¿Por qué nunca me enfado?

31 Julio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Angela Carrascoso Tobias
¿Has sentido alguna vez que no podías expresar el enfado que en realidad sí sentías por dentro? Cuando alguien te ha dañado, ¿lo has pagado contigo con pensamientos o conductas que te han aumentado el tamaño de la herida? Si es así, este artículo es para ti.
 

El enfado, a pesar de su mala fama, bien gestionado es una ayuda muy valiosa. De hecho, algunas personas pueden sentir que no son capaces de enfadarse, aun cuando han sido dañadas o tratadas con injusticia. Una incapacidad percibida que hace que se sientan mal.

En realidad, para ser precisos, estas personas sí se enfadan; son capaces de sentir que otros han violado sus derechos. Lo que sucede es que su estrategia de afrontamiento es la de una contención extrema, guiada muchas veces por la inseguridad y las escasas habilidades sociales. Así, lo que consiguen es que la energía de la emoción se vuelva contra ellas y su bienestar.

Mujer enfadada

¿Por qué a veces es necesario el enfado?

El enfado, como el resto de emociones básicas, cumple varias funciones esenciales. A pesar de su reputación como emoción negativa, es necesaria cuando aparecen situaciones que pueden atentar contra la integridad. Es decir, el enfado cuenta con un papel básico en la supervivencia y, por consiguiente, en la función evolutiva como especie.

 

Fisiológicamente, el enfado es fácil de identificar. Se produce un aumento de neurotransmisores como la adrenalina y la noradrenalina, hormonas implicadas en emociones como el miedo y la agresividad. Además, se dispara la presión arterial y la respiración. El cuerpo se prepara para la confrontación.

Más allá de los términos de supervivencia, el enfado es instigador del cambio. Mantenerse en el enfado es una situación displacentera que obliga, con su gran aporte energético, a cambiar aquello que nos molesta. También puede motivarnos a defender los límites personales cuando tienen peligro de ser vulnerados.

¿Por qué me cuesta tanto expresar el enfado?

Hay personas que se sienten incapaces de expresar enfado. Y no nos referimos a una cuestión de intentar controlar ciertos impulsos para lograr llegar a buen puerto.

Cuando una persona siente que no se enfada nunca puede verse inmersa en situaciones dañinas precisamente por no haber reaccionado en situaciones similares y precedentes. A continuación, describimos algunos factores que explican el fenómeno.

 
  • La sociedad de la happycracia. No vale estar enfadado, triste o tener miedo. Hay que ser feliz todo el tiempo. En esta nueva moda, el enfado pertenece a ese grupo de emociones mal llamadas negativas e inaceptables en cualquier situación.
  • Si me enfado, pueden enfadarse. El miedo a la reacción de los demás puede ser una razón para no expresar el propio enfado. Si existe un rol muy rígido de ser siempre una persona alegre o comprensiva, puede ser especialmente difícil atreverse a mostrar esta parte inexplorada a los demás.
  • Las personas allegadas no se enfadaban o, por el contrario, siempre lo hacían. La herencia familiar implica, entre otras cosas, el aprendizaje de cómo las principales figuras de apego manejaban las diferentes emociones. Puede que se perteneciera a una familia reacia mostrar el enfado. De la misma forma, cuando una persona vivió situaciones de expresión de la ira dañinas puede haber desarrollado una evitación de la expresión del enfado como mecanismo de defensa.
 
  • Dificultades en la esfera social o relacionadas con la timidez. Cuando existen este tipo de dificultades sociales puede ser habitual no mostrar este tipo de emociones por el enorme estrés que produce de por sí esta interacción. La persona se siente tan tensa o ansiosa socialmente que puede ser incapaz de mostrar emociones de forma natural.

¿Pasa algo si realmente no soy capaz de expresarlo?

Existen varias razones por las que una persona puede tener dificultades con las emociones relacionadas con la ira o el enfado; algo que puede tener consecuencias en diferentes ámbitos de la vida personal.

Como explicábamos anteriormente, esta es una emoción básica con diversas funciones a nivel psicológico y fisiológico. Por tanto, ¿qué puede ocurrir si se tiende a reprimir siempre el enfado?

Para responder a esta pregunta es interesante poder plantearse las siguientes preguntas pensando en situaciones concretas: “¿en qué situaciones has sentido que debías enfadarte, a pesar de no lograrlo?” y “¿qué consecuencias acarreo la represión del enfado?”. Quizás, después de esta reflexión, puedes haberte visto reflejado en alguna de estas situaciones:

 
  • No fuiste capaz de poner límites a los otros. Sea en el ámbito laboral, social, amoroso u otros, la represión del enfado puede impedir que se logren conductas plenamente asertivas. Esta incapacidad se relaciona, habitualmente, con un estilo de comunicación pasivo.
  • Sensación de estancamiento. Puedes sentir que, desde hace tiempo, algo no va bien o que necesitas un cambio. Sin embargo, la dificultad para la expresión de la ira puede imposibilitar la sensación de incomodidad que precede al cambio.
  • La propia emoción no se pudo aliviar y más tarde se desbordó. Cuando reprimimos cualquier emoción no tiende a desparecer por arte de magia. De hecho, la propia expresión de ellas conduce a una descarga emocional que alivia la tensión producida. Puede ser que al no dar este espacio para expresar el enfado, la ira tenga un efecto acumulativo que más tarde estalle con cualquier mínimo estresor.
Pareja enfadada gritándose
 

El enfado que libera y da aliento

A pesar de su fama como emoción negativa, el enfado cumple una función reguladora en los seres humanos. De hecho, es una gran instigadora de cambios a nivel personal y social, un mecanismo de defensa ante agentes que atentan contra la integridad personal y, por último, goza de tener un papel amortiguador de la angustia cuando lo gestionamos bien.

En cambio, algunas personas se sienten incapaces de expresar y vivenciar las emociones relacionadas con el enfado y la ira. El refuerzo social de la sonrisa o las propias vivencias personales de cómo los allegados han lidiado con estas emociones pueden ser un obstáculo para la expresión adaptativa del enfado. También, la represión de la ira puede relacionarse con problemas de timidez o miedo a la reacción de los otros.

Así, en caso de dificultad, es especialmente importante trabajar la expresión adecuada del enfado. De lo contrario, es posible que no respondamos de manera no asertiva cuando sea necesario hacerlo, que lleguemos a experimentar un cierto estancamiento vital o que lleguemos a acumular tanta rabia que nos termine desbordando.

 

Encontrarás situaciones que requieran calma, que acaben en lágrimas o con una profunda angustia. De la misma forma, habrá situaciones en las que te sientas especialmente dañado o estancado; quizás, entonces, necesites manifestar el enfado. Ese enfado que, expresado de manera inteligente, libera, da aliento y nos pone a salvo.