Puedo olvidar lo que me hiciste, no lo que me hiciste sentir

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 26 abril, 2017
Cristina Medina Gomez · 9 octubre, 2015

Dicen que solo aquellas cosas que nos hacen vibrar y que nos provocan un escalofrío o un tumulto de sentimientos son difícil de olvidar y las que recordaremos por siempre. Tú me marcaste, fuiste algo así como una tormenta que me removió por dentro y logró encontrarme, aquella que sabía que traía consigo los momentos más felices que nadie me ha dado hasta ahora.

Probablemente, ahora que ha pasado tiempo, comience a olvidar. A olvidar quién eras, cómo era yo contigo y cómo nos sentíamos estando juntos. Incluso, lo más lógico es que acabes siendo una experiencia más de vida y un camino de aprendizaje. Sin embargo, habrá algo que va a quedar ahí y que llevaré siempre conmigo: el calor cuando hacía frío, el frío cuando necesitaba calor y cada tacto tuyo al corazón.  

Niña triste mirando una flor

Los errores se difuminan, los escalofríos nos identifican

Pensar en nosotros mismos es pensar en tiempo y en espacios: ¿qué fuimos? ¿qué somos? ¿qué seremos? Y parece que como respuesta lo único que tenemos es la memoria. La memoria es ante todo una forma de olvido, algo que ya supo expresar con certeza Benedetti.

Somos lo que recordamos y recordamos aquello que nos ha estremecido todas las partes del cuerpo, hasta las que no se ven. El resto de acontecimientos que nos han ocurrido o nos ocurren se pierden y se confunden en nuestra mente, de tal forma que incluso a veces llega un momento en el que no sabemos qué ocurrió en realidad: solo tenemos memoria de lo que sentimos por entonces.

“Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”

-Jorge Luís Borges-

Los errores que un día cometimos o que alguien cometió con nosotros llega un día en el que desaparecen, quedándonos el escalofrío, la cicatriz de aquello que tiempo atrás nos hizo ser lo que somos ahora: nos identifican ese montón de espejo rotos que nos forman y también aquellas pequeñas dosis de felicidad que nos han hecho creer que estábamos vivos de verdad.

Tú solo eres ya una emoción del pasado

Por lo ya comentado, es evidente que no podemos desprendernos del pasado definitivamente. Este es el motivo por el que las personas cómo tú que un día fueron mi presente y ya no lo son, siguen estando en mi vida en forma de recuerdos: esos que ya no son reales o palpables, sino que quedan en forma de emoción.

Nuestras emociones valieron y valen la pena por mí y por ti mismo, que estás leyendo esto. Si fue capaz de revolverte el estomago, no podrás olvidar la sensación que tuviste en ese momento: tú, aquella persona, ya no es lo que era, solo es esa esencia que nos tocó por dentro.

Puede que te hayan hecho daño, es verdad, como a mí; pero todo lo que duele suele haber acariciado antes. Y el dolor, el llanto pasa, pero la caricia continúa, estará siempre ahí contigo.

Cara de mujer con flores

Te doy las gracias por el dolor que me causaste

El corazón llora a veces tanto que parece que nunca va a olvidar lo ahogado que se encuentra. Sin embargo, es más sabio de lo que pensamos si lo dejamos ser: el corazón es capaz de eliminar los malos recuerdos y superarlos, quedarse con lo bueno y sobrellevar el pasado.

“Ese día me quedé pensando que algunas personas jamás nos dejan, nunca se van por completo, aunque ya no estén. Su esencia queda, su voz se escucha, las sentimos sonreír. Algunas personas jamás nos dejan. Son eternas.”

-Ilani ribero-

Cuando hablo de que el corazón es capaz de eliminar no quiere decir que los matices no sigan ahí, es solo que cuando el dolor deja de doler sabemos que lo hemos aceptado y hemos aprendido a ser con ello. De esta manera, llegará un momento en el que daremos las gracias por habernos caído, ya que solo así habremos aprendido a levantarnos y valoraremos más estar de pie.

No sirve de nada afrontar un paso reviviendo las situaciones en nuestra cabeza una y otra vez: la única forma de mirar al futuro es ir más allá de la suma de acontecimientos, llegar a las emociones y conocernos desde todas las perspectivas que la vida nos pone delante.

Imágenes cortesía de Davide Ortu, Karina Chavin, Gustavo Aimar