¿Por qué olvidamos algunos de nuestros sueños?

7 octubre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
Gran parte de nosotros olvidamos los sueños poco después de despertar. Nos quedan las sensaciones y alguna imagen suelta que acaba desvaneciéndose también. ¿Por qué ocurre? ¿Por qué nuestro cerebro no nos permite recordar esos universos oníricos?

Pasamos buena parte de nuestra vida durmiendo, inmersos en ese sugerente universo onírico; por otro lado, buena parte del material que producimos entonces queda olvidado. ¿Por qué ocurre? No importa que esas experiencias sean increíblemente intensas y casi vívidas, al poco de despertar, se nos escapa cada imagen, cada fragmento y recuerdo como el humo sometido a una corriente de aire.

Lo más llamativo de todo es que, durante un breve instante de tiempo, tenemos la sensación de que, si nos esforzáramos un poco más, podríamos recuperar ese recuerdo. Ahora bien, de nada sirve concentrarnos, porque con lo único que nos quedamos a menudo es con la impronta emocional del propio sueño o, en su caso, la pesadilla.

Decía William Shakespeare que las personas estamos hechas del mismo material que se tejen los sueños. Es cierto, tras esa poética imagen se halla una verdad innegable. El acto de soñar combina una sugerente combinación de procesos mentales donde se incluyen nuestros recuerdos, experiencias vividas y a su vez, unas cuantas pinceladas de creatividad, de surrealismo y fantasía. El ser humano también cuenta con esos fabulosos ingredientes.

No obstante, cómo negarlo. Nos encantaría poder recordar cada sueño y la razón de ello se encuentra en la clásica creencia de que al desgranar cada imagen, palabra, sensación y hechos acaecidos en ese tejido onírico, podríamos quizá, conocernos un poco mejor.

«La función principal de los sueños es intentar restablecer nuestro equilibrio psicológico».

-Carl Jung-

Mujer durmiendo representando por qué olvidamos algunos de nuestros sueños

¿Por qué olvidamos algunos de nuestros sueños? Dos teorías nos dan la respuesta

Hay quien tiene la curiosa virtud de recordar muchos de sus sueños. Son esas personas que no dudan en compartir con los demás dichas experiencias, intentando, como es habitual, buscar simbolismos e interesantes interpretaciones. Otros, en cambio, rara vez recuerdan algo de su universo onírico; son esos que no dudan en exclamar aquello de «está claro que yo no sueño».

Sin embargo, debemos tenerlo claro: todos soñamos, soñar no solo nos permite favorecer ese descanso profundo y reparador esencial para nuestra salud. Es más, el cerebro necesita de dicho proceso para asentar aprendizajes, eliminar datos que no nos sirven y llevar a cabo tareas metabólicas para su correcto equilibrio. Es decir, realizar una especie de tarea de poda.

Así, como suelen decirnos los expertos, si vivimos 90 años pasaremos unos 30 durmiendo, 22 sumidos en un sueño profundo y 7 soñando. De esos siete años, sin embargo, apenas recordaremos nada. Entonces, ¿por qué dedicar tiempo a algo que resulta tan poco productivo en contenido?

El hipocampo no presta atención a tus sueños

Cuando nos dormimos, no todas las regiones cerebrales se «desconectan». Sabemos que hay áreas increíblemente activas y, una de ellas, una que tarda bastante en reducir su actividad para descansar, es el hipocampo. Esta área se relaciona con nuestra memoria y es la encargada de llevar a cabo tareas cruciales mientras dormimos.

Lo que hace, básicamente, es pasar la información relevante almacenada en la memoria a corto plazo al área de la memoria a largo plazo. El hipocampo está, por así decirlo, «concentrado» en unas tareas muy concretas. Esas labores le impiden estar atento a nuestro mundo onírico; de hecho, no lo ve como algo importante. Su trabajo en esos momentos se basa en consolidar aprendizajes y recuerdos.

Lo que sucede en nuestros sueños no le interesa demasiado. Esto es al menos lo que nos señalan diversos estudios como el realizado por Thomas Andrillon, neurocientífico de la Universidad de Monash en Melbourne, Australia. Así, tal y como puede verse en las resonancias magnéticas, el hipocampo envía información a la corteza, pero él, por su parte, no recibe ninguna.

A veces, puede recoger y guardar algo, alguna imagen, sensación o breve escena. Esa probabilidad aumenta en caso de que nos despertemos después del sueño. En dichas situaciones, ha quedado demostrado que el recuerdo de esa experiencia onírica dura apenas un minuto o dos. Al poco, volvemos a olvidarlo.

Cerebro representando por qué olvidamos algunos de nuestros sueños

Niveles bajos de acetilcolina y la noradrenalina

Hay una segunda razón por la cual olvidamos algunos de nuestros sueños. Esa teoría (y complementaria a la anterior) se centra en dos neurotransmisores muy concretos: la acetilcolina y la adrenalina. Algo interesante que debemos saber es que, cuando nos quedamos dormidos, estas dos sustancias bajan sus niveles de manera drástica en nuestro cerebro.

Ese fenómeno se traduce en una menor capacidad para asentar recuerdos. No obstante, aún hay más. Se ha podido demostrar que cuando entramos en la fase REM, momento en que cruzamos el umbral de los sueños para sumergirnos en su reino, la acetilcolina se eleva repentinamente, pero no así la adrenalina. Por tanto, para que pudiéramos recordar lo que se sucede en ese tejido onírico, deberíamos tener unos niveles altos de ambos neurotransmisores. No vale con tenerlos de uno solo.

¿Por qué olvidamos algunos de nuestros sueños y otros, en cambio, sí los recordamos?

Sabemos ya que existen dos factores por los que olvidamos algunos de nuestros sueños. El hipocampo y neurotransmisores, como la adrenalina y la acetilcolina, dificultan que podamos asentar recuerdos mientras dormimos. Ahora bien, expertos en el tema, como el investigador del sueño Ernest Hartmann, profesor de psiquiatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Tufts, señalan que hay otra razón más que favorece el olvido.

El cerebro no considera los sueños como algo trascendente. No les ve utilidad alguna. Ahora bien, cuando sí los recordamos es por una razón muy llamativa: porque tienen un componente emocional. Cuanto más intenso sea, y cuanto más coherente sea su narrativa, tendremos más probabilidades de recordarlo.

Para concluir, los sueños siguen siendo ese enigma que tanto nos ha atraído siempre. Tanto Freud como Carl Jung, los consideraban indispensables para conocer mejor al ser humano. Sin embargo, el propio cerebro los deshecha e impide que los recordemos; para él, curiosamente, no son tan relevantes como lo pueden ser para nosotros.

  • Vallat, R., Lajnef, T., Eichenlaub, J. B., Berthomier, C., Jerbi, K., Morlet, D., & Ruby, P. M. (2017). Increased evoked potentials to arousing auditory stimuli during sleep: Implication for the understanding of dream recall. Frontiers in Human Neuroscience11. https://doi.org/10.3389/fnhum.2017.00132