Pequeños tiranos

Paula Aroca · 11 octubre, 2013

En la actualidad son muchos los padres que reconocen encontrar dificultades al momento de definir ciertos límites a sus hijos. Ocurre que, afortunadamente, gran parte de los padres de la generación presente ya no se identifica con un modelo autoritario de educación tan vigente tiempo atrás.

El problema es que la mayoría, quizás por temor a convertirse en aquel tipo de padres autoritarios, e incluso violentos, terminan ubicándose en el otro extremo, también perjudicial, de la permisividad o tolerancia extrema.

¿Qué significa ser un padre permisivo?

Ser excesivamente permisivo como padre es educar a los hijos sin ninguna clase de límites ni normas. Esto en realidad refleja una ausencia de respeto para con nosotros mismos y para con los demás, ya que este estilo de crianza implica la total libertad sin orden. Es una forma de valorar los deseos de los hijos, cualquiera sea, por encima de todo y todos, aun cuando ello represente dañar a otras personas.

Por supuesto, el ejercer un control exagerado sobre los hijos nos convierte en padres autoritarios que no dejan ni un mínimo espacio para que tomen algunas decisiones. Es decir, de esa forma se demuestra una falta total de libertad y de respeto hacia ellos. En otras palabras: “Se hace así porque yo lo digo.”

El ideal al que deberíamos aspirar es encontrar un punto medio, sin caer en excesos, en el que sea posible marcar límites claros, pero de forma amable, educando con respeto y dignidad. De esta manera se favorece la cooperación padres – hijos y se estimula a estos últimos a desarrollar habilidades muy valiosas para la vida.

Cuando los roles se pervierten

La naturaleza nos diseñó para que los padres, por mayor experiencia y madurez, seamos quienes orientamos y enseñamos a los hijos cariñosamente. Sin embargo, en la práctica ocurren desviaciones de esta situación ideal y en algunas situaciones los padres se vuelven demasiado “blandos”, y el riesgo que se corre es que los hijos se críen como pequeños tiranos que aprenden a manipular a sus padres para salirse siempre con la suya.

Lamentablemente, esto los convierte en seres dominantes con dificultad para respetar las normas y los límites que permiten la convivencia sana y armoniosa. El caso opuesto de la desviación del ideal es el autoritarismo excesivo por parte de los padres, quienes en este caso son los tiranos, imponiéndose arbitrariamente e ignorando las necesidades de los hijos. El resultado de este otro patrón es, o bien hijos con baja autoestima y depresión, o el síndrome del rebelde sin causa.

¿Cuál es la receta perfecta para formar a un hijo tirano?

Veamos cuáles son las causas, o los “ingredientes”, que crean a un pequeño tirano:

Una idea equivocada del amor: algunos padres creen que querer a los hijos significa complacerlos en todo y nunca disciplinarlos, porque de lo contrario se traumatizarían.

La culpa: Éste es un ingrediente común en aquellos padres que pasan poco tiempo con los hijos, ya sea por razones de trabajo o porque están divorciados, etc. Entonces, tratan de compensar el sentimiento de culpa siendo demasiado permisivos.

La idolatría a los hijos: para ciertos padres los hijos son lo más importante de su vida, por encima de cualquier cosa, y eso no es discutible. El problema es cuando se los ubica en una posición que no considera los derechos de todos los demás niños o adultos, permitiendo incluso el sufrimiento de otros, con tal de satisfacer los deseos de los hijos. En consecuencia, los tratan como a unos verdaderos dioses, cumpliendo todos sus caprichos y, por supuesto, los límites y la disciplina brillan por su ausencia.

La comodidad: A veces es más fácil decirles que sí a los hijos en vez de dialogar e invertir tiempo y energía en practicar una disciplina positiva y hacer respetar las normas, por lo que se va “corriendo la arruga” hasta que ya es demasiado tarde y el daño ya se ha producido.

La inconsistencia: Para que la disciplina sea efectiva, los hijos tienen que tener claro cuáles son las conductas aceptables y cuáles no lo son. Cuando no hay claridad, éstos desarrollan una conducta errática que lograría sacar de sus casillas al más pintado.

Aunque ser padres no es tarea fácil, bien vale la pena ejercer desde temprano una disciplina amorosa, basada en el respeto, la amabilidad y el autocontrol. De esta manera, los hijos desarrollarán su máximo potencial y se convertirán en la mejor versión de ellos mismos, y no en desagradables tiranos, sin consideración por nada ni nadie. 

Imagen cortesía de disciplinapositiva.org