Realismo ingenuo: las cosas son como yo las veo

07 Septiembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
El mundo no es tal y como lo vemos. Lo procesamos tal y como somos nosotros. De hecho, hay personas que lo hacen desde una perspectiva algo ingenua y hasta narcisista, sin tener en cuenta otras perspectivas, tendencias, opiniones o visiones distintas.

El realismo ingenuo define un tipo de sesgo que orbita alrededor del egocentrismo. Es pensar que tenemos la capacidad para ver la realidad tal y como es, como si en ella no hubiera prejuicios ni falsedades ni dobles sentidos. Son personas que dependen en exclusiva de su propio punto de vista para interpretar al mundo, dejando de lado otras perspectivas y posibilidades.

“Todas las personas con tal inclinación política son nobles por naturaleza”. “Como yo fui un buen líder en el colegio y en la universidad sé que lograré alzarme como alguien de referencia en este nuevo trabajo que voy a empezar”. “Creo todas las personas que reciclan son hombres y mujeres en quienes se puede confiar”.

Este tipo de razonamientos son un ejemplo del sesgo ingenuo o egocéntrico. Así, y más allá de que nos hagan sonreír por su simplicidad o por estar marcados por cierta inocencia, en realidad, destilan a su vez una vertiente un tanto totalitaria. Son razonamientos polarizados, algo narcisistas y definidos por mantener una visión incompleta del mundo.

Profundicemos un poco más en este sesgo psicológico.

Chico pensando en el impacto del realismo ingenuo

Realismo ingenuo ¿en qué consiste?

El realismo ingenuo tiene sus raíces en la filosofía de la percepción. Según este marco, se entiende que hay personas que aplican un tipo de conciencia que les hace creer que todo aquello que perciben a través de sus sentidos (sumada a la interpretación que hacen de cada estímulo) es un reflejo de la autenticidad del mundo exterior. Dicho de manera sencilla «lo que yo veo o lo que yo siento es la única verdad».

En esta perspectiva inocente, y hasta egocéntrica, se prescinde de todo sentido de reflexión y perspectiva crítica. Así, hay quien prefiere retirar el término ingenuo y definirlo más bien como como «realismo simple» para enfatizar un hecho concreto. Ese en el que se nos sugiere que muchos de nosotros ya aplicamos este sesgo en el día a día y lo hacemos, por ejemplo, cuando damos por válido todo estímulo que nos llega.

Si me dicen en la televisión que este producto es el mejor para el cabello, me lo creo y lo busco en el supermercado. Si la noticia que estoy leyendo en las redes sociales me dice algo impactante la doy por válida y la comparto.

Todos estos comportamientos tan al uso a día de hoy describen sin duda un tipo de sesgo peligroso. Es ese en el que no dudamos de lo que nos llega, ese en el que interiorizamos determinadas cosas hasta el punto de no ponerlas en duda, e incluso desconfiar de quien intente darnos otros argumentos.

Cuando dependemos en exceso de nuestro punto de vista

Todos dependemos, en cierta manera de nuestro punto de vista para entender e interpretar el mundo. Y que ocurra esto, es lo correcto; es un buen punto de partida. No obstante, en el salón de nuestra mente hay que dejar espacio a más mobiliario:

  • A la conciencia de que, en ocasiones, podemos errar en nuestras interpretaciones.
  • Debemos asumir que nuestra verdad no es la única existente.
  • Las certezas absolutas nunca son del todo buenas. Hay que aceptar que, aunque duela, las cosas pueden no ser siempre como nosotros creemos o esperamos.
  • Sin sentido crítico (y autocrítico) la inteligencia muere. Debemos ejercitar la capacidad de relativizar, de reflexionar y estar abiertos a otras posibilidades y perspectivas. Porque todo ello es lo que alimenta la auténtica sabiduría.

Depender de manera total y absoluta de nuestras interpretaciones, justificaciones y opiniones es como vivir en un salón con las ventanas cerradas. No recibimos luz ni oxígeno.

El realismo ingenuo, el sesgo cognitivo de la irrealidad

Llamamos realismo ingenuo a ese sesgo que considera que las cosas son tal como uno las percibe. Así, la psicóloga y divulgadora Angela Duckworth, de la Universidad de Pensilvania nos indica que las personas, por término medio, tenemos la sutil tendencia de confundir nuestra perspectiva subjetiva con la realidad objetiva y universal. Y no, no es lo mismo.

Estamos tan apegados a nuestra subjetividad que lo que hacemos a menudo es vivir en una completa irrealidad. No reconsiderar nuestras opiniones, no aceptar que nuestras creencias pueden estar equivocadas o no entender que siempre es bueno abrirse a otras perspectivas, hace que quedemos encallados. Provoca que nos quedemos aislados en un mundo que no es real.

Mujer con gafas pensando en el realismo ingenuo

Ante el realismo ingenuo humildad intelectual

Las cosas no son blancas o negras. En realidad, el mundo está hecho de tonalidades grises. No por defender a capa y espada una idea esta acabará siendo verdad. Y no porque