La pesadumbre emocional, más allá de la tristeza

La pesadumbre es un estado emocional que sitúa una losa de desánimo, tristeza y desesperanza sobre nuestras vidas. Bajo esa sensación a menudo asfixiante puede subyacer una depresión.
La pesadumbre emocional, más allá de la tristeza
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 06 febrero, 2022

Experimentar pesadumbre emocional es como vivir bajo pedregosas toneladas de tristeza y desánimo. Pocas sensaciones resultan más aniquilantes para el ser humano que esta sensación imprecisa, confusa, profunda y persistente. Es similar a un ahogo, a una presión en el pecho o a un ovillo en la mente que cuesta desenredar.

Si bien es cierto que toda emoción no es más que una respuesta con fines adaptativos, hay estados psicológicos más fáciles de entender y regular. Uno experimenta pena cuando lidia con algún tipo de pérdida o decepción. Siente ira o frustración tras un enfado, un malentendido o una injusticia. Sin embargo, ¿qué es lo que desencadena eso que definimos como “pesadumbre”?

En realidad, este estado combina diversos procesos emocionales de gran impacto. Esto hace que se resienta desde la actitud hasta la conducta. El cuerpo va más lento, todo pesa mucho más, la motivación está ausente, no hallamos esperanza, y el mundo se ve un poco más gris a través de esas pesadas lentes.  ¿Qué podemos hacer en estas situaciones?

“La pesadumbre es una enfermedad en la que cada paciente debe tratarse a sí mismo”

.-Voltaire-

hombre sufriendo pesadumbre emocional

¿Qué es la pesadumbre emocional?

La palabra pesadumbre está formada por dos términos latinos: pensum y umbre. El primero significa ‘peso’ y deriva de pendere (pender a causa de la fuerza de la gravedad de la Tierra) y  el segundo es un sufijo de cualidad. Todo ello podría traducirse como algo que ejerce un peso angustiante sobre nosotros, una carga que nos presiona, que nos enlentece y deja sobre nosotros el óxido de la tristeza.

Lo cierto es que nos podemos sentir apesadumbrados por muchas cosas. Perder el trabajo, sufrir una pérdida, una ruptura… Sin embargo, este estado tiene otra cadencia que va más allá de la mera tristeza. Es algo que más profundo más difuso.

De hecho, tan compleja e impactante resulta la pesadumbre emocional que hubo un tiempo en que esta dimensión estuvo muy presente en la filosofía.

El filósofo Jean-Paul Sartre nos habló en La náusea de su sensación de pesimismo y de pesadumbre existencial. Este sentimiento derivaba (según él) de la percepción de vacío, la soledad, de no entender cuál es el significado de uno mismo con la sociedad, de ver limitada la propia libertad. Más tarde, Rollo May también profundizaría en este concepto.

Para Rollo May, psicólogo humanista y existencialista, la pesadumbre formaba parte de la depresión. Revelaba la incapacidad de la persona para construirse un futuro y clarificar sus significados vitales y sociales.

El peso de los eventos estresantes repetidos

Bajo la pesadumbre emocional hay algo más que tristeza y esa falta de sentido de la que hablaba el existencialismo. En realidad, este estado psicológico deriva también de la vivencia de varios eventos estresantes repetidos en el tiempo. En cierto modo, esto se relaciona también con la teoría de la depresión de Aaron Beck.

Es decir, cuando tenemos varias experiencias vitales que son adversas o problemáticas es muy fácil derivar en un estado mental dominado por la negatividad. Uno deja de confiar en el futuro. Todo lo mira a través del filtro de la amenaza y la inquietud. Caemos en la pesadumbre porque “nos pesa” lo ya vivido y porque lo que pueda venir nos suscita mayor inquietud.

De este modo, un estudio de la Universidad de Columbia Británica destaca esta asociación. Los eventos estresantes son en muchos casos el desencadenante de la depresión mayor. Factores como el desempleo, los problemas familiares, la incertidumbre o lidiar con alguna enfermedad edifican poco a poco esa pesadez mental que nos ahoga y que nos quita el ánimo.

La pesadumbre emocional y la somatización

En efecto, la pesadumbre emocional tiene una particularidad y es la somatización. Ese estrés acumulado en el tiempo, la desesperanza, la tristeza y la apatía terminan por adherirse al cuerpo. La losa de las emociones se materializa en dolor físico, en agotamiento, en un entumecimiento muscular y en una sensación de lentitud. 

Casi sin que nos demos cuenta, acabamos atrapados en un círculo vicioso que se retroalimenta. El malestar emocional que persiste día tras día termina transformándose en malestar físico. Así, esa sensación de “pesadez” corporal que nos impide llevar una vida activa normal también merma aún más el ánimo.

Es como vivir en una cárcel de sobrepesos mentales y físicos que duelen, que enfadan, que nos hacen cautivos de algo que no podemos terminar de definir.

El problema de la pesadumbre emocional es que su origen está en una combinación de muchos factores. Nos cuesta mucho definir a qué se debe ese estado mental y también físico. Al mismo tiempo, nos desespera sentirnos tan apáticos, doloridos, apagados…

Mano tocando agua

Como retirarnos el peso del malestar y el sufrimiento

Cuando nos notamos apesadumbrados no solo el mundo va más despacio, también nuestra mente está embotada, y entumecida. Todo ello es efecto del estrés crónico y, a veces, también de una depresión mayor subyacente. Lo más adecuado en estos casos es pedir ayuda especializada.

No obstante, no dejemos de lado un aspecto. La pesadumbre emocional es una amalgama de muchos sentimientos que hay que especificar, identificar y nombrar. Es esencial también desactivar ese sesgo de interpretación que todo lo etiqueta como malo y negativo. Quien mira la vida con desesperanza edifica su propia cárcel de barrotes de cristal.

Intentemos establecer pausas entre eventos e interpretaciones. Es decir, cada vez que suceda algo evitemos darle una interpretación adversa. Si tal persona no nos llama, no pensemos mal. Si hoy dan alguna mala noticia en el telediario, evitemos pensar en el fin del mundo. En caso de que hoy llueva, no demos por sentado que mañana también lo hará.

Comprender los mecanismos que usa nuestra mente para debilitarnos siempre es de ayuda. Asimismo, también debemos habilitarnos en el manejo de la desesperanza. Es cierto que la vida es complicada y que a veces nos suceden muchas cosas complicadas una tras otra.

Aprender a navegar entre la adversidad es una herramienta de vida que todos debemos adquirir para ser inmunes a la pesadumbre… Esa que siempre se empeña en hacer más pesado nuestro camino.

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