¿Por qué los bebés se calman cuando los cargas del lado izquierdo?

Edith Sánchez · 20 enero, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 20 enero, 2020
Como dato curioso, se examinaron 477 cuadros de la Virgen María con el niño y en 373 de ellos el pequeño está cargado del lado izquierdo. Este curioso dato es consecuente con una realidad que también se ve en la vida cotidiana: los bebés se calman cuando los cargan de ese lado y por eso el 80 % de las madres lo hacen instintivamente.

Muchas madres aprenden de manera inconsciente que los bebés se calman cuando los cargan del lado izquierdo. Este hecho es simple y enigmático a la vez. La crianza inicial en los humanos es mucho más compleja que en otras especies, porque el hombre es uno de los animales más frágiles al nacer y tarda mucho tiempo en valerse por sí solo.

En los humanos, la madre tiene que jugar un papel mucho más activo en los cuidados de su hijo durante los primeros meses de vida. A veces, por ejemplo, el bebé no logra succionar adecuadamente la leche y la madre tiene que ayudarle.

Algunos estudios llevados a cabo en Estados Unidos y reseñados por Desmond Morris en su libro El mono desnudo dan cuenta de que los bebés se calman cuando los cargan del lado izquierdo. A su vez, se sabe que el 80 % de las madres los cargan de ese lado, sin habérselo propuesto conscientemente. ¿Por qué ocurre esto?

Un bebe es algo que llevas dentro de ti nueve meses, en tus brazos tres años y en tu corazón hasta que mueres”.

-Mary Masón-

Niño llorando

Cargar a los bebés del lado izquierdo

Las investigaciones en los Estados Unidos concluyeron inicialmente que las madres acunaban a los niños del lado izquierdo y tendían a apoyarlos de esa zona de su cuerpo para dejar la mano derecha libre. La mayoría de las madres son diestras y por eso se creyó que la motivación de este comportamiento no iba más allá.

Sin embargo, se llevaron a cabo observaciones y pruebas con madres zurdas para comprobar si ellas cargaban a los bebés del lado derecho. Al final se estableció que el 78 % de las madres zurdas también acunan a los niños del lado izquierdo, lo cual descartó la hipótesis de las razones prácticas para hacerlo.

Más adelante se comprobó que este no era un simple gesto automático de las madres, sino que el mismo producía una reacción en los bebés. Se encontró que los bebés se calman antes cuando se les carga del lado izquierdo. El estudio llegó a conclusiones muy interesantes.

¿Por qué los bebés se calman en esta posición?

Al avanzar en las investigaciones se formuló una hipótesis que resulta muy plausible. Todo indica que cuando el bebé está en el claustro materno experimenta constantemente una sensación que se queda profundamente fijada en él. Tiene que ver con el sonido que produce el latido del corazón de la madre.

En el útero, que es su mundo conocido, ese latido materno forma parte del escenario natural de la vida. Cuando el pequeño nace, se encuentra con un mundo muy diferente que exige múltiples adaptaciones. Para el niño, mucha de la estimulación que recibe puede ser sorprendente y desagradable: no hay otro lugar en el mundo más tranquilo y acogedor que el vientre de la madre.

Aunque algunas de las sensaciones del mundo exterior le recuerdan ese útero de donde viene, ninguna como el latido del corazón lo remite a ese paraíso perdido. Cuando las madres cargan a los niños del lado izquierdo, ellos vuelven a escuchar ese mismo latido; un sonido familiar que hace que se sientan más seguros. Por eso los bebés se calman en esa posición.

Algunas evidencias al respecto

Los experimentos reseñados por Morris corroboran la hipótesis de que los bebés se calman cuando los cargas del lado izquierdo.

En la sala-cuna de un hospital los bebés fueron divididos en dos grupos de nueve pequeños cada uno. A uno de los grupos se le dejó en silencio, mientras que al otro se le puso la grabación del latido del corazón humano, a razón de 72 latidos por minuto.

En el grupo de bebés que estaban en silencio, hasta el 60 % de los pequeños permanecían inquietos. En el otro grupo, solo el 38 % mostraban inquietud. Además, estos últimos mostraron con el tiempo mayor aumento de peso. En otro experimento similar, se comprobó que los niños que escuchaban los latidos se dormían más rápido que los que no lo escuchaban.

Algunos teóricos sugieren que de esas sensaciones tan primarias viene nuestra tendencia a ubicar los sentimientos en el corazón y no en la cabeza.

Así mismo, se ha comprobado que la música que incluye “sonidos sincopados”, o similares a los de un corazón, también tiende a calmarnos en nuestra vida adulta. Hay sensaciones que nacen con nosotros y parecen quedarse ahí para siempre.

Maldonado, M., Lecannelier, F., & Lartigue, T. (2008). Aspectos evolutivos de la relación madre-bebé. Perinatología y reproducción humana, 22(1), 15-25.