¿Por qué me enamoro tan fácilmente?

25 Septiembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
Los enamoradizos no son siempre personas felices. Detrás de quien se ilusiona al instante hay una peligrosa tendencia a idealizar, así como determinadas carencias que buscan ser nutridas con amores que rara vez duran y que a veces hasta duelen.

¿Por qué me enamoro tan fácilmente?, ¿por qué me ilusiono enseguida a pesar de tener tantas historias fallidas a mis espaldas?”. Son muchas las personas que se hacen estas mismas preguntas a diario, incapaces de entender el por qué de esos sentimientos atolondrados, de esa sensación de efusividad cada vez que alguien nuevo irrumpe en sus vidas.

Dicen que la personalidad enamoradiza es aquella que va saltando de flor en flor, que les define la inmadurez emocional y hasta ciertos sentido de irresponsabilidad. Al fin y al cabo, en ocasiones, dejan una relación para iniciar una nueva, desechando amores para abrazarse a unos nuevos y aprovechar ese “subidón de dopamina y serotonina”. Ahora bien, más allá de si esto puede ser o no aplicable a todos los casos, hay un hecho innegable.

También se sufre. Quien se define por esa volatilidad afectiva, por enamorarse cada dos por tres, por ilusionarse con unos, aburrirse de otros, soñar con ese nuevo vecino, desear a esa nueva compañera de trabajo o empezar a ver de otro modo a esa persona que cada día sirve el café, sufre decepciones y puede ser herido de muchas maneras.

No todos los amores son correspondidos. Y no todas las parejas acaban siendo lo que uno pensaba en un primer momento. Porque el enamoradizo siempre se precipita, corre el peligro de ver lo que no es y, en ocasiones, hasta deja a un lado su autoestima y dignidad. Analicémoslo con detalle.

Pareja simbolizando la cuestión de ¿por qué me enamoro tan fácilmente?

¿Por qué me enamoro tan fácilmente? Estas son las causas

Nada es tan emocionante como enamorarse. El cerebro queda atrapado en ese naufragio químico orquestado por los neurotransmisores. La mente se inflama de ilusiones, fantasías y deseos. Pocas cosas son tan agradables como esa atracción que de buenas a primeras podemos llegar a experimentar por ese alguien que, de pronto, irrumpe en nuestra vida.

Arthur Aron, psicólogo social experto en motivación de la Universidad de Nueva York, nos habla en un estudio de un término interesante: la expansión del yo. Cuando conocemos a alguien deseable, cuando irrumpe en nuestra vida una persona que nos atrae, esa intensidad emocional nos magnifica, renueva las expectativas y hasta ponemos más atención en nosotros esperando ser deseables para el otro.

Podríamos decir que al enamorarnos no solo la vida se ve de otro modo, también nosotros nos vemos diferentes. Es como revestirnos de una positividad efervescente y esa sensación puede resultar muy adictiva para las personas enamoradizas. No obstante, veamos más razones que pueden explicar este hecho.

Tendencia a idealizar: una forma de sufrimiento

“¿Por qué me enamoro tan fácilmente?”. En ocasiones, tras esta cuestión hay una respuesta muy concreta: porque idealizas en exceso. Puede, tal vez, que seas de esas personas con una tendencia natural a poner un filtro dorado a los demás, colocando ingredientes extra en quien te atrae, en quien llama tu atención.

Decía Sigmund Freud que, en ocasiones, cuando elegimos a alguien lo que hacemos es dotarlo de dimensiones que a nosotros nos gustaría tener: seguridad personal, ingenio, originalidad, carisma, encanto, brillantez intelectual… Es decir, los enamoradizos pueden proyectar sobre los demás aquello que ellos más admiran y desean.

Baja autoestima: busco a cualquiera que llene mis vacíos

Cuando uno camina por el mundo con una notable baja autoestima busca a la desesperada algo o alguien que cubra sus carencias, sus inseguridades. Así y casi sin darnos cuenta, nos sentimos atraídos por cualquiera que nos trate bien, por quien nos haga un halago, nos trate con cariño o destaque alguna de nuestras virtudes.

Cuando uno se ama muy poco o nada, se conforma con migajas.

Me ilusiono enseguida  (la adicción al enamoramiento)

Hay adictos al enamoramiento, pero no al amor. Es decir, quien se pregunte eso de “¿por qué me enamoro tan fácilmente?” debe plantearse que, tal vez, sea adicto a la dopamina, a ese neurotransmisor que emerge con fuerza en las primera frase de la atracción. Es ese amor engañoso que surge con la atracción, con la mente que se ilusiona, que fantasea y divaga con el puro deseo.

Esas sustancias que segrega el cerebro en las primeras etapas del enamoramiento son muy placenteras. Tanto, que uno siempre acaba cayendo en ellas. Aún no acabamos de iniciar una relación con alguien cuando al poco surge un desconocido o desconocida que nos atrae de manera irremediable. Independiente de si eso acabe en un encuentro sexual o no, en una relación o no, el cerebro no puede evitar ilusionarse.

Chica preguntándose por qué me enamoro tan fácilmente

La personalidad dependiente

Detrás de la personalidad dependiente está, a menudo, el miedo a la soledad. También el perfil de quien necesita tener siempre a alguien de la mano, sin necesidad de que ese alguien, sea el apropiado. Lo importante es tener a una persona al otro lado de la almohada, al otro lado del sofá.

Ese temor y esa angustia a la soledad hace que se sientan atraídos por cualquiera que, en un momento dado, muestre interés por ellos. Algo así puede hacer que vayan «saltando» de persona y persona y relación y relación, cada vez que alguien demuestre algún tipo de deferencia o deferencia.

¿Por qué me enamoro tan fácilmente? Porque no aprendo de las experiencias pasadas

Hay personas que no aprenden de sus errores. Es más, por muy dolorosas que hayan sido las experiencias del pasado, las vuelven a repetir. ¿Por qué sucede? Respecto a este tema hay un dato interesante. Tilmann Klein y el Dr. Markus Ullsperger del Instituto Max Planck de Leipzig, (Alemania) nos hablan en un artículo los avances de una investigación que están realizando.

La razón por la que algunas personas no aprenden de sus fracasos o errores, podría tener un origen genético y orquestado por lo que se conoce como mutación A1. Esta alteración lo que hace es reducir el número de receptores D2 en el cerebro, que son los sitios donde se acopla la dopamina.

¿En qué se traduce esto? En no tener ya ningún interés ni motivación en aprender de los fallos del pasado. De forma que uno los repite de manera continuada.

Para concluir, no deja de ser importante conocer qué orquesta el comportamiento enamoradizo. Saber la causas que motivan el que uno se ilusione casi de manera constante de unas personas y después de otras nos puede ayudar a controlarlo. Al fin y al cabo, estas situaciones lo último que traen es felicidad. Pensemos en ello.

  • Aron, A & Aron, EN. (1986). Love and the Expansion of Self: Understanding Attraction and Satisfaction, New York, NY, US: Hemisphere Publishing Corp/Harper & Row.