Querer y ser querido, huellas emocionales

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 17 mayo, 2018
Eduardo Torrecillas · 18 marzo, 2016

En la sociedad actual está muy extendida la idea de que lo traumático es lo único que nos marca. Sin pensarlo, pasamos por alto la importancia de otros hechos, como querer y ser querido, redundando en la idea de que solo lo negativo dejará huella, cicatriz o trauma, dejando el querer y las posibles huellas emocionales alejados el uno del otro, sin posibilidad de reconciliación.

Lo cierto es que es una auténtica pena, dado que la realidad de las huellas emocionales puede ser muy distinta a esa concepción que parece sacada de película de miedo. Concretemos. ¿De qué estaríamos hablando cuando hablamos de la idea que tiene la sociedad acerca de este tema?

De forma general y partiendo de lo que la televisión, el cine y los libros no se cansan de repetir, podemos aventurarnos a decir que la sociedad piensa que una huella emocional es aquel cambio que se da en una persona tras haber pasado una situación traumática.

Sería un cambio normalmente radical y sin conexión alguna con la personalidad que conocíamos del protagonista. Por lo tanto, como ya veíamos al principio, aparentemente todo aquello relacionado con las huellas emocionales es malo o doloroso.

No obstante, aún no ha entrado en escena la segunda opción de la que hablábamos al principio; ¿Qué pasa con los acontecimientos positivos? ¿Y con querer y ser querido?

En busca del querer

Mujer viendo pasar un tren
La pregunta está lanzada: ¿qué es lo que pasa con los acontecimientos positivos? ¿Tienen algo que ver con querer y ser querido? Bien, hay muchas formas de que responder a esta pregunta, pero todas, absolutamente todas, pasan por el embudo del sí.

Antes de nada, busquemos las preguntas adecuadas. ¿Pueden influir los acontecimientos positivos en nuestro comportamiento, nuestras emociones y nuestros pensamientos? Si nos pasa algo bueno, por ejemplo, si nos dan una buena noticia o accedemos aun buen puesto de trabajo ¿notaremos cambios en estos aspectos?

Si tomamos la personalidad como un concepto compuesto de comportamientos, emociones y pensamientos de una forma estable en el tiempo, ¿podríamos decir que si fuésemos capaces de vivir acontecimientos positivos durante el tiempo suficiente nos estarían marcando?

Y por último, ¿podríamos decir que querer o ser querido es si no el más, uno de los más bonitos y puros acontecimientos positivos que pueden aparecer en nuestras vidas? En definitiva, este quizás sea uno de los motores más potentes que el ser humano alberga.

Es extraño pensar que con la cantidad de neuronas, hormonas, comportamientos, pensamientos y sentimientos unidos al amor, nuestra personalidad sea absolutamente impermeable a él.

Por tanto, ¿podríamos decir que si queremos o nos quieren durante el tiempo suficiente (algo extremadamente personal y variable) nuestra personalidad podrá cambiar? ¿Es el amor una huella emocional si es expresado de forma correcta?

Un ejemplo de querer y ser querido

La psicología ha hablado mucho del amor y del vínculo creado entre las personas, catalogando varios tipos y empleando muchos términos distintos. Pero, posiblemente entenderemos mejor cómo el hecho de querer y ser querido influye en nosotros a través de un ejemplo cotidiano. Vamos a verlo.

Tenemos pareja desde hace poco. Hace tiempo que no teníamos relaciones, hasta que aparece esta persona que trastoca nuestro mundo. O al menos, lucha por hacerlo, porque claro, nosotros también tenemos cicatrices y nos cuesta creer que nos estemos enamorando de nuevo. ¡Con todo lo que hemos sufrido! Además, ya no somos colegialas.

Conforme avanza la relación de pareja, casi sin querer, se nos va olvidando aquello que tenía que frenar nuestro impulso de disfrutar, de lanzarnos de bomba a la piscina. Así, mientras esa personita se encarga de llenar esa piscina en secreto, nos van dando cada vez más ganas de tirarnos. Y lo acabamos haciendo, una y otra vez, cada vez con más ganas.

Finalmente le buscamos un hueco en nuestra vida a base de ilusión. Esta persona se convierte en parte de nuestro esquema mental, nuestro estándar de felicidad y nuestra expectativa de vida.

Pareja abrazada mostrandocómo querer y ser querido
Volvemos a ser nosotros mismos, sin tapujos ni secretos. Si hay convivencia, aparecen manías, bobadas, tonterías y costumbres que, siendo más o menos incómodas, acabamos relativizando y aceptando.

Pero también, como por arte de magia, descubrimos aspectos de nosotros mismos que considerábamos mentira, olvidados y acabados. La empatía por la  persona querida. La preocupación por su bienestar. Ese tartamudeo imposible en nosotros, que antes teníamos nervios de acero.

Descubrimos esas ganas de compartir y disfrutar. Y sobre todo, esa bondad en nosotros mismos que considerábamos imposible y demasiado de película como para ser cierta.

Nos descubrimos cambiando, en definitiva. Cambiamos, no por esa persona, a quien posiblemente todo le parezca bien, sino por ese sentimiento engendrado y regalado en nuestra mente y nuestro corazón.

De hecho, cambiamos, y abrazamos el cambio, con alegría y agradecimiento, olvidando miedos y superando cicatrices y traumas. Creamos una huella mucho más profunda que las anteriores, más visible, y desde luego, mucho más bonita.

¿Por qué tanto empeño?

Durante todo el texto nos hemos esforzado por convencernos de que el amor puede tener una fuerza mucho mayor en nuestra psique y personalidad que los acontecimientos negativos. Obviamente, esto puede o no ser cierto, es necesario que atendamos a todos los factores de ambos tipos de acontecimientos. Entonces ¿por qué tanto empeño?

Pareja hablando

Pues sinceramente, por justicia. Justicia a esa emoción, a las relaciones sanas y a los sentimientos positivos. A diario vemos situaciones en las que se generan emociones negativas, clichés y estereotipos en torno al hecho de querer y  ser querido, argumentos que nos desalientan de volver a lanzarnos a la piscina, miedos latentes, límites a nuestra capacidad de ser felices en pareja.

Por ello, para quien esté dudoso de lanzarse, para el que tienda a centrarse en cicatrices y no pueda ver donde volverá a dejar huella o para aquel que sabe que quiere lanzarse y no se atreve, este es un mensaje de ánimo. Al fin y al cabo, ¿por qué no estamparse un par de huellas emocionales más? Pero esta vez, que sean de las buenas.

De forma que no solo podamos sentirnos agradecidos y orgullosos de nuestros sentimientos y huellas emocionales, sino de aquello en lo que, tras vivirlos, ser consciente de ellos y comprenderlos, nos hayamos convertido. Aquello resultante de haber puesto como base el querer y el ser querido.