De puerta en puerta, la inspiradora historia de Bill Porter

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 21 febrero, 2018
Edith Sánchez · 21 febrero, 2018

Bill Porter fue una de esas personas que vino al mundo para dar una gran lección de vida. Tuvo el infortunio de nacer con parálisis cerebral, algo que dificultó el movimiento de sus brazos y piernas. También era algo que le impedía hablar de manera normal. Nació en San Francisco (Estados Unidos), pero a muy temprana edad se trasladó a Portland, Oregón, junto con su madre.

De niño tuvo que soportar las constantes burlas de sus compañeros de escuela. Esto, principalmente porque casi toda la parte derecha de su cuerpo a nivel nervioso estaba muy atrofiada. Eran los años 30 y había muchos prejuicios frente a las personas que se encontraban en su situación. Pocos comprendían que, si bien estaba limitado para ciertas actividades, eso no significaba que lo estuviera para todas.

Solo había una persona que confiaba ciegamente en él: su madre. Ella sabía que el chico era despierto y que se interesaba por aprender y evolucionar. Por eso, desde muy temprana edad, lo animó siempre a seguir adelante.

La medida de lo que somos es lo que hacemos con lo que tenemos”.

-Vince Lombardi-

La pasión que motivó a Bill Porter

Bill Porter no quería pasar la vida condenado a la inactividad. Su mente era inquieta y solo soñaba con ser útil y emprender un camino de evolución. Pese a su condición, adoraba las ventas. Le gustaba el contacto con los demás y veía en ese oficio una gran oportunidad de progreso. Fueron muchos los que le dijeron que, en su condición, llegar a ser un vendedor sería imposible.

Bill Porter adolescente

Su madre nunca dudó de él. Por eso lo animó a que buscara un trabajo de vendedor. Bill Porter la escuchó. Con gran temor fue hasta las oficinas de la empresa Watkins Incorporated, que comercializaba elementos de aseo. Al ver su condición, el gerente le negó el empleo. No creía posible que un chico así, con esas limitaciones, pudiera llegar a vender algo.

Bill Porter se sintió inmensamente frustrado. Sin embargo, nuevamente su madre lo animó a que insistiera. Al día siguiente volvió a Watkins y otra vez pidió hablar con el gerente. Le propuso entonces que hicieran una prueba. Pidió que le diera la peor ruta de ventas. Aquella que ningún otro vendedor quisiera tomar.

El gerente dudó. Luego pensó que el chico no se iba a dar por vencido, así que accedió a darle el empleo. Suponía que no iba a durar más de un par de días y luego no aguantaría la presión. Así se lo quitaría de encima.

Una historia que se volvió leyenda

Al día siguiente, Bill Porter se presentó temprano a su nuevo trabajo. Le habían asignado una ruta lejana, en un sitio de difícil acceso y con nulas perspectivas de venta. Eran en total 16 kilómetros los que debía recorrer diariamente. En aquella época se vendía puerta a puerta. Eso no intimidó a Bill, quien se dispuso a realizar su labor con la mejor actitud. Sin embargo, como era de esperarse, nadie le compraba.

Llegó la hora del almuerzo y Bill Porter se fue a un parque para tomar lo que su mamá le había preparado. Era un sándwich. Sin embargo, en este había un detalle muy especial. Tenía escritas dos palabras con salsa de tomate: “paciencia” y “persistencia”. Al ver ese mensaje que su madre la había dejado, Bill recuperó la ilusión que había ido perdiendo puerta tras puerta por la mañana.

Bill Porter trabajando

Poco a poco comenzó a conocer a las personas del sector. Se ganó la simpatía de muchos de ellos, por su sencillez, su carisma y su entusiasmo. Pronto hizo su primera venta. Luego la segunda. Después vinieron muchas más. Allí, en ese lugar que todos los demás vendedores despreciaban, Bill Porter emprendió un camino de éxito, tanto financiero como personal. En poco tiempo se convirtió en el mejor vendedor de Watkins.

Bill Porter trabajó por 40 años para esa compañía. Durante ese lapso coleccionó premios, medallas y admiradores. En 1995 un periódico local se enteró de la historia y quiso publicarla. Así la gente conoció a este maravilloso hombre que ya estaba pronto a jubilarse. Gracias al periódico, Bill recibió miles de cartas y llamadas de todo el mundo. Se había convertido en una celebridad. Su historia fue llevada al cine en el año 2002. Él murió a los 81 años, en 2013, siendo un hombre completamente feliz.