¿Por qué compartimos información falsa en las redes sociales?

¿Qué medios empleamos para informarnos? ¿Realmente nos ayudan a que estemos más informados o nos lo ponen más complicado? ¿Por qué a veces la tecnología parece no ayudarnos? ¡En este artículo te lo contamos!
¿Por qué compartimos información falsa en las redes sociales?
Sara González Juárez

Escrito y verificado por la psicóloga Sara González Juárez.

Última actualización: 14 septiembre, 2022

¿No es algo contradictorio que sea más difícil informarse en un siglo en el que acceder al conocimiento es tan sencillo y barato? ¿No te llama la atención que con tanta tecnología dediquemos más tiempo a comprobar si una noticia es falsa que a encontrarla? Todo esto se magnifica con las redes sociales, el medio que usan más personas para estar al día en la actualidad.

El tema de las fake news y, en general, la desinformación, es amplio, complejo y, aun así, un mal que es necesario erradicar. No obstante, conocerlo a fondo lleva tiempo y estudio, por lo que merece la pena dedicar tiempo a aprender cómo protegerse de la información falsa y, sobre todo, cómo no contribuir a su difusión.

En este espacio encontrarás las principales razones por las que las personas compartimos bulos en las redes sociales, tanto intencionada como inconscientemente, y cómo luchar contra ello. El primer paso siempre es tomar consciencia de la realidad, así que vamos con ello.

Mujer con miedo por el móvil

Difusión intencionada de información falsa en las redes sociales

Quienes se dedican a influir a las personas para manipular su comportamiento, ya sea con fines comerciales o criminales, saben que existen formas eficaces de aprovecharse de las personas. Vamos a ver algunas de ellas:

  • Ocultación intencionada y selectiva de información: los medios de comunicación son empresas con una ideología propia. Esto, obviamente, elimina la imparcialidad, pero se requiere dar una apariencia de la misma. La mejor manera de mantener esta fachada es dar información verídica, pero recortada.
  • Clickbates: unas de las noticias falsas más abundantes en la red son este tipo de titulares. Apelan a la emocionalidad de los lectores con encabezados llamativos para evitar que utilicen el pensamiento crítico. Un ejemplo son los típicos anuncios con títulos como “no creerás que este alimento te hace adelgazar 10 kilos en una semana”.
  • Cadenas y bulos: tanto en redes sociales como en mensajería instantánea, es común encontrar cadenas de mensajes que tratan de advertir sobre peligros que no son reales. El objetivo suele ser recabar datos de los usuarios, timarles o difundir información falsa de manera masiva.
  • Humor manipulado: si bien es verdad que la sátira siempre ha existido como arma política, existe una diferencia con su uso para la desinformación. Así, personas que quieren influir en las opiniones de otras difunden chistes, memes o publicaciones humorísticas que incluyen información falsa de manera intencional.
  • Deepfakes: este tipo de montajes digitales audiovisuales requieren de programas de inteligencia artificial. Son increíblemente reales, por lo que son herramientas útiles para aquellos que quieren difundir mentiras casi irreconocibles.

Difusión no intencionada

Todo lo mencionado anteriormente pone al lector en una tesitura clara: ¿cómo evito ser el vehículo de difusión de información falsa en redes sociales si cualquiera tiene los medios para engañarme?

El primer paso para ello será, como siempre, detectar sobre qué mecanismos mentales tratan de operar estos bulos. Vamos a verlo.

Atajos mentales (heurísticos)

Ante una cantidad ingente de información sobre hechos que no se experimentan, la mente echa mano de atajos cognitivos que permitan procesar lo máximo posible sin saturarse. Es decir, que ante el torrente inacabable de datos y noticias que nos llegan por las redes sociales, nuestra capacidad de procesamiento se regula con los siguientes mecanismos:

  • Sesgo de representatividad: encasillar a alguien en una categoría basándose en información nueva. Por ejemplo: “el coronavirus es culpa de los chinos porque comen murciélagos”.
  • Heurístico de disponibilidad: una persona realiza un juicio sobre la probabilidad de que suceda un evento a partir de su propia experiencia y sus conocimientos, sin tener en cuenta el resto de la información. “Una vez un hombre me tocó el culo en una discoteca, así que si voy a un garito gay, todos los homosexuales me van a acosar”.
  • Sesgo de anclaje: la formación de opiniones y toma de decisiones basándose en la primera información que se recibe. Un ejemplo de ello son las cifras de inmigración ilegal, que suelen presentarse como si se tratara de una invasión de millones de personas malvadas, cuando en realidad son pocas e inofensivas, y las personas no se paran a buscar los datos reales.

Falta de atención

El diseño actual de las plataformas de las redes sociales se basa en bombardear al usuario con cantidades ingentes de información. La capacidad de reaccionar a ella de manera inmediata y compartirla con un solo movimiento del dedo también propicia que las personas automaticen la difusión sin contrastarla.

Ilusión de conocimiento

Seguro que si dominas alguna temática por encima de la media, te habrás dado cuenta de que las personas que menos saben sobre ello suelen ser las que más seguras están de sus conocimientos. Esta paradoja se conoce como la ilusión de conocimiento y es peligrosa, pues mucha de la información falsa que circula por las redes tratarán de hacer creer a los usuarios que lo que ellos ofrecen es todo lo que se necesita saber sobre un tema.

Hombre trabajando en el ordenador

¿Qué hacer para evitar difundir información falsa en redes sociales?

En primer lugar, no desactivar nunca el pensamiento crítico. Si alguna información te chirría, contrástala. Y si no, también. Simplemente, se trata de automatizar el comprobar en varios medios si los datos coinciden.

Por otro lado, es necesario vivir más despacio. Cierto es que el sistema pone gran empeño en que no lo consigamos, pero basta con parar un segundo ante cada frase llamativa y preguntarse “¿es esto cierto?”. La propia búsqueda de la verificación conlleva un esfuerzo y un tiempo que, además, protege de seguir tragando información sin filtro.

Siempre ha existido la desinformación, el sensacionalismo y la manipulación de las masas. El problema actual no es tanto su existencia (que también), sino que la información falsa ha encontrado un canal de difusión sin límites en las redes sociales y, en general, en internet. En un mundo donde los filtros verdaderos tienen que ser personas individuales y diversas y la regulación oficial aún es una broma, la única herramienta útil es la responsabilidad.

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