Personas que no dan las gracias: el origen de la ingratitud

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
· 21 febrero, 2019
Hay personas que no dan las gracias, que son incapaces de tener un mínimo gesto de cortesía, amabilidad o incluso respeto hacia quienes se se esfuerzan por ellas. Es más, en ocasiones hasta llegan a respondernos con quejas porque se sienten insatisfechas.

¿Por qué hay personas que no dan las gracias? Si bien es cierto que no siempre necesitamos que los demás se muestren agradecidos con nosotros a cada instante, sí esperamos ciertos gestos de cortesía, o al menos, una actitud amable ante nuestros esfuerzos o concesiones. Sin embargo, hay perfiles que por muy diversas razones son incapaces de llevar a cabo este tipo señales sociales.

Todos conocemos algún caso. Es más, resulta curioso que este tipo de comportamiento, lejos de ser aislado, se vea con cierta frecuencia. La mayoría tenemos algún familiar, compañero de trabajo o de clase, al que hemos ayudado en más de una ocasión y nos ha respondido de manera fría o incluso hostil.

Son situaciones que nos suelen dejar en una posición tan incómoda como dolorosa. Esto es así porque a menudo, sin necesidad de esperar un efusivo “gracias”, nos encontramos con alguien que no se siente satisfecho ante nuestro gesto. Aún más, pueden incluso dar por sentado que has hecho ese esfuerzo o sacrificio porque era lo que se esperaba de ti. Era tu obligación.

Este tipo de dinámicas en nuestras relaciones generan a menudo cierto sentimiento de culpabilidad. Nos preguntamos aquello de ¿pero por qué habré sido tan ingenuo como para haber hecho esto por esta persona? Bien, es necesario que escampemos esta sensación de culpa para entender algo muy sencillo: el problema está en ellos. La ingratitud tiene una serie de orígenes psicológicos muy concretos.

“El agradecimiento es la memoria del corazón”.

-Lao-tsé-

Hombre rodeado de humo

Personas que no dan las gracias, ¿cómo son?

Hay personas que no dan las gracias y otras que las dan a cada momento y casi por cualquier cosa. Son dos posiciones opuestas con las que convivimos y que a menudo no dejan de llamarnos la atención. Ahora bien, tal y como nos señala el psicólogo Pinhas Berger, de la Universidad de Tel Aviv, quienes son incapaces de pronunciar la palabra “gracias” están perdiendo su potencial para crear relaciones satisfactorias e incluso para realizarse a sí mismos como personas.

Quien no agradece (porque no quiere o no sabe) de alguna manera invalida o lastra el valor de los esfuerzos y gestos positivos de los demás. Y algo así crea impacto. Poco a poco acaban recibiendo lo que ellos mismos proyectan: desconfianza y hostilidad. Sin embargo ¿por qué lo hacen? ¿Qué hay detrás de las personas que no dan las gracias?

En un estudio llevado a cabo por el doctor Pinhas Berger antes citado, nos señala varias cosas interesantes. La primera es que hay posibilidad de revertir este tipo de comportamiento. En realidad, estos perfiles presentan múltiples carencias (emocionales y las referentes a las habilidades sociales) que pueden ser tratadas. No obstante, lo primero es conocer el origen de estas dinámicas. Estas serían algunas causas.

Ingratitud “estado” e ingratitud “rasgo”

Este primer dato es importante. Los autores de este trabajo recomiendan diferenciar a las personas que en un momento dado pueden mostrar cierta ingratitud de aquellas que siempre evidencian este tipo de gesto.

  • Pensemos, por ejemplo, que diversas condiciones psicológicas como una depresión o un trastorno de ansiedad, puede hacer que no seamos tan sensibles o receptivos a los actos que los demás hacen por nosotros. No las vemos y no las apreciamos porque no estamos bien, en ese momento puntual de nuestras vidas.
  • Por otro lado, la ingratitud rasgo hace referencia a un comportamiento estable en el tiempo.
pareja discutiendo simbolizando a las personas que no dan las gracias

Falta de habilidades interpersonales

Otro factor que podemos considerar es la falta de educación. Hay, efectivamente, personas a las que no les enseñaron en un momento dado a agradecer las pequeñas cosas del día a día. A ser cordiales, amables a hacer uso de esas conductas prosociales tan básicas en el día a día.

Así, y aunque en ocasiones sean conscientes de que quizá deberían esforzarse en mejorar, generar un cambio supone demasiado esfuerzo. Es más, mostrar cierta amabilidad de un día para otro sería alejarse demasiado de sus esencias, de ahí que nunca lleguen a dar el paso adelante.

Ahora bien, en ocasiones, más que falta de educación lo que falla son las habilidades sociales. No saber comunicar, no esforzarse en practicar la cordialidad, la amabilidad y así como un mínimo sentido de reciprocidad, son otros aspectos que considerar.

Falta de empatía

Muchas de las personas que no dan las gracias no lo hacen porque sencillamente no ven ni aprecian los gestos amables. Sus gafas son muy oscuras, su corazón algo frío y su cerebro muy falto de Inteligencia Emocional. No verán, por ejemplo, que nos esforzamos cada día en hacerles la vida más fácil.

Dan por sentado todo lo que hacemos porque sencillamente es lo que se espera de nosotros. Esa falta de empatía y esa frialdad emocional se cronifica hasta llegar a estados disfuncionales. De ahí que puedan incluso volverse cada vez más demandantes e incluso hostiles. Si en algún momento nos negamos a hacer más concesiones, pueden reaccionar de manera negativa.

¿Qué podemos hacer ante las personas que no dan las gracias?

El doctor Pinhas Berger señala que es posible revertir esta conducta. Es decir, a través de un programa basado en las habilidades sociales y la gestión emocional, cabría mejorar esas conductas a menudo tan incómodas y poco receptivas.

Ahora bien, sabemos sin embargo que no es fácil cambiar de un día para otro a alguien acostumbrado a no ejercer el arte de la amabilidad. Quien no agradece ni un vaso de agua, ni que le recojamos algo que le caído al suelo, tampoco agradecerá nuestros sacrificios y concesiones.

Hombre mirándose una mano simbolizando a las personas que no dan las gracias

Es sin duda un tema muy complejo donde cada perfil es un mundo. Sea como sea, lo que sí sabemos es que estos comportamientos generan discordia, frustración y malestar. Intentemos por tanto medir lo que hacemos por las personas poco agradecidas. Valoremos si merece la pena o no y ante todo evitemos imitar su comportamiento.

Dar las gracias es el acto más noble y sencillo de reconocer al otro. Es darle visibilidad, es agradecer lo que es y lo que hace. No lo olvidemos y practiquemos este buen ejercicio a diario.

 

  • Berger, P., Bachner-Melman, R., & Lev-Ari, L. (2019). Thankful for what? The efficacy of interventions targeting interpersonal versus noninterpersonal gratitude. Canadian Journal of Behavioural Science / Revue Canadienne Des Sciences Du Comportement, 51(1), 27–36. doi: 10.1037/cbs0000114