El ABC de los instintos humanos

Si los instintos humanos fuesen iguales a los de los animales, no habría manera de explicar por qué algunas personas se suicidan o dejan de comer, en contra del instinto de supervivencia. No hay acuerdo total sobre el tema.
El ABC de los instintos humanos
Gema Sánchez Cuevas

Revisado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas.

Escrito por Edith Sánchez

Última actualización: 24 enero, 2022

Se habla mucho de los instintos humanos, pero, a veces, no sabemos a qué nos referimos exactamente con ello. Es un término que se tomó prestado de la biología y que nos recuerda que, finalmente, somos una rama de mamíferos. Sabemos que mucho de ese animal silvestre sigue vigente en nosotros.

Sin embargo, también aparecen algunas particularidades que nos alejan de ese mundo biológico. Muchas veces hemos oído mencionar los instintos humanos de supervivencia y, pese a ello, sabemos que el suicidio es una realidad diaria en el mundo actual. También se mencionan los instintos sexuales y, al mismo tiempo, se nos informa de datos sobre impotencia u otras disfunciones.

Cuando bordeamos un abismo y la noche es tenebrosa, el jinete sabio suelta las riendas y se entrega al instinto del caballo”.

-Armando Palacio Valdés-

Como vemos, el tema de los instintos humanos no se agota simplemente en lo biológico. Hay toda una serie de vectores culturales y simbólicos que influyen en todo esto. De hecho, también hay corrientes de pensamiento que no hablan de instintos, sino de pulsiones. Veamos esto con mayor detalle.

Hombre mirando una ola en el mar

La teoría biológica y los instintos humanos

Desde el punto de vista biológico, los instintos son pautas de comportamiento que tienen como características ser hereditarias y comunes a toda la especie. La razón de ser de esos instintos es la adaptación y están programados en el cerebro. Nos permiten protegernos y preservarnos. Corresponden a reacciones automáticas o inmediatas.

La teoría biológica señala que tenemos unos instintos básicos y estos son:

  • Instinto de supervivencia. Corresponde a todas las conductas básicas que nos permiten preservar la vida y la salud. Entre ellas se encuentran la evitación del peligro, la alimentación, la búsqueda de abrigo, etc.
  • Instinto de reproducción. Tiene que ver con la preservación de la especie y se refiere básicamente a la sexualidad reproductiva.
  • Instinto de realización personal. Aunque no hay consenso total frente a este punto, la mayoría de los psicólogos de corte positivista señalan que el ser humano tiene una necesidad innata de encontrar un sentido para sí mismos.
  • Instinto de cuidado. Se refiere al instinto de cuidar del otro, como por ejemplo los niños o los desvalidos. Forma parte de la conducta social biológica del ser humano.

Estos serían los instintos humanos básicos. Sin embargo, este enfoque no logra explicar por qué, por ejemplo, una persona deja de comer porque se siente muy obesa, sin estarlo. Esto iría en contra del automatismo que los instintos suponen.

Componentes de los instintos básicos

Al tratarse de impulsos con una fuerte influencia de los genes, los instintos animales tienen componentes directamente relacionados con el funcionamiento nervioso del organismo. Así,  considera el instinto como la integración de las fuerzas que lo componen:

  • Componente cognitivo: el impulso a prestar atención a un determinado estímulo.
  • Componente emocional: la emoción que surge ante la experiencia del estímulo.
  • Componente conativo o de acción: impulso de realizar alguna acción relacionada con las emociones que ha despertado el estímulo en cuestión.

La teoría de las pulsiones

Sigmund Freud planteó que en el ser humano no están presentes los instintos como tal, sino unas fuerzas específicas de la especie a las que llamó pulsiones. Dichas pulsiones son impulsos psíquicos, que están compuestos por un estado de excitación y una tensión física.

La pulsión busca descargar o suprimir ese estado de tensión. Para ello, busca un objeto que le permita deshacerse de ella. Así, por ejemplo, el hambre correspondería a la pulsión y la comida al objeto que permite liberar dicho impulso. Volvemos a la pregunta: ¿por qué entonces algunas personas, por ejemplo, no comen? Freud propone que no todos los impulsos del ser humano son benignos.

Para Freud existen dos pulsiones básicas: el eros y el tanathos. La pulsión del eros comprende todos los impulsos relacionados con la autoconservación y la sexualidad. El tanathos corresponde a la pulsión de muerte y comprende los impulsos violentos, caóticos, disgregadores y el deseo de retornar al estado inanimado. Las pulsiones no buscan satisfacer necesidades inmediatas, sino la representación mental de las mismas.

Mujer con la mente iluminada

Otras teorías

Hay también otras teorías sobre los instintos humanos, que pretenden establecer un punto medio entre la teoría biológica y la teoría de las pulsiones. Básicamente, categorizan los impulsos de una manera diferente, tomando en cuenta aspectos de una y otra teoría.

Según esos enfoques, los instintos humanos se dividen en:

  • Instintos vitales. Comprenden el instinto sexual, el de lucha y huida y equivalen, en general, al instinto de supervivencia.
  • Instintos de placer. Su objetivo es proporcionar el mayor grado de bienestar al ser humano y son una refinación de los instintos humanos de supervivencia. Por ejemplo, no se bebe solamente agua para sobrevivir, sino que a esta se le añaden sabores.
  • Instintos sociales. Comprenden las necesidades de compañía, de poder, de prestigio y de propiedad.
  • Instintos culturales. Comprenden el deseo de saber, la investigación, las inclinaciones artísticas, etc.

Popularmente, también se habla de otros instintos humanos como el instinto maternal, por el que supuestamente las mujeres siempre aman a los niños. También del instinto de repulsión o rechazo a lo que nos produce asco. ¿Cuál de todas esas teorías sobre los instintos humanos es la acertada? No hay acuerdo definitivo al respecto.

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  • Marcuse, H., & Vásquez, G. H. (1980). La rebelión de los instintos vitales. Ideas y Valores, 29(57-58), 69-74.