La política, un terreno para las emociones

La política se ha transformado en un terreno donde las emociones juegan un papel fundamental. Aunque el poder siempre ha despertado grandes pasiones, hoy en día su protagonismo se ha visto reforzado por la sociedad del espectáculo.
La política, un terreno para las emociones
Sergio De Dios González

Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González.

Escrito por Edith Sánchez

Última actualización: 15 julio, 2022

La política tiene dos fases según la teoría clásica griega: la agonal y la arquitectónica. Durante la fase agonal, se desarrollan las luchas por el poder, por lograr un cierto control o conducción de lo social. Mientras que la arquitectónica es la fase en la que aparecen los proyectos y las construcciones una vez logrado el poder.

La política, como terreno privilegiado para las emociones, tiene un profundo anclaje en la fase agonal. Las ideas que se agitan y ventilan en el mundo del poder se hilan con la razón, pero tienen una profunda raíz emocional. Es en la lucha por alcanzar el poder donde más circulan las emociones a nivel político.

En la actualidad, muchos políticos fundamentan su discurso en las emociones. Convencen más con mensajes de miedo o promesas de seguridad que con programas o proyectos razonables para resolver problemas puntuales. Así mismo, los electores quieren propuestas que puedan ser soluciones a sus dificultades, pero también anhelan que les transmitan pasión y entusiasmo.

La política es el arte de impedir que la gente se meta en lo que sí le importa”.

-Marco Aurelio Almazán-

Político dando un discurso sobre psicología política
Muchos discursos políticos tienen una profunda raíz emocional.

La comunicación

Alrededor del 75 % de la comunicación interpersonal es no verbal. De allí la importancia que se le otorga en la política a los gestos, las posturas corporales, el manejo del espacio y todo lo que acompañe a la palabra. Esa mímica refuerza lo emocional y genera una conexión con el candidato.

En la actualidad, los asesores en comunicación de los políticos se centran en transmitir una imagen de sus candidatos sostenida por lo sensorial. ¿Qué es esto? El uso de los estímulos sensoriales para generar estados anímicos en el público.

El concepto, nacido en la publicidad, se denomina “brand sense”; este se usa para amplificar los valores de un candidato o un partido político. El potencial ofrecido por el sonido, el gusto, la vista, el olor o el tacto influyen, y mucho, sobre la percepción. Se trata de integrar los cinco sentidos para crear puentes sensoriales y emocionales entre el candidato y su electorado.

La política y la emoción

En muchos lugares, hoy en día la política se ha convertido en un acto de ilusionismo. Como pocas veces en la historia, lo que se aprecia es una fuerte incidencia de la propaganda, en detrimento del debate ideológico. Cada vez se acercan más la política y el espectáculo; las ideas y la farándula.

No es raro que muchos de los políticos de hoy en día se comporten más como pop star que como estadistas. Lo que varios de ellos buscan no es transmitir un proyecto ideológico, sino construir una imagen a la medida de lo que su público quiere ver y oír. Hay más de marketing, en muchos casos, que de ideas o propuestas.

El miedo, hoy y siempre, tiene un poder de persuasión enorme. El temor se inocula en los electores de forma sutil y continua. Cada político elige un enemigo y lanza toda su artillería contra él. Tal enemigo puede ser el desempleo o el inmigrante, la izquierda, la derecha o lo que sea. El punto es construir un discurso alrededor del propósito de contener una amenaza. Visto está que en muchas partes esto funciona.

Parlamentario ofrece un discurso político
Los discursos con base emocional tienen un gran poder persuasivo.

Los nuevos aportes

El éxito del discurso político emocional se debe, en parte, al aporte que han hecho algunas ciencias humanas y sociales. La psicología, por ejemplo, ha realizado aportes a la relación entre la economía conductual y las decisiones económicas tomadas por los líderes de los diferentes gobiernos.

Los estudios sobre comunicación, especialmente aquellos centrados en publicidad, han hecho hincapié en la persuasión. La persuasión publicitaria se basa en elecciones más bien emocionales, que racionales. Y esto se ha aplicado a la política, prestando mucha atención a las emociones que puede despertar cada candidato.

Pero no todo es nuevo. Aristóteles, en el siglo IV a.C., ya hablaba en La retórica sobre cómo las emociones jugaban un papel central en el debate político. Decía que el objetivo del debate era persuadir, a través de las emociones, más que alcanzar la toma de decisiones razonadas.  Según él, persuadir y vencer era más importante que argumentar.

Casi 25 siglos después, la política toma para sí el terreno de lo emocional y conjuga la comunicación no verbal con los sentimientos para lograr una conexión con la ciudadanía, que trasciende lo racional. Quienes asisten a los discursos políticos esperan que les toquen el corazón y los candidatos ya lo saben.

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