. Dicho de otra forma: van a hacer del consumo de tabaco su estrategia para regular la ansiedad. Por ello, es importante aprender y poner en marcha otro tipo de estrategias de afrontamiento para el estrés, de forma que seamos capaces de manejarlo sin llevar a cabo conductas perjudiciales para nuestra salud, como fumar.

¿Qué papel juega la sensibilidad a la ansiedad en que sigamos fumando?

Al igual que para empezar a fumar, la sensibilidad a la ansiedad también juega un papel en que sigamos haciéndolo. Además, no solo porque estas personas tengan una mayor sensibilidad al efecto ansiolítico del tabaco desde la primera calada. También influyen otros factores.

“Cuida de tu cuerpo. Es el único lugar que tienes para vivir”

-Jim Rohn-

En concreto, las personas con alta sensibilidad a la ansiedad tienen mayor afecto positivo tras fumar. Así mismo, también refieren una mayor satisfacción. Además, la recompensa psicológica para ellos aumenta. De esta manera, no solo baja la ansiedad, sino que aparecen emociones positivas que van a influir en que sigan fumando.

Esto va a hacer que la gente con alta sensibilidad a la ansiedad fume de forma más inflexible ante situaciones estresantes y que les genere emociones negativas. Es decir, de nuevo, utilizan la conducta de fumar para regular el estrés, en lugar de afrontarlo de forma más adaptativa.

A la hora de dejar de fumar, ¿cómo actúa la sensibilidad a la ansiedad?

La sensibilidad a la ansiedad es especialmente importante de cara a dejar de fumar. Interfiere de forma directa en los intentos de abandono de consumo, ya que estas personas indican unos síntomas de abstinencia más intensos en la primera semana. Por lo tanto, tienen menos probabilidades de dejar de consumir tabaco y un riesgo más elevado de recaer.

También refieren más intentos fallidos de dejar de fumar. La consecuencia es que se sienten menos capaces de conseguirlo. Además, creen que al final lo único que conseguirán es aumentar su sensación de malestar. Como ya hemos comentado, estas personas temen sentirse más ansiosas, por lo que dichas expectativas va a suponer un handicap añadido al ya de por sí difícil proceso de dejar el tabaco.

“La conciencia de que la salud es dependiente de los hábitos que controlamos, nos hace la primera generación de la historia que determina en gran medida su propio destino”.

-Jimmy Carter-

Hombre fumando pensando

Por todo ello, es interesante trabajar de forma concreta la sensibilidad a la ansiedad con las personas que quieren dejar de fumar. Para ello, es necesario se expongan de forma gradual a la ansiedad. Es decir, hay que sentirla. De esta forma, podrán ver que son capaces de manejarla y no la temerán tanto, lo que va a reducir los efectos negativos de esta sensibilidad en el abandono del consumo de tabaco.

Imágenes cortesía de Stas Svechnikov, Lucas Filipe y Dmitry Ermakov.