Quiero superar el pasado, pero no lo consigo

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 18 junio, 2018
Edith Sánchez · 18 junio, 2018

Dicen que el pasado siempre está sucediendo. Esto quiere decir que todo lo que hemos vivido permanece en nosotros, de uno u otro modo. Es inevitable. Sin embargo, de ahí  a quedarnos sumergidos en el ayer, sin la posibilidad de superar el pasado, hay todo un abismo.

El poema de Miguel Hernández dice: “Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar”. Así es. Resulta imposible huir de lo que hemos sido, de las huellas que ha dejado la vida en nosotros. Aun así, superar el pasado es fundamental para seguir adelante.

El pasado es un prólogo”.

-William Shakespeare-

Ahora bien, la única forma de superar el pasado es asumiéndolo a fondo, identificando la forma como nos ha modelado y precisando lo que nos enseña. En cambio, si no lo miramos de frente, es posible que lo confinemos a un rincón de la memoria donde no lo tenemos presente, pero sigue gravitando sobre nuestra vida.

Lo irremediable del pasado

Uno de los factores que nos impide superar el pasado es la dificultad para aceptar lo que sucedió y que ya no hay marcha atrás. Parece algo obvio, pero en el ser humano hay mucho de irracional. Por eso, aunque no sirva de nada, a veces nos quedamos lamentándonos por lo que ocurrió o dejó de ocurrir.

Mujer mirando el atardecer mientras piensa en los beneficios de una retirada a tiempo

Esto sucede cuando hay sentimientos no elaborados en relación a lo ocurrido. Es posible que exista un fuerte sentimiento de culpa involucrado. En ocasiones, no logramos perdonar una ofensa, un agravio o un daño sufrido. Incluso a veces, no conseguimos perdonarnos a nosotros mismos. Consciente o inconscientemente, nos castigamos por haber hecho o dejado de hacer algo.

La reflexión sobre el pasado debe llevar a una pregunta: ¿es posible reparar lo ocurrido? Si aún hay algo que pueda hacerse, lo adecuado es actuar. En lugar de arrepentirse o lamentarse, simplemente hacer lo que haya que hacer para darle una resolución diferente a lo sucedido. Si ya no es posible hacer algo, lo conducente es llorar, si hay que llorar y extraer la enseñanza de lo vivido.

Para superar el pasado, aceptar y dejar ir

La imposibilidad de superar el pasado nos lleva a ubicarnos en escenarios imaginarios. Es el reino del “si hubiera”… Es posible que esto nos lleve a largas cavilaciones. Fantaseamos sobre otros posibles resultados. Añoramos una vida en la que no hubiera sucedido lo que sucedió. Al final, estamos en el mismo punto, con el agravante de haber renovado la frustración.

Aceptar el pasado significa admitir que ya nunca las cosas volverán a ser como antes. No importa lo que hagamos, incluso si logramos revertir los daños o las consecuencias. Ninguno de nuestros actos será capaz de devolvernos a ese ayer que ya no está.

Se necesita valor para aceptar, dejar ir y superar el pasado. No basta con la voluntad de hacerlo. Trascender a lo ocurrido no es un acto de fuerza, sino de persistencia y convicción. Hay un momento para repasar ese ayer, pero llega un punto en el que lo razonable es dejarlo atrás.

Aprender a vivir en el presente

Hay muchos casos en los que proponernos vivir en el presente no es suficiente para lograrlo. En esos casos, tenemos que hacer más que un simple propósito. Lo aconsejable es crear circunstancias que nos llamen a ese presente. Que nos permitan ubicarnos en el aquí y ahora, porque exigen nuestra atención. A veces, es necesario construir un nuevo presente para superar el pasado.

Mujer paseando por un campo

Para ubicarnos en el presente necesitamos cortar los vínculos que nos unen con el pasado. Al menos, todos aquellos nexos que podamos eliminar. Dicen que la mejor manera de irnos es no mirar atrás. Por eso es importante erradicar todo aquello que nos induzca a volver los ojos hacia lo que ya pasó. Esto nos da mayor libertad y nos permite reflexionar sin la angustia de lo que sigue prolongándose o sigue mostrando sus secuelas.

Así mismo, es importante que comencemos a llenar nuestra vida de novedades. Nuevos amigos, nuevas aficiones, nuevos intereses. Es un momento para renovarnos, para cambiar de vida. Es probable que no tengamos mucho entusiasmo al comienzo. Algo dentro de nosotros siempre nos impulsa a seguir en lo mismo. Luchemos contra esa inercia y dejémonos sorprender por la vida. Ahora bien, si todo esto nos resulta imposible, no dudemos en buscar ayuda profesional.