Personas con enfermedades crónicas: ¿cómo están viviendo la pandemia?

16 Mayo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
El confinamiento no le ha resultado extraño a quienes padecen una enfermedad crónica. Son más vulnerables a la enfermedad, es cierto, pero muchos de ellos disponen de una gran resistencia interna, de esa fortaleza psicológica adquirida en tantos días difíciles.

Diabetes, enfermedades raras, cáncer, insuficiencia renal, esclerosis múltiple, enfermedad de Crohn, trastornos respiratorios… Las personas con enfermedades crónicas son el colectivo más sensible durante la actual pandemia. Ahora bien, más allá del riesgo elevado de sufrir el coronavirus de manera más grave está el ámbito psicológico y el modo en que afrontan esta situación.

Quien padezca cualquier condición que le obligue a estar pendiente de su salud y de las visitas frecuentes al hospital sabe que la vida ya no es igual. Tiene otro ritmo, otro color y un día a día en el que el estrés es ese copiloto constante con el que hay que aprender a lidiar. Si ya era difícil antes, ahora con la presencia del coronavirus todo se ha complicado mucho más.

Miedo, cansancio, frustración, angustia… Son muchas las emociones que se combinan en la mente de estos pacientes crónicos acostumbrados a ver en las salas de espera de los hospitales su segunda casa. Los hay muy jóvenes y menos jóvenes, personas muy activas y otras con mayores limitaciones. Todos ellos, y casi sin excepción, procesan ahora mismo sensaciones contrapuestas que les cuesta mucho definir.

A muchos el confinamiento no les ha venido de nuevo. El hecho de ver la vida pasar por una ventana ya era algo conocido. Pero algo de lo que están siendo testigos es que mientras el resto del mundo recobra tímidamente la normalidad con la desescalada, ellos están obligados a seguir en sus refugios por ser esa población de mayor riesgo. Esa con la que el coronavirus suele ser más agresiva.

Mujer mayor representando a las personas con enfermedades crónicas

Personas con enfermedades crónicas, vulnerables pero resistentes

Las personas con enfermedades crónicas tienen un historial detrás que va más allá de sus problemas médicos. Su relato vital sabe también de resistencia, de saber encarar los momentos difíciles, de asumir la propia vulnerabilidad y fragilidad física, revistiéndose de fortalezas y coraje la propia actitud. De ganas de seguir viviendo al fin y al cabo.

De ahí que buena parte de ellos esté afrontando la pandemia con habilidades adquiridas con los años, con esos días de miedos y angustias en los que la salud falla y las semanas pasan en una cama de hospital. Ahora bien, aunque es cierto que la presencia de una pandemia es un factor de dificultad añadido a sus vidas y del cual protegerse, gran parte de estos pacientes han asumido este hecho con mayor normalidad que el resto de la población.

Personas con afecciones preexistentes: la sensación de riesgo no es nueva

Las personas con enfermedades crónicas conviven con la sensación de riesgo permanente. Su estilo de vida suele presentar, por término medio, más de una limitación, más de un riesgo que deben conocer, detectar y evitar en su día a día. De algún modo, la pandemia les ha introducido en un mundo ya conocido pero del que deben protegerse un poco más que el resto.

La etiqueta de “personas vulnerables” es muy diversa

Cuando hablamos de ese colectivo de la población, que corre el riesgo de sufrir mayores complicaciones si contraen el coronavirus, no solo están las personas mayores. Algo que debemos tener en cuenta es que este sector de la población es mucho más amplio y diverso de lo que podamos creer.

  • Las personas con enfermedades raras constituyen por ejemplo una parte de este núcleo.
  • Además de nuestros mayores, de esas personas de más de 60 años o de los ancianos que están en residencias, se halla a su vez todo ese gran grupo de pacientes con afecciones cardiovasculares, problemas de insuficiencia renal, diabetes, artritis, esclerosis múltiple y todas las personas que ahora mismo, lidian contra un cáncer.
  • Por último, y no menos importante, también debemos tener presentes a los pacientes con enfermedades mentales y psiquiátricas. Por término medio, esos hombres y mujeres con esquizofrenia, con trastornos alimentarios, depresión mayor, trastorno límite de la personalidad, etc., suelen presentar a su vez comorbilidad con problemas de salud.

El confinamiento nos ha hecho comprender la realidad de las personas con enfermedades crónicas

La actual pandemia ha actuado como un tremendo igualador social. El confinamiento ha hecho que todos pasemos nuestros días en la intimidad de nuestros hogares para protegernos y frenar la tasa de infección del coronavirus.

Niños, adultos, ancianos, personas sanas, pacientes con dolencias crónicas… Todos estamos transitado con la angustia y todos hemos descubierto que podemos ser vulnerables a la enfermedad.

Sin embargo, en este tiempo hemos comprendido que una parte de nuestra población lo tiene mucho peor que nosotros. Hemos tomado conciencia de las necesidades de los más vulnerables, de que tal vez necesitaban un poco más de nuestra ayuda en su día a día (farmacia, compras…). Ahora, en el momento actual y con el desconfinamiento por delante también debemos tenerlos presentes porque su vida va a seguir siendo muy limitada.

Mientras muchos de nosotros recobramos tímidamente la normalidad acudiendo a centros de trabajo, saliendo a hacer deporte o quedando ya con amigos en terrazas, las personas con enfermedades crónicas son aún población de riesgo. Su movilidad sigue limitada.

Hombre pensando muy serio

El privilegio de la salud, el valor de la fortaleza

En esta nueva era en la que una pandemia va a transformar nuestra realidad, hemos aprendido el gran privilegio que supone estar bien y tener salud. A su vez, también estamos comprendiendo la fortaleza existente en quienes conviven con la enfermedad en su día a día, batallando con las recaídas, los ingresos, los tratamientos y las constantes visitas al hospital.

Los admiramos y los queremos. Los tenemos presentes ahora más que nunca porque comprendemos también lo que supone vivir sin que exista una vacuna para sus dolencias, un remedio definitivo que les permita recuperar la normalidad, esa de la que el resto, disfrutamos a diario sin ser casi conscientes. Reflexionemos en ello.