Parásitos: cuando la dignidad es mucho más importante que el dinero

30 noviembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Cristina Roda Rivera
Tras ver esta película, uno no deja de preguntarse: ¿Quiénes son los verdaderos parásitos? ¿Los pobres que se unen a los ricos o los ricos que chupan la médula de los pobres? ¿O es el sistema mismo el parásito?

Bong Joon-ho regresó a Cannes con Parasite. Ni para Pedro Almodóvar, Quentin Tarantino o Xavier Dolan. La palma de oro fue para su Parásitos, a la que se ha rendido la crítica mundial.

Parásitos es un retrato de una familia amoral en una sociedad donde la división entre pobre y rico es cada vez más abismal. Una aguda crítica de la sociedad surcoreana que trasciende muchos de los temas ya desarrollados en sus trabajos anteriores. En Parásitos se da el dominio de la mezcla de géneros y el esplendor de una puesta en escena escandalosamente llamativa, casi totalmente confinada entre las 4 paredes de una suntuosa casa.

Hay un lado inhumano en esta película, casi insoportable si no fuera por el humor negro y el aspecto lúdico de la cinta. Parásitos es una comedia social XXL, con sus chistes sobre las noticias de su vecina Corea del Norte. Una riqueza visual con un sentido peculiar que confirma el poder de un gran cineasta.

Gente con una pizza

Parásitos: de la miseria al glamour solo hace falta un engaño

Parásitos nos cuenta la historia de dos familias que en teoría nunca deberían haberse conocido: una familia pobre (los Kim) y otra rica (los Park). Los cuatro miembros de la familia pobre, dos adultos y dos adolescentes, viven en un departamento en un antiguo entrepiso de un distrito popular de Seúl. Su estado anímico es bueno pese a las condiciones un tanto precarias en las que viven.

Cuando nos encontramos con ellos, están ocupados buscando un lugar en su choza para capturar la señal de WiFi de su vecino, cortada de repente. Se entenderá muy rápidamente que esta familia ha apreciado las virtudes del sistema y sabe aprovechar ciertos trucos.

Decir que la familia Kim está luchando para llegar a fin de mes es un eufemismo. Sobreviven pirateando las redes celulares circundantes, alternando trabajos extraños y de fraude menor. Su suerte cambia cuando un amigo, en vísperas de emigrar a los Estados Unidos, propone a Ki-woo, el hijo mayor, que lo suceda como profesor de inglés para dar clases a una chica en un hogar rico.

El trabajo del que parasitará el resto de la familia

Una vez que el trabajo del hijo está asegurado, el clan Kim implementa una estrategia para que sus diversos miembros se integren en la familia de los Park en el lugar de los predecesores trabajadores domésticos. Estos trabajadores, uno por uno, reciben su aviso de despido antes de haber entendido lo que está sucediendo. Para no despertar sospechas, los Kim esconden su parentesco.

Harán falta las recomendaciones de unos a otros, sin que la familia Park sea consciente de que está contratando a todos los miembros de una familia sin formación y experiencia laboral. Una vez más, la fuerza de las recomendaciones y de mentir en el currículum tiene más peso para conseguir un buen trabajo que la dedicación, la lucha o el esfuerzo. Todo un reflejo del mundo actual en el que vivimos.

Parásitos: el abismo de clases sociales

Un tema recurrente en la filmografía de Bong Joon-ho son las diferencias en la clase social. En Parásitos, el director critica un sistema que empuja a las personas a tomar decisiones radicales. La primera escena de Parásitos parece ser una jaula de pájaros vacía cubierta con calcetines frente a una ventana que está parcialmente debajo del nivel de la calle.

En cambio, en este apartamento, todos los sueños de huida se han extinguido. Los calcetines refuerzan la conexión a la tierra mientras están en la jaula. La baja ventaja que da a la calle indica exclusión. Atascados bajo tierra, los Kim se retuercen sobre las profundidades a las que se han hundido, por su falta de conexión.

Sin embargo, hay personas incluso más bajas que los Kim, personas cuya existencia es completamente subterránea, que huelen peor que ellos, a moho y excremento, a quienes los Kim ahora deben enterrar igual que les enterraron a ellos. Aparecerán otras escaleras subterráneas mucho más terroríficas que las que bajan todos los miembros de la familia Kim una noche de inundaciones. El uso de las escaleras tiene una gran simbología en esta película.

De la broma a la tragedia

La primera mitad de Parásitos se ve fácilmente. Seguimos a todos estos personajes entrañables a pesar de sus defectos y sus elecciones más allá de toda moral. El humor funciona muy bien y las estafas son deliciosas. Pero, poco a poco, el humor se desvanece para dejar espacio para una atmósfera más oscura, a pesar de los ligeros toques de absurdo que nunca dejan la cinta.

La familia pobre comenta de lo increíblemente «maja» que es la señora de la casa de los Park. Caen en la cuenta de que es fácil ser maja y tener buen humor con un colchón económico que te sustenta. Parece que hay un halo de dignidad, alegría, respeto y razón en todo lo que rodea a la familia Park.

Cuanto más avanza la película, más cruda se vuelve, llegando hasta la violencia. Después de que una lluvia haga que las alcantarillas se desborden e inunden simbólicamente el apartamento del sótano de los Kim; la familia se ve obligada a actuar al día siguiente en la elegante fiesta de los Park en honor a los indios nativos americanos celebrando el cumpleaños del hijo de los Park.

La deshumanización del pobre, del sirviente

Escondidos bajo una mesa, los Kim escuchan como el señor Park habla de las buenas cualidades del señor Kim. Lo describen como un buen hombre, alguien que parece que se va a pasar de la ralla, pero que finalmente nunca lo hace.

Describen su olor característico, ese olor «a trapo mojado» de la gente que coge el metro. En esas palabras, se desprende que para esa familia, y seguramente para una parte de la sociedad coreana, los pobres son seres humanos, pero de distinta forma a como lo son los ricos.

La lucha de clases aparece sobre todo como una división de los cuerpos, diferenciada por su entorno, los refugios subterráneos de los pobres y las alturas urbanas y arquitectónicas de las familias con poder

Gente de fiesta de la película parásitos

Para las clases altas, su poder no reside tanto en tener dinero como en diferenciarse claramente de gente a la que consideran, en parte, despreciable y prescindible. Todo esa condescendencia cruel se instala dentro de toda la familia Kim.

El padre, ataviado con plumas de indio, para dar una sorpresa en la fiesta y sin empatía ninguna por parte de esta familia triunfadora, experimenta una sensación de locura relativa a su dignidad. Tras ello, comienza una venganza de clase. Una venganza de todo padre que no tolera la humillación que viven los que son como él.

Tras ver esta película, una no deja de preguntarse: ¿Quiénes son los verdaderos parásitos? ¿Los pobres que se unen a los ricos o los ricos que chupan la médula de los pobres? ¿O es el sistema mismo el parásito, extrayendo su energía de la interacción turbulenta entre ricos y pobres?