¿Por qué no nos gusta el sonido de nuestra propia voz?

El sonido de la propia voz sorprende, pudiendo llegar a desagradar -cuando, al emitirla, no tenemos esta sensación-. Si tienes curiosidad, ¡aquí te lo explicamos!
¿Por qué no nos gusta el sonido de nuestra propia voz?
Sara González Juárez

Escrito y verificado por la psicóloga Sara González Juárez el 29 Mayo, 2021.

Última actualización: 29 Mayo, 2021

Escuchar una grabación de nuestra propia voz despierta muchas veces una sensación de vergüenza o desagrado difícil de explicar. Además, esto viene acompañado por la certeza de que lo que escuchamos no tiene nada que ver con el sonido real de nuestra voz.

Las redes sociales y, en general, las nuevas formas de comunicación de la época actual han popularizado las grabaciones. Esto ha hecho que empecemos a escuchar con frecuencia nuestra propia voz desde el lado del receptor.

Pero, ¿a qué se debe esta sensación? ¿Por qué se escucha tan distinta la voz en una grabación? Las respuestas llegan a través de dos vías: la física y la psicológica. En este artículo tienes las claves para comprender cómo funcionan e interaccionan entre ellas, así que no te lo pierdas.

Mujer escuchando audio con el móvil

¿Cómo escuchamos la propia voz?

La primera parada es comprender cómo el cerebro procesa el sonido de nuestra voz. La sensación de irrealidad que aparece al oír una grabación en la que salimos hablando es de hecho natural: no es el mismo sonido que el cerebro ha catalogado como propio. Esto ocurre porque al hablar, las ondas sonoras llegan a través de dos vías:

  • Vía externa: nos escuchamos como cualquier otro sonido procedente del ambiente.
  • Vía interna: al mismo tiempo, esas ondas sonoras que proceden de las cuerdas vocales llegan hasta el sistema auditivo por reverberación a través del cráneo. Es decir, también nos oímos “por dentro”. Estas ondas sonoras tienen una frecuencia más baja, por lo que se oye en tonos más graves.

Las áreas corticales de procesamiento auditivo son las encargadas de procesar y catalogar este sonido. Por tanto, el cerebro hace una “media” entre las dos vías, con el resultado de que el sonido que identifica como la propia voz será ligeramente más grave que el que se escucharía desde fuera.

Relación entre sonido y autoconcepto

La otra explicación es de índole psicológica. A nivel de pensamiento, la propia voz es una de las múltiples facetas que componen el autoconcepto. Es decir, que la propia identidad no solo se basa en conceptos y opiniones que uno tiene sobre sí mismo, sino que tiene un componente sensorial, desde la imagen que se ve en el espejo hasta el sonido de la propia voz.

Evidentemente, cuando la mente encuentra algo que no está en consonancia con la propia identidad, activará de forma automática los mecanismos que salvaguardan el autoconcepto. Por eso, la primera reacción a una voz que no parece la nuestra es pensar “no es así como sueno”.

A esto se le añade otro factor, el social: que otras personas corroboren que es así como suena la propia voz desde fuera es un añadido más a la sensación de extrañeza. Hay personas a las que incluso les desagrada su voz por esta disonancia.

Hombre con cara desagradable al escuchar su voz

Notas de voz en épocas modernas

Claramente, desde la aparición de los dispositivos móviles y los chats instantáneos, escuchar la propia voz se ha vuelto una experiencia mucho más frecuente y cotidiana. Esto, como cabría esperar, ha tenido influencia sobre la percepción colectiva acerca de la propia voz.

Para que te hagas una idea de cómo se ha ido desarrollando esta percepción, aquí tienes una pequeña cronología:

  • En un estudio realizado en 1967, se presentaron estímulos a diferentes sujetos para comprobar hasta qué punto se reconocían en ellos. Los resultados mostraron que tan solo un 38 % de los voluntarios fueron capaces de reconocer su voz de inmediato.
  • Más adelante, en 2010, en otro estudio que comparaba la velocidad de autorreconocimiento por vía visual y auditiva, reveló que este porcentaje de gente que reconocía su propia voz era del 89-93 %.
  • En cuanto al efecto de desagrado frente al sonido de nuestra voz, en un estudio realizado en 2013 se encontró que si no se avisa al sujeto de que va a escuchar su propia voz, este la evaluaba de una forma más favorable que si se le advertía antes.

Conocer nuestra voz y trabajarla trasciende más allá de la opinión que podamos tener sobre ella. En ámbitos como la musicoterapia, la dramaturgia e incluso la autoestima se trabaja tanto la voz interna como la externa por el impacto que tiene en el propio concepto de la identidad de la persona.

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