La prevención del suicidio

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 12 febrero, 2019
Marián Carrero Puerto · 12 febrero, 2019
Según estimaciones recientes de la Organización Mundial de la Salud, cada año se suicidan en el mundo un millón de personas, por lo que el suicidio constituye la primera causa de muerte violenta en la actualidad. No obstante, la prevención del suicidio es  susceptible si se identifican y controlan los factores de riesgo que determinan la conducta suicida.

¿Se puede predecir el suicidio? ¿Podemos ser efectivos en su predicción? Aunque esta conducta, como toda conducta humana, es compleja e intervienen en ella muchas variables con distinto peso, hay algunos indicadores que nos pueden orientar hacia su detección y prevención.

Algunas poblaciones pueden considerarse como de riesgo y algunas circunstancias como factores de riesgo, o posibles desencadenantes, de futuras conductas suicidas. Entre ellas destacan las enfermedades mentales, especialmente la depresión y la esquizofrenia. Los trastornos de personalidad, especialmente el trastorno límite y el antisocial, y enfermedades físicas crónicas invalidantes que producen vulnerabilidad biológica y/o psicológica.

La prevención del suicidio siempre ha sido una preocupación. Por eso, se han elaborado diferentes protocolos de actuación en casi todos los estamentos del Sistema Nacional de Salud en España (SNS). De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que cada año se suicidan un millón de personas en el mundo; al mismo tiempo, es una de las tres principales causas de muerte en adolescentes y adultos jóvenes, y la décima en la población general, habiendo aumentado su tasa en los últimos 50 años el 60 %.

“Abandonarse al dolor sin resistir, suicidarse para sustraerse de él, es abandonar el campo de batalla sin haber luchado”.

-Napoleón I-

Mujer triste por intento suicidio

¿Cómo podemos enfocar la prevención del suicidio?

La prevención del suicidio se puede enfocar en dos sentidos:

1) Estrategias para poblaciones de alto riesgo, tales como casos psiquiátricos con antecedentes de conductas suicidas, trastornos afectivos, alcoholismo, etc. En estos casos se propone:

  • Optimizar el tratamiento de los trastornos mentales y asegurar la integridad personal del paciente.
  • Mejorar la continuidad asistencial y la coordinación sociosanitaria en relación con los pacientes de alto riesgo suicida, una vez que hayan sido dados de alta de una unidad de hospitalización psiquiátrica, sobre todo sin interrumpir el contacto terapéutico.
  • Mejorar la formación psiquiátrica de los médicos de atención primaria para conseguir la atención precoz y el tratamiento eficaz de los pacientes afectados de los trastornos mentales que aumentan la incidencia de conductas suicidas.

2) Estrategias orientadas a la población general, tales como:

  • Informar al público sobre las conductas suicidas: prevalencia, factores de riesgo, alteraciones del comportamiento, etc.
  • Recomendaciones a los medios de comunicación para prevenir el efecto de la imitación, sobre todo entre jóvenes.
  • Psicoeducación en centros cívicos, escolares, de trabajo, sobre mejora de la calidad de vida y promoción de la salud, aprendizaje de recursos o estrategias de afrontamiento del estrés, habilidades sociales, etc.
  • Reestructuración de la disponibilidad de medios para la realización del suicidio y medidas de seguridad en lugares utilizados por los suicidas
  • Actuaciones sobre el consumo de alcohol y otras drogas.

“Muchas veces es valor el conservar la vida”.

-Séneca-

Creencias erróneas

A continuación vamos a ver una serie de creencias que sostiene una buena parte de la sociedad y que son erróneas o matizables:

