Personas emocionales y personas racionales ¿existe esta distinción?

19 octubre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
¿Es correcto hablar de personas puramente emocionales y de hombres o mujeres con comportamientos más racionales? Y si esto fuera cierto... ¿en qué categoría te incluirías? La ciencia tiene datos muy interesantes que desgranamos en este artículo.

Hay quien señala que el mundo se distingue entre personas emocionales y personas racionales. Es más, si hay algo que nos gusta es situarnos en una categoría y atribuir nuestro modo de comportarnos, de reaccionar y de vivir a ese gradiente donde, o bien mandan las emociones o lidera la lógica y la razón. Sin embargo… ¿hacemos bien al establecer esta polarización?

La respuesta es «no». Las emociones, aunque nos sorprenda, están detrás de todas y cada una de nuestras acciones y también, tras cualquier proceso mental. Toda decisión, toda actuación en apariencia lógica y racional tiene detrás un componente emocional, y que esto sea así es algo normal y esperable por un hecho muy concreto: nuestro cerebro es un órgano emocional que en un momento dado de nuestra evolución, empezó a razonar de manera más sofisticada.

Es imposible separar razón de emoción porque las estructuras neurales que median en cada uno de nuestros comportamientos y decisiones hacen uso de ambas esferas. Somos lo que pensamos, pero por encima de todo, somos lo que sentimos. Ahora bien, es cierto que hay personas más impulsivas que otras, hombres y mujeres que se dejan guiar más por la intuición que por esa decisión más meditada y consensuada con un largo ejercicio de reflexión.

Sea como sea, debemos tenerlo claro, la emoción no se puede excluir de ningún comportamiento. Por tanto, no hay nadie en este mundo que camine por la vida exento de alegría, miedo, angustia, pasión, asco o vergüenza… Veamos más datos a continuación.

«Sabemos demasiado y nos sentimos muy poco. Al menos, sentimos muy poco de esas emociones que nos ayudan a tener una buena vida».

-Bertrand Russell-

Corazón de luces representando a las personas emocionales y personas racionales

Personas emocionales y personas racionales, una distinción errónea

Hay una primer hecho indiscutible que deberíamos tener presente: hay emoción en la lógica y, a menudo, también hay lógica en la emoción. Ahora bien, una realidad que nos han inducido a creer desde hace tiempo es que la emoción es lo opuesto a la razón, que la emoción es del corazón y el corazón la antítesis del cerebro. Es como si estuviéramos obligados a declararnos de un bando u otro.

Sin embargo, el mundo no se divide en personas emocionales y personas racionales. Los mitos no son solo cosa de los sabios de Babilonia o de la antigua Grecia. En el mundo de la psicología y la neurociencia abundan en exceso estas ideas distorsionadas, esas donde convencernos, por ejemplo, de que para tomar una buena decisión hay que hacerlo con la cabeza fría y excluyendo las emociones.

Sin embargo, cabe señalar que el que estas ideas se hayan mantenido con tanta fuerza en el tiempo se debe en cierto modo a figuras de nuestro pasado como René Descartes. Con su famosa frase «Pienso, luego existo» dimos paso a esa filosofía moderna y a esa edad de la razón, donde el pensamiento ilustrado asociaba las emociones a lo irracional.

Con el tiempo, tampoco importó que Sigmund Freud introdujera el concepto de la mente inconsciente y nos hablara a su vez del poder la emoción en nuestro comportamiento. Hasta no hace mucho, el denominador común de la economía y el mundo del trabajo, por ejemplo, seguía defendiendo la necesidad de mantener una mentalidad racional…

Cuando en realidad, tal y como nos demuestran conceptos como la «teoría de juegos» (ahí donde estudiar cómo varían nuestras decisiones al pensar qué pueden hacer los demás) las emociones son siempre un componente clave y decisivo a la vez.

Hombre pensando en su espacio de trabajo simbolizando las personas emocionales y personas racionales

Las emociones también son lógicas y racionales

Lo señalábamos más arriba: las emociones también son lógicas y racionales. Sentir alegría, entusiasmo, experimentar inquietud e incluso sentir miedo en un momento dado también define un comportamiento racional. Es más, estudios como los llevados cabo en la Universidad de Columbia por el doctor Michel Puan, nos indican que es erróneo categorizar a las personas en emocionales o racionales.

Todo comportamiento aplica ambas dimensiones. Es más, como bien sabemos, no por mucho pensar o reflexionar en un aspecto, hará que este sea más acertado. En ocasiones, pasamos horas y días centrados en ideas que son completamente irracionales y que interfieren en nuestro bienestar.

Nuestra corteza prefrontal se conecta con las estructuras con funciones emocionales

La corteza prefrontal es esa área donde llevamos a cabo funciones ejecutivas más complejas. Entre las más comunes, está la atención, la organización de la información, la toma de decisiones o la regulación del comportamiento para ajustarnos a las normas sociales. Bien algo interesante que debemos tener en cuenta es que esta área, reflejo de de nuestra evolución, está conectada con las áreas que controlan nuestro mundo emocional.

Es decir, las emociones siempre son partícipes en cada proceso. Por ello, es un error categorizarnos como personas emocionales y personas racionales. Todos somos seres emocionales actuando de manera racional. Lo que sucede, y aquí se halla quizá la mayor particularidad, es que cada cual presenta un patrón comportamental determinado. Habrá quien sea más impulsivo, otros más cautos, hay quien se deja llevar más por sus emociones y su adrenalina, mientras otros, ejercen un mayor control sobre su conducta.

Sea como sea, y para concluir, debemos tenerlo claro: las emociones son nuestro motor cotidiano. Saber entenderlas, manejarlas y usarlas a nuestro favor hará que tengamos una mejor calidad de vida.

  • Pham, MT (2007). Emoción y racionalidad: una revisión crítica e interpretación de la evidencia empírica. Review of General Psychology , 11 (2), 155-178. https://doi.org/10.1037/1089-2680.11.2.155