Personas negativas: 5 rasgos característicos

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 13 octubre, 2018
Edith Sánchez · 15 octubre, 2017

Sería injusto afirmar que una persona es negativa en esencia. Todos los seres humanos tenemos valor y no hay alguien a quien podamos catalogar como impedido o deficiente per se. Cuando hablamos de personas negativas, lo que se cuestiona es un enfoque, no a las personas en sí.

También es válido aclarar que en los seres humanos nada se da en estado puro ni de manera continua, sobre todo a nivel emocional. Por lo tanto, ninguna persona es totalmente negativa o positiva. Ambos enfoques cohabitan en cada uno de nosotros. Lo que sí ocurre es que cada quien decide hacer énfasis en una u otra postura.

Somos nuestro propio demonio y hacemos de este mundo nuestro propio infierno”.

-Óscar Wilde-

En este artículo tratamos de exponer las principales características que ubican a alguien en una posición negativa. El principal perjudicado con estas actitudes es la misma persona que las ostenta. Por eso vale la pena evaluar si estamos cayendo en alguna de ellas y reconocer que podríamos ganar mucho si modificásemos este enfoque. Para lograrlo, veamos las 5 actitudes más características de las personas negativas.

1. Ocuparse de lo imposible, una perspectiva muy negativa

Hay muchos imposibles en la vida, pero algunas personas no están dispuestas a aceptar que esto es así. Que la frustración forma parte de la existencia y que no siempre logramos aquello que deseamos.

Quizás hubiéramos querido nacer en una familia millonaria o haber crecido en un ambiente de gran comprensión. Si no fue así, no podemos hacer nada. Y si nos centramos en la nostalgia o frustración por todo lo que no fue, solo conseguiremos llenarnos de amargura y dolor.

Hombre frustrado

Lo mismo ocurre cuando dirigimos nuestra mirada hacia objetivos imposibles. Por ejemplo, nos empeñamos en parecer jóvenes cuando el paso de los años se hace visible en nuestro cuerpo. O en lograr que otra persona llegue a comportarse como creemos que se debe comportar.

Los propósitos imposibles solo traen frustración y por ende, malestar y sufrimiento. Estados que alimentan una actitud negativa. Por esto, la aceptación es algo tan importante a nivel psicológico. Las circunstancias son las que son, algunas las podremos cambiar y otras no. Debemos aceptar lo que tenemos y a partir de ahí trabajar por aquello que queremos, sabiendo que podremos conseguirlo o nos quedaremos por el camino.

2. Desistir cuando hay barreras

Así como no es sensato fijarnos objetivos imposibles, tampoco lo es rendirnos cuando intentamos conseguir algo y nos encontramos con un obstáculo férreo. No olvidemos que todo gran propósito demanda grandes esfuerzos y buena parte de los logros se basan en la perseverancia.

Muchas veces en la vida nos acecha la tentación de rendirnos. Pero esto no es una opción cuando estamos frente a metas que objetivamente pueden lograrse, aunque impliquen la superación de muchas dificultades. La psicóloga Hillary White señala: “Renunciar hará que la persona se sienta derrotada. No importa cómo acabe, enfrentar las dificultades aumenta la confianza”.

3. Tomarse las cosas demasiado en serio 

Cuando no hemos fortalecido suficientemente nuestro amor propio y nuestra madurez, tenemos un ego muy sensible. No toleramos pasar vergüenza y sentimos pánico a hacer el ridículo. Tampoco nos vienen bien las críticas, aunque sean veraces y busquen ayudarnos.

Mujer llorando con las manos en la mano

Tomarse las cosas demasiado en serio solo ayuda a incrementar una actitud negativa frente a los demás y a uno mismo. Se necesita humildad para no tomarse tan en serio esos pequeños desatinos sociales. Hacer el ridículo o equivocarse solo marca a quien le da más importancia de la que merecen esas situaciones.

El hecho de que algo nos parezca que conlleva más o menos gravedad, en una gran mayoría de ocasiones, depende de nuestra forma de ver la vida. Para algunas personas no saber qué ponerse un fin de semana para salir de fiesta es motivo para generar un conflicto interno. Para otras, ese aspecto carece de toda importancia.

4. La queja como forma de vida en las personas negativas

Todos nos quejamos alguna vez. El problema sucede cuando se adopta a la queja como forma de vida. En estos casos, la visión se nubla y todo cuanto se percibe es negativo. No hay más opciones, ni posibilidades. La atención se dirige hacia las desgracias, el sufrimiento y la incapacidad de uno mismo.

Ya no se trata de manifestar un estado de sufrimiento, sino de adoptar una posición existencial negativa frente al mundo. En realidad, es una estrategia para justificar la ausencia de avances muy utilizada por las personas negativas.

El malestar se convierte en una patente de corso para no evolucionar, para evitar comprometerse con objetivos de superación.

Instalarse en la queja supone establecer un patrón mental que siempre seguirá el mismo cauce. Adquiriremos una costumbre de la que nos será difícil salir. Muchos necesitan regocijarse en la queja para sentirse reconfortados por los demás, y puede crear cierta “adicción”. Pero aunque, por mucho que nos cueste, si salimos de la queja y nos convertimos en personas más optimistas, empezaremos a verlo todo de otra forma mucho más alegre.

En un artículo de Piqueras, Ramos y colaboradores (2009), destacan que las emociones negativas que surgen de la queja “interfieren en los hábitos saludables y fomentan el desarrollo de conductas inadecuadas que ponen en peligro nuestra salud“. También señalan la relación entre las emociones negativas y los trastornos mentales y físicos: “no sólo existe una influencia de las emociones negativas en el inicio y el curso de estos trastornos, sino que también se reconoce una alta comorbilidad tanto de los trastornos mentales como de las enfermedades médicas con los trastornos ansiosos y depresivos y con la ira y el asco patológico”.

5. Compararse y ser hostil con los demás

Vivir en función de las comparaciones con los demás es una actitud muy negativa. Implica falta de autonomía y de criterio propio.

A través de la comparación se evalúa y se juzga lo que uno hace  en función de lo que hacen los demás. Una experiencia injusta y frustrante que solo conduce a una postura de confrontación constante.

Mujer triste pensando en las personas negativas

Lo peor es que muchas de esas comparaciones solo buscan despreciar a los demás como un medio para exaltar lo propio. En otras palabras, las desgracias que ocurren a los otros se convierten en una fuente de satisfacción propia, porque coloca a los demás en un estado de carencia o error y a uno mismo en una posición superior y privilegiada.

También existen las comparaciones inversas. Cuando nos creemos “superiores” que otras personas en ciertos aspectos nos sentimos llenos de orgullo. Sin duda, la comparación puede ser una estrategia bastante destructora por eso debemos tener cuidado y estar felices y satisfechos con lo que tenemos.

Como vemos, mantener una posición negativa frente a la realidad solo conduce a un estado de insatisfacción constante que impide avanzar y tener relaciones positivas. Un círculo vicioso que no conduce a ninguna parte.

Si detectas esas actitudes negativas en ti, no dudes en trabajar para cambiarlas. Tener un enfoque negativo no te hace ganar nada, pero sí perderte a ti mismo.