Poner la mente en un punto muerto: para qué y cómo

Para poner la mente en un punto muerto no es necesario ir a la India o a China o encerrarse en un imperio de silencio. Basta con realizar actividades muy básicas, que sosiegan y equilibran. Te decimos cómo lograrlo.
Poner la mente en un punto muerto: para qué y cómo
Sergio De Dios González

Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González.

Escrito por Edith Sánchez

Última actualización: 22 agosto, 2022

Con poner la mente en un punto muerto nos referimos a hacer una “pausa crítica” en aquellos momentos en los que hay confusión, desorden en nuestras ideas o angustia. Se trata de un recurso sencillo y práctico que puede ayudarte si sientes que no estás pensando con claridad. También cuando una preocupación o una obsesión se apoderan de tu mente.

También se podría decir que poner la mente en un punto muerto es una forma de proteger tu cerebro. Cuando una persona está estresada, todo el organismo, incluyendo al cerebro, reacciona de una forma similar a la que lo hace cuando hay un agente patógeno. Los recursos del cuerpo se enfocan a la defensa y esto supone un desgaste importante.

Si ese tipo de situaciones se presentan con mucha frecuencia, el desgaste es aún mayor y termina generando importantes consecuencias sobre la salud física y sobre el funcionamiento del cerebro. Poner la mente en un punto muerto es un antídoto simple y eficaz para salir de esos estados de estrés y volver al equilibrio.

Mientras más cerca se encuentra una persona de la tranquilidad mental, más cerca se encuentra de la fuerza”.

-Marco Aurelio-

Mujer estresada
Poner la mente en un punto muerto la libera del estrés.

El daño del estrés sobre el cerebro

El estrés es una respuesta del organismo ante una amenaza, o ante algo que es percibido como una amenaza, lo sea o no. Lo cierto es que esa percepción desata un estado fisiológico de alerta que produce cambios en diversos órganos y sistemas. Como se sabe, en esos casos el cuerpo se prepara para el ataque o la huida.

En esas condiciones, las funciones cognitivas del cerebro se enfocan en el afrontamiento de la amenaza. Lo demás queda en segundo plano. La atención no está plenamente disponible. Los sentidos no funcionan con la misma agudeza, al punto en que es posible que se deje de ver o de escuchar algunos de los estímulos que hay en el ambiente.

Si el estado de estrés persiste, aunque no sea de forma tan intensa, el resultado es una persona dispersa, con una menguada capacidad de concentración, irritable, nerviosa, de baja memoria y con desempeño deficiente en actividades que exijan complejidad intelectual.

Como vemos, el estrés puede ser el precursor de muchos errores, ineficiencias y malas decisiones. Poner la mente en un punto muerto es uno de los medios para contrarrestar estos efectos.

Poner la mente en un punto muerto

Poner la mente en un punto muerto significa intervenir de manera activa sobre el flujo de nuestros pensamientos. Haciendo un símil, sería como parar un vídeo cuando lo estamos viendo. Se trata de una técnica de emergencia para recuperar el equilibrio y el autocontrol. ¿Cómo alcanzar ese estado?

En realidad, tiene que ver con algo muy sencillo. Se trata de realizar alguna actividad rutinaria o mecánica, muy elemental. Sirve casi todo, desde ordenar los papeles hasta fregar los platos. También hacer una caminata, barrer alguna zona de la casa o la oficina, o realizar cualquier actividad que implique algún gasto de energía física, sin mayor implicación mental o emocional.

La clave está en enfocarse en esa actividad, por básica que sea. Si se ordenan los papeles, prestar atención a la forma como se hace. Si se da una caminata, percibir las sensaciones en el cuerpo y mirar el panorama. Si se trata de fregar los platos, hacerlo de forma manual y cuidando del detalle. Así de simple. Con esto se logra poner la mente en un punto muerto.

Persona caminando
Caminar favorece la liberación de serotonina, un neurotransmisor que hace que nos sintamos mejor.

Los beneficios de hacer una pausa

Cualquier persona que practique la técnica de poner la mente en un punto muerto va a notar sus beneficios de inmediato. Solo hay que cumplir a rajatabla los dos principios básicos: realizar una actividad mecánica y enfocarse en ella. No hay que hacer nada más. El punto es que suele haber mucha resistencia a esto, cuando una persona está estresada.

El estrés hace que la mente inaugure una dinámica de defensa, como ya lo explicamos, y no es fácil decirle al cerebro: “alto, deja eso por un momento”. En esos estados llega a pensarse que orientar los pensamientos hacia otra parte o realizar una actividad simple es un riesgo. Romper con esa idea es la principal barrera a superar.

Como con tantas otras situaciones de la vida, a veces solo se trata de darte la oportunidad de experimentar algo nuevo y sacar conclusiones. Con la técnica de poner la mente en un punto muerto ocurre lo mismo. Solo concédete el permiso de realizar esa práctica, la próxima vez que sientas estrés. Después, comparte con nosotros si hacerlo te generó beneficios o no.

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