Criterio Equivocado Criterio Científico
La persona que se quiere matar, no lo dice De cada diez personas que se suicidan, nueve dijeron claramente sus propósitos y la otra dejó entrever sus intenciones.
La persona que lo dice, no lo hace Toda persona que se suicida expresó con palabras, amenazas, gestos o cambios de conducta lo que ocurriría.
Las personas que intentan el suicidio no desean morir, sólo hacen el alarde Aunque no todas las personas que intentan el suicidio desean morir, es un error tildarles de alardosos, pues son personas a las cuales les han fracasado sus mecanismos útiles de adaptación y no encuentran alternativas, excepto el atentar contra su vida.
Si de verdad se hubiera querido matar, se hubiera tirado delante de un tren Toda persona con riesgo suicida se encuentra en una situación ambivalente, es decir, con deseos de morir y de vivir. El método elegido para el suicidio no refleja los deseos de morir de quien lo utiliza, y proporcionarle otro de mayor letalidad es calificado como un delito de auxilio al suicida (se le ayuda a que lo cometa), penalizado en el Código Penal vigente.
La persona que se repone
de una crisis suicida no corre peligro alguno de recaer
Casi la mitad de las personas que atravesaron por una crisis suicida y consumaron el suicidio, lo llevaron a cabo durante los tres primeros meses tras la crisis emocional, cuando todos creían que el peligro había pasado.
La persona que intenta el suicidio estará en ese peligro toda la vida Entre el 1% y el 2% de las personas que intentan el suicidio lo logran durante el primer año después del intento y entre el 10% al 20% lo consumarán en el resto de sus vidas. Una crisis suicida dura horas, días, raramente semanas, por lo que es importante reconocerla para su prevención.
Toda persona que se suicida está deprimida Aunque toda persona deprimida tiene posibilidades de realizar un intento de suicidio o un suicidio, no todas las que lo hacen presentan este desajuste. Pueden padecer esquizofrenia, alcoholismo, trastorno de personalidad,…
Toda persona que se suicida es un enfermo mental Las personas con enfermedades mentales se suicidan con mayor frecuencia que la población en general, pero no necesariamente hay que padecer un trastorno mental para hacerlo. Pero no caben dudas de que toda persona con riesgo es una persona que sufre.
El suicidio se hereda No está demostrado que el suicidio se herede, aunque se puedan encontrar varios miembros de una misma familia que hayan terminado sus vidas por suicidio. En estos casos lo heredado es la predisposición a padecer determinada enfermedad mental en la cual el suicidio es un síntoma principal, como por ejemplo, los trastornos afectivos y las esquizofrenias.
El suicidio no puede ser prevenido pues ocurre por impulso Toda persona antes de cometer un suicidio evidencia una serie de síntomas que han sido definidos como síndrome presuicidio, consistente en constricción de los sentimientos y el intelecto, inhibición de la agresividad, la cual ya no es dirigida hacia otras personas, reservándola para sí, y la existencia de fantasías suicidas; todo lo que puede ser detectado a su debido tiempo y evitar que se lleven a cabo sus propósitos.
Al hablar sobre el suicidio con una persona en este riesgo, se le puede incitar a que lo realice Está demostrado que hablar sobre el suicidio con una persona en tal riesgo en vez de incitar, provocar o introducir en su cabeza esa idea, reduce el peligro de cometerlo y puede ser la única posibilidad que ofrezca el sujeto para el análisis de sus propósitos autodestructivos.
El acercarse a una persona en crisis suicida sin la debida preparación para ello, sólo mediante el sentido común, es perjudicial y se pierde el tiempo para su abordaje adecuado Si el sentido común nos hace asumir una postura de atenta y paciente escucha, con reales deseos de ayudar a la persona en crisis a encontrar otras soluciones que no sean el suicidio, se habrá iniciado la prevención.
Sólo los psiquiatras pueden tomar medidas para prevenir el suicidio. Es cierto que los psiquiatras son profesionales experimentados en la detección del riesgo de suicidio y su manejo, pero no son los únicos que pueden prevenirlo. Cualquiera interesado en auxiliar a personas en esta
situación de riesgo puede ser un valioso colaborador en su prevención”El suicidio es la peor especie de asesinato, porque no deja lugar al arrepentimiento”

“El suicidio es la peor especie de asesinato, porque no deja lugar al arrepentimiento”.

-John Churton Collins-

Hombre triste y preocupado

¿Dónde buscar ayuda?

Cuando una persona empieza a tener ideas suicidas existen diversos recursos a los que puede acudir para recibir ayuda:

  • CEIFEM: Centro Español de Información y Formación sobre la Enfermedad Mental.
  • Centros de Salud: Atención Primaria y Equipos de Salud Mental Comunitaria.
    Web: http://www.sas.junta-andalucia.es/principal/default.asp
    36 | Guía sobre prevención del suicidio para personas con ideación suicida y familiares
  • Asociaciones miembros de FEAFES: Confederación Española de Agrupaciones de Familiares y Personas con
    Enfermedad Mental.
  • Salud Responde.
  • Teléfono de la Esperanza: Servicio telefónico 24 horas, donde se ofrece ayuda para superar problemas emocionales.
  • Profesional de la salud.

Estos recursos tienen un valor incalculable, pero de poco sirven ni no llegan a la persona que está en riesgo. De ahí que todos como sociedad tengamos un papel fundamental como comunicadores y enlazadores.

  • Mingote, Adán, José Carlos, et al. Suicidio: asistencia clínica, Ediciones Díaz de Santos, 2004.
  • Pérez, Barrero, Sergio, and Plaza, Jesús Guerra. Prevención del suicidio: consideraciones para la sociedad y técnicas para emergencias, Servicio Editorial de la Universidad del País Vasco, 2016.