¿Por qué la parte rutinaria de nuestra vida es tan importante?

Pedro González Núñez · 22 septiembre, 2016

¿Aquellas personas que no paran un segundo son realmente más felices? Es decir, ¿es más divertido el mundo si estamos a todas horas haciendo actividades diferentes y variadas? Así pues, en este artículo nos planteamos si la vida rutinaria puede ser alegre y feliz o es precisamente la peor cárcel para la felicidad.

Dice Steve Maraboli que “La felicidad no es la ausencia de problemas, es la habilidad para tratar con ellos”. Trasladando la frase a nuestras vidas, pensemos a qué número de problemas nos enfrentamos todos los días y a cuántos de esos problemas les encontramos una solución exitosa simplemente repitiendo lo que hicimos el día o la semana anterior.

¿Qué es la vida rutinaria?

Antes de comenzar a desarrollar los beneficios de la vida rutinaria, es importante aclarar a qué nos estamos refiriendo. En este sentido, los doctores Fredy González y Margarita Villegas han estudiado las ventajas de la cotidianidad.

Manos con ordenador

Podemos definir la rutina como el conjunto de costumbres y hábitos personales. Como es lógico, son necesarios para una convivencia adecuada en sociedad. De hecho, son muy positivos en la vida de los niños, pues les confiere seguridad y tranquilidad; en la de los adultos porque evita que se multiplique el número de decisiones que tenemos que tomar. La tomamos un día, vale para muchos.

Además, los doctores González y Villegas asumen en sus estudios que aporta espacios para conocer el medio social a partir de lo individual. Crea producción de conocimientos, habilidades, comportamientos y actitudes necesarias para nuestra parte más social.

Beneficios de la vida rutinaria

Ahora, vamos a tratar de exiliar a la palabra rutina del diccionario negativo de nuestra mente. Verás que no es necesario estar a todas horas haciendo algo diferente para ser feliz y sentirse realizado. Todo depende en realidad de nuestra manera de ver y aceptar el mundo.

Comodidad

Una vida rutinaria es especialmente cómoda. Piensa que todos los aspectos de tu mundo están claros. Tienes tu jornada laboral, tus relaciones familiares definidas, tus amigos decantados, etc. Es decir, la rutina te libera en determinados momentos de una gran presión.

Una vida rutinaria produce espacios cómodos que te confieren seguridad, igual que lo hace con los niños. Nada suele escapar de tu control. Eso sí, es necesario ser precavidos para que posibles cambios no nos supongan un trauma monumental. Sería beneficioso ser conscientes de que la comodidad no es eterna, pero siempre podemos volver a rehacer nuestros espacios de tranquilidad y confort.

“La vida es cambio. El crecimiento es opcional. Elige de forma inteligente”

-Karen Kaiser Clark-

Madre con su hija en el sillón

Seguridad

En un mundo rutinario, la seguridad es otra máxima. En el fondo, nunca dejamos de ser niños del todo, y como tales podemos ser inseguros. No obstante, sabiendo que tenemos nuestras cuestiones básica cubiertas, tenemos la posibilidad de encontrarnos mucho más relajados y de aventurarnos a explorar lo nuevo con la sensación de que contamos con una base sólida, una identidad que no se va a difuminar.

Así, los usos y costumbres nos permiten ser previsibles, por lo que la predicción de las consecuencias de nuestros actos se vuelve más certera. De esta manera, evitamos errores y equivocaciones que puedan importunarnos. La inquietud desaparece de nuestro mundo en gran medida. También la ansiedad y las preocupaciones.

Organización temporal

Una vida rutinaria facilita la organización temporal adecuada. Gracias a los hábitos podemos gestionar los tiempos y disfrutar de su beneficios. El día parecerá tener más horas de lo normal, pues podrás hacer cuanto deseas si usas el sentido común para repartir tareas.

Las rutinas se asocian a términos como eficiencia y eficacia. Un mundo bien organizado aprovecha mejor su tiempo, evita caer en el caos excesivo y permite encontrar un equilibrio personal adecuado para nuestra mente.

La rutina como pauta de aprendizaje

La rutina también puede servir como una pauta básica de aprendizaje. Caminar, hablar o leer necesitan de persistencia y trabajo. No nacemos con muchas habilidades adquiridas. Así pues, gracias a los hábitos y una vida rutinaria podemos perfeccionar un buen número de competencias fantásticas para nosotros mismos.

persona leyendo un libro

De hecho, una de las competencias más valoradas hoy en día es la creatividad. Y esta no es exclusiva de personas con una vida aventurera o una mente caótica, eso seguro. Se puede aprender y trabajar estrategias de las que surjan precisamente estas soluciones creativas, y el hábito es ideal para ello.

“La vida no se trata de encontrarte a ti mismo, sino de crearte a ti mismo”

-George Bernard Shaw-

Puedes comprobar que las connotaciones negativas que le atribuyen a la locución “vida rutinaria” en parte son imaginarias. Todo depende de nosotros mismos. Saber establecer prioridades, organizar nuestro tiempo y fomentar aquellas habilidades que más necesarias son, requieren de hábito y trabajo, no lo olvides. No por buscar permanentemente la novedad se disfruta más.