¿Por qué siento rencor?

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Dolores Rizo
· 9 mayo, 2015

El rencor es una emoción que no nos permite olvidar una situación que ha ocurrido y en la que nos hemos sentido dolidos o dañados. Es por este dolor por lo que buscamos devolver de alguna forma el daño que nos han causado, esperando el mejor momento para ello. Pero esto, solo nos aporta malestar postergado del tiempo.

El rencor es en realidad una emoción no resuelta, debido a una situación que nos causó malestar y que no afrontamos, sino que callamos y guardamos, por tiempo, prolongando así nuestro malestar indefinidamente.

«Si no estás muerto todavía, perdona. El rencor es denso, es mundano; déjalo en la tierra: muere liviano.»

-Jean-Paul Sartre-

El rencor permanece, y con él el sufrimiento, debido a que existe una sensación de resentimiento en nuestro interior que no nos permite resolver y con ello guardamos nuestros recuerdos de dolor.

¿Qué es el resentimiento?

Hombre de espaldas que siente odio

El resentimiento es la antesala del rencor. Es una emoción de dolor, enfado y rabia, ante una situación vivida o hacia una persona que nos causó malestar.

Estar resentido significa no haber olvidado lo ocurrido y, por tanto, permanecer con el dolor, el enfado y la rabia, como si acabase de ocurrir. El resentimiento nos impide vivir en el presente, llevando siempre la carga de lo ocurrido, así como la presencia de las emociones generadas, como el dolor, el enfado, la tristeza, la rabia y el rencor.

Estar resentido es una carga con la que no se avanza hacia el futuro. Existe un bloqueo por resolver que nos impedirá mirar hacia adelante, o nos hará evitar situaciones del presente por el recuerdo y el dolor de lo ocurrido, por tanto no permitiéndonos disfrutar del momento actual.

¿Qué ocurre cuando siento rencor?

El rencor no nos permite “pasar página”, ya que espera el momento para saldar su dolor. Por tanto, las actitudes de la persona rencorosa girarán en torno a restablecer su equilibrio, “haciendo pagar por lo ocurrido” a la persona que culpa de su sufrimiento. Es una emoción que promueve la venganza, la hostilidad y la agresividad, así como el odio hacia la persona que considera responsable del sufrimiento o el daño sentido.

Es importante, ser consciente de que la única persona que está sufriendo todavía por lo ocurrido es uno mismo. Tanto el resentimiento como el rencor, no hacen más que prolongar el sufrimiento sin resolverlo. Quizá la otra persona se haya olvidado ya de nosotros, sin embargo, seguimos anclados a una situación que ya pasó. Guardamos ira y rabia hacia una persona creyendo que de esta forma le causaremos algún tipo de daño. Cuando en realidad, el daño nos lo hacemos a nosotros mismos.

La venganza no es la solución al rencor

Hombre con cabeza de nubes por el rencor

La realidad es que el tiempo nos distancia de aquella situación vivida y de la persona con quien lo vivimos, y que lo más probable sea que nunca resolvamos nuestro rencor.

Y aunque existiese la posibilidad de la venganza, nunca será esta la solución a tanto malestar acumulado. Las consecuencias o el conflicto posterior a devolver el daño nunca nos hará sentir bien. El dolor ajeno nunca calmó el dolor propio. Por tanto, la venganza no es el camino que dará solución a nuestro sufrimiento.

«Dejar caer el rencor, la rabia, la violencia y la venganza son condiciones necesarias para vivir felices.»

-Papa Francisco-

¿Cómo liberarnos del rencor y el resentimiento?

En primer lugar, lo más conveniente sería resolver la situación cuando esta ocurre, para expresarnos y sentirnos respetados en el momento. Con ello no nos sentiremos resentidos, ya que habremos afrontado la situación y, por tanto, no existirá el rencor, ni todo lo que este conlleva.

Si ya nos encontramos viviendo con el rencor y el resentimiento, la forma de liberarnos será la aceptación de lo ocurrido y el respeto a cómo es la persona con la que hemos vivido la situación dolorosa. Aceptar no significa resignarnos o «tragar» con aquello que no nos gusta. El proceso de aceptación va más allá. Se trata de un proceso activo que trata de aceptar lo que ha ocurrido en el presente y a raíz de ahí tomar las mejores decisiones posibles.

Tras este trabajo de aceptación y respeto, solo nos quedaría decidir qué relación mantendremos con esa persona. Respetar no significa compartir su forma de hacer las cosas y, por tanto, no tenemos que volver a vivir una situación similar. Podemos decidir perdonar pero no volver a tener contacto con esa persona. El acto de perdonar no es sinónimo de olvidar, sino de no hacer más leña del árbol caído. Perdonar implica librarnos de una carga interior y estar en paz con nosotros mismos.

Con esto, sentiremos la liberación del sufrimiento. Así como una paz y serenidad que nos permitirá vivir el presente de una forma más feliz.