¿Por qué el ser humano se quiere tan poco? - La Mente es Maravillosa

¿Por qué el ser humano se quiere tan poco?

Alicia Escaño Hidalgo 17, Abril 2017 en Psicología 1983 compartidos
Mujer mirandose al espejo

El ser humano es un ente social por naturaleza, y lo es por una razón muy simple y de pura lógica: hace millones de años, necesitábamos de los demás para poder sobrevivir. Aunque es cierto que ya no tanto, cuando nacemos, todavía en la actualidad, esa necesidad de cuidados y atenciones no ha variado demasiado.

Si no es cubierta, nuestra supervivencia se ve comprometida y no solo eso: también nuestro estado emocional puede verse tambaleado por la falta de estima.
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Los niños necesitamos sentirnos seguros y esa seguridad puede venir de la mano de nuestros progenitores o de otra figura con la que conformemos un apego seguro. En cualquier caso, esta estabilidad o confianza hará que en el futuro el niño sea un adulto fuerte a nivel emocional, seguro de sí mismo y con sana autoestima.

Sin embargo, podemos darnos cuenta fácilmente de que existen pocas personas con estas características. La mayoría de la gente no se siente segura de sí misma, no confía del todo en sus capacidades ni tampoco es realista a la hora de autoevaluarse.

¿Por qué es tan complicado encontrar a un ser humano que se ame de manera incondicional? Parece que la falta de amor, cuidados, consideración o respeto en la infancia podría ser el origen de la falta de autoestima. También en el origen podría encontrarse la sobreprotección o la falta de límites concretos, así como la educación cultural recibida.

De nada sirve echar la culpa de nuestra inseguridades al pasado, ni a la educación, ni a los padres. Esto ya no puede cambiarse.
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Ahora bien, tu adulto aun está a tiempo de sanar a ese niño con carencias y ayudarle a amarse a sí mismo, con independencia de lo que otros hagan.

La pieza del rompecabezas que le falta a este ser humano

Es posible que a veces hayas sentido que siempre te falta algo. Puedes ser atractivo físicamente, tener éxito profesional, tener una familia estupenda y aun así notar que algo no cuadra. Muy probablemente se trata de tu propio amor.

Cuando un ser humano no se ama a sí mismo incondicionalmente, sentirá que le falta una pieza y que el rompecabezas no está completo. Equivocadamente puede tender a buscarla afuera y, lógicamente, las piezas que encuentre en su entorno nunca encajarán con las de uno mismo.
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Mano con puzzle

Entonces este ser humano sigue buscando la pieza y no se da cuenta de que la que realmente se acopla, es la pieza que el mismo puede fabricar con su amor, su aceptación y su abrazo.

La razones por las que no contamos con esa pieza ya las hemos introducido más arriba: educación, cultura, autoexigencias… La educación que recibimos censura de forma sistemática cualquier acto de amor hacia nuestra persona. Le llaman “egoísmo”. En este sentido, el niño se acostumbra a no saber recibir halagos, a no hablar bien de sí mismo, a decir sí a todo cuando realmente quisiera decir no y un largo etc.

Siempre nos han enseñado que los demás han de estar por delante de nosotros y esto es falso. No podemos estar nunca bien con los demás si antes no hemos satisfecho nuestras propias necesidades, si no nos concedemos un lugar alto en nuestra escala de prioridades.

Si anteponemos las necesidades ajenas a las propias, llegará un momento en el que acabemos hastiados y entonces saldremos todos perdiendo: nosotros y nuestros alrededor.
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Ese “egoísmo” se traduce supuestamente en ser una mala persona, y por lo tanto en que los demás nos rechacen. Como no queremos que esto ocurra, gastamos nuestras energías con ánimo de satisfacer a los demás y en consecuencia nos dejamos de lado a nosotros mismos. Por eso notamos que las piezas de afuera no encajan del todo y que nos sentimos vacíos: nos hemos abandonado y el abandono, precisamente, no demuestra amor hacia nuestra persona.

¿Cómo empezar a quererme a mi mismo?

Para ganar en autoestima hay que emprender acciones encaminadas a tratarnos bien. Un ejercicio por el que podemos comenzar es escribiéndonos una carta de amor a nosotros mismos. Lejos de ser vanidosos, debemos de ser realistas. Simplemente nos queremos y vamos a demostrárnoslo, al igual que se lo demostramos a otras personas.

Te sorprenderá lo complicado que es el ejercicio, ya que como hemos dicho antes, no estamos acostumbrados a elogiarnos. Enseguida te saltará tu diablillo interior para decirte que eres un egoísta, ególatra, vanidoso y mil cosas más. No lo escuches y sigue queriéndote.

Mujer con un girasol sonriendo

Por otro lado, es hora de que comiences a evaluarte de manera realista. Conócete y se claro contigo mismo: sabes tus virtudes y tus limitaciones. Cíñete a ellas y emprende lo que sabes que está en dentro de tus capacidades y posibilidades. No pienses que no puedes y que no va a salir bien, cuando en el fondo sabes que sí.

Por último, haz día a día una acción que te acerque a tus objetivos y metas. Si lo consigues, prémiate y felicítate por ello. Esto hará que tu autoestima aumente, pues te estarás diciendo a ti mismo que “tú puedes”. Eso sí, olvídate del perfeccionismo y actúa de todos modos sabiendo que eso no existe.

Notarás como esa pieza va encajando y sentirás que ya no eres tan dependiente de lo exterior ni necesitas de forma absoluta el amor y la aceptación de los demás, pues con la tuya ya te sientes completo.

Alicia Escaño Hidalgo

La psicología me enseñó que ser feliz es una decisión.

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