¿Qué harías si no tuvieras miedo?

Leonor Casalins · 22 agosto, 2014

El miedo es un mecanismo de defensa instalado en nuestro cerebro: actúa como una alarma. Cuando percibimos algún estimulo de los que tenemos catalogados como peligrosos, la señal se activa y el miedo nos inunda.

Sobrevivir es lo más importante, aunque a veces pensemos que lo son otras cosas, pero el resto de las prioridades dejan de tener sentido si no logramos seguir vivos. Por este motivo, tenemos un centro de control en el cerebro -la amígdala– donde, entre otras cosas, está ubicada la respuesta a estímulos peligrosos.

“El miedo es natural en el prudente, y el saberlo vencer es ser valiente.”

-Alonso de Ercilla y Zúñiga-

Dos tipos de miedo

Básicamente, tenemos que distinguir dos formas básicas de miedo:

  • Racional: es innato y se desarrolla en edades tempranas; evita que realicemos actos que atentan, claramente, contra la vida.
  • Irracional: responde a una amenaza imaginaria; dependiendo de su intensidad, puede degenerar en tensión, temor, ansiedad, fobias
Hombre con miedo

¿Qué provoca el miedo?

El miedo desencadena una serie de reacciones: aumenta la cantidad de adrenalina y de glucosa, la presión arterial sube, se acelera la respuesta cardíaca y se produce una trasmisión sanguínea extra hacia los músculos, preparándonos para la huida o la defensa, entre otras consecuencias.

Todo esto hace que palidezcamos por la disminución de sangre en el rostro. Además, la actividad cerebral aumenta, los sentidos se agudizan, preparándonos para una reacción eficaz y rápida.

Las dificultades surgen cuando el miedo bloquea la razón, cosa que sucede con más frecuencia de la deseada.

Uno de los problemas reside en que tenemos catalogados algunos estímulos como peligrosos, cuando ya no lo son, y generamos una intensidad excesiva de respuesta ante ellos. Cuando vivíamos en las cavernas, las culebras, las arañas… eran peligros importantes y necesitaban de una actuación rápida e intensa.

Las condiciones han cambiado y los hechos nos demuestran que no hemos cambiado las órdenes ante estos estímulos, que ya no tienen la misma peligrosidad. Si añadimos que el miedo se nutre no solo de los que vemos, sino de lo que imaginamos, tenemos el caldo de cultivo óptimo para hacer crecer el temor más allá de lo necesario, causándonos problemas físicos, sociales y psicológicos, pudiendo dar pie a la aparición de fobias.

¿Qué hacer ante el miedo?

Niño con miedo

Casi todos estamos expuestos alguna vez en la vida a sentir estos miedos irracionales, por lo que paso a daros algunas recomendaciones para afrontar estas situaciones, si llegan:

  • Analiza lo que sucede, fuerza el uso de la razón, que es la única que puede controlar a la amígdala.  Trata el asunto como si le pasara a otro, míralo desde fuera y date un consejo como si no fueras tú el que padece ese temor.
  • Recuerda que sentir temor es natural, acéptalo y no dudes de que encontrarás la forma de solucionar esta situación. Pide ayuda si la necesitas, si tú solo no puedes, porque hay formas de solucionar tu problema.
  • Como es más terrible pensar en lo que nos pasará que pasar por la experiencia, como lo peor es el miedo de anticipación, no lo dudes y enfréntate a tus miedos. La  mejor forma de hacer desaparecer un miedo es  afrontarlo; así haremos que disminuya su intensidad, que carezca de sentido.
  • Busca una forma de ridiculizar lo que te aterra. Por ejemplo, si temes a las arañas, imagínalas vestidas con puntillas y lazos…

“No hace falta conocer el peligro para tener miedo; de hecho, los peligros desconocidos son los que inspiran más temor.”

-Alejandro Dumas-

Para finalizar, te propongo que contestes a esta pregunta: ¿Qué harías si no tuvieras miedo? Con la respuesta tendrás lo que tú quieres hacer y, lo mejor, sería que lo hicieras.