¿Por qué me como las uñas?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 5 julio, 2017
Yamila Papa · 27 marzo, 2015

 

Onicofagia es el nombre científico que se le da a la incapacidad patológica de contener el impulso de comerse las uñas. Esta patología no solo está relacionada con la estética, sino también con las emociones y personalidad.

Si bien muchos se muerden las uñas sin darse cuenta, hacerlo de forma compulsiva es una clara señal de que no estamos equilibrados emocionalmente y que vale la pena tratar un problema de fondo.

Los psicoanalistas (tendencia cuyo origen se encuentra en la figura de Freud) explican que aquellos que se muerden las uñas están buscando un efecto similar al de los bebés al mamar el pecho. También se experimenta cuando se mantienen objetos en la boca todo el tiempo (un dulce, una chupete, un plástico, etc), aunque eso se le conoce como “angustia oral” desde el enfoque psicoanalítico.

En lo que se refiere al hábito de comerse las uñas, es otra manera de sentirnos protegidos y resguardados. Necesitamos algo que nos sirva de “cable a tierra” para reducir la tensión, los nervios, el aburrimiento, la tristeza, el estrés, etc.

Comerse las uñas: un hábito inconsciente

Mujer comiéndose las uñas

Quizás no te has dado cuenta cuándo ni por qué te muerdes las uñas. Puedes hacer un pequeño análisis. ¿Ocurre en los momentos en que no haces ninguna actividad o tienes las manos libres? ¿Tal vez antes de un examen, cuando caminas sola por la calle, antes de encontrarte con tu novia o si te han dado una mala noticia?

Esto tiene una explicación psicológica, pero empecemos por el principio. Comerse las uñas es un hábito automático, inconsciente y adictivo. La persona que lo hace no siempre puede evitarlo, como ocurre con cualquier costumbre demasiado arraigada.

Esta conducta está relacionada con la ansiedad, la inseguridad, la tensión y la depresión. Algunos de los rasgos que comparten la mayoría de los que sufren onicofagia son perfeccionismo, baja autoestima y miedo al fracaso. También destacan por ser hiperactivos, muy nerviosos y enérgicos. En algunos casos han tenido que soportar infancias marcadas por padres autoritarios.

La edad promedio en que los niños empiezan a morderse las uñas se sitúa en los 10 años y puede ir disminuyendo o aumentando con el paso del tiempo, según los acontecimientos en la vida de cada persona.

La sensación primordial es la de saciedad, pero también se experimenta tranquilidad, placer, protección, satisfacción y seguridad. Además, al comernos las uñas el cerebro libera ciertas hormonas relacionadas con la felicidad y el bienestar.

 

uñas2

 

Otro de los problemas derivados de la onicofagia tiene que ver con lo social. Quizás las primeras veces que el niño empezó a comerse las uñas los padres lo regañaron pero después lo pasaron por alto. Lo mismo ocurre en la edad adulta. Vale la pena destacar que si alguien se está mordiendo las uñas y alguien les dice algo, es probable que se enojen y busquen el momento más inmediato para volver a hacerlo.

Cómo evitar comerse las uñas

Si bien existen tratamientos locales con esmaltes amargos y todo tipo de artimañas (como por ejemplo, frotar las uñas con ajo, chile o pimienta), la persona que sufre de onicofagia no dejará su hábito a menos que se solucione la causa del problema.

Como primera medida, es bueno reconocer en qué momentos específicos nos mordemos las uñas. Una vez que se hayan identificado, hay que trabajar en reducir los sentimientos que nos llevan a descargarnos de esa manera. ¿Existe alguna técnica eficaz para reducir la ansiedad, el miedo o los nervios que no sea comerse las uñas? Quizás liberando las tensiones haciendo deporte, una actividad relajante o leyendo un libro.

La buena noticia es que existe una cura para la onicofagia y no se encuentra en los esmaltes con gusto asqueroso ni en los remedios caseros. Trabaja en tus sentimientos primero y aprende cómo encauzar lo que te hace mal. De esta manera podrás dejar a tus pobres dedos y uñas tranquilos.