Personas reflexivas, artesanas del pensamiento meditado: ¿cómo son?

El arte de la reflexión requiere poner en práctica un control adecuado de la mente.
Personas reflexivas, artesanas del pensamiento meditado: ¿cómo son?
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater el 18 julio, 2021.

Última actualización: 18 julio, 2021

Las personas reflexivas son meticulosas en sus procesos mentales, pausadas en sus meditaciones y cautas en sus decisiones. Una de las características más singulares que les define es la habilidad para encontrar la calma en medio del caos y dar respuestas innovadoras ante los problemas. En este mundo de contradicciones, de medias verdades y falsedades enteras, este perfil tiene un gran valor.

Podríamos decir que la capacidad de reflexión es una de esas funciones superiores del cerebro con más trascendencia y utilidad. Ser reflexivos frena la impulsividad natural y facilita unos buenos cimientos para el autoconocimiento.

Pensar despacio y a través del filtro del análisis nos puede ayudar a mejorar nuestra realidad de maneras distintas. Sin embargo, en un entorno tan lleno de estímulos imprevisibles, estamos obligados muchas veces a responder de manera rápida y de forma instintiva. Esto no es malo, pero no debería ser nuestra estrategia habitual.

“Mi mente se rebela ante el estancamiento. Dame problemas, dame trabajo, dame el criptograma más abstruso o el análisis más intrincado, y estoy en mi propia atmósfera…”.

-Sherlock Holmes-

chico ante el mar para representar a las personas reflexivas

Esto es lo que hace diferente a las personas reflexivas

La reflexión es un proceso mental definido por un tipo de pensamiento razonado y cuidadoso, sumado a un clima interno de introspección. Así, trabajos de investigación, como los realizados en la Universidad de Yale, destacan la gran relevancia de lo que definen como “reflexión cognitiva” por un hecho muy concreto.

Esta facultad nos permite pasar por el filtro del análisis y la inducción cualquier pregunta o realidad para emitir después respuestas o conductas más meditadas, evitando así lo primero que nos viene a la mente.

Se trata de una competencia de gran valor. La dimensión que haríamos bien en favorecer en los niños desde edades tempranas. Por tanto, descubramos qué facetas y procesos son los que hacen únicas a las personas reflexivas.

Buena gestión del estrés

Un recurso esencial para el desarrollo de un pensamiento reflexivo es el buen manejo del estrés y la ansiedad. Estos son estados psicológicos que dificultan por completo el poder razonar de manera centrada y pausada. Por tanto, la buena gestión del estrés (ideas irracionales, emociones, tensión psicofísica, etc.) es decisiva.

Asimismo, no podemos pasar por alto un hecho: el arte de la reflexión requiere del autocontrol y la comprensión emocional. No solo las emociones de valencia negativa pueden ser disruptivas; a veces, la efusividad o incluso la alegría intensa pueden nublar nuestra capacidad de decisión.

Personas reflexivas: mentes analíticas e introspectivas

La capacidad analítica es esa artesanía cognitiva que permite procesar la información de manera meticulosa para separar el todo en partes más pequeñas, generando así la oportunidad de comprender mejor cualquier dato o situación.

Asimismo, las personas reflexivas son muy competentes en el análisis porque practican la introspección. Se sumergen en sí mismas para tomar contacto con cada pensamiento, emoción, realidad interna y sacar sus propias conclusiones.

Observación, lógica y creatividad

Las personas reflexivas procesan y se relacionan con su entorno a otro ritmo, uno más pausado. Son hombres y mujeres muy observadores que se deleitan atendiendo cada detalle, cada matiz del entorno. Asimismo, filtran cada aspecto desde el tapiz de la lógica, es decir obtienen sus propias respuestas a través de la deducción y la inducción.

Es importante entender que la reflexividad tiene un matiz lógico, pero también un tendencia creativa. A veces, para hallar relaciones entre varias cosas es importante servirse de la inducción, pero también de esa imaginación que llena vacíos y que convierte al pensamiento en un proceso innovador.

Una mente abierta y flexible

Para una persona reflexiva, el mundo no es blanco y negro y las personas no son buenas y malas. Para esta personalidad, la vida está llena de matices y esto es lo que la hace rica e interesante.

La flexibilidad de pensamiento se vale siempre de una mente abierta que no teme a los datos contradictorios y que además no se queda solo en la primera opción.

Una característica de las personas reflexivas es la confianza en sí mismas. Quien es hábil para tomar contacto con sus procesos internos (pensamientos y emociones) adquiere un gran sentido del autoconocimiento.

Buenos estrategas de la planificación

Es muy posible que las personas reflexivas tarden bastante en emitir una respuesta o en trazar un plan estratégico. Sin embargo, aquellas respuestas que presenten serán siempre sofisticadas y valiosas.

Esta personalidad aúna ingenio y originalidad porque dispone de buenas competencias de planificación. Son meticulosas, se guían por el análisis, el ensayo-error y esa dedicación en la que nada queda al azar.

Chico con gafas para representar a las personas reflexivas

Un enfoque centrado en las prioridades

Quien no sea hábil a la hora de focalizarse en lo que es importante se sentirá como un barco sin timón. La vida lo embestirá aquí y allá, la mente divagará siempre a la deriva y tendrá la sensación de que no tiene control de nada.

Ahora bien, la reflexión nos dota de dirección y de seguridad. Cuando sabemos cuáles son las prioridades en cada momento, podemos orientar todos nuestros recursos y emociones hacia ello. A su vez, esto nos ofrece una gran sensación de control y satisfacción.

Desarrollar una buena mentalidad reflexiva revierte de manera directa en nuestro bienestar. Es alcanzar esa cumbre desde la que todo tiene mayor sentido y mejores perspectivas… Solo así decidimos mejor.



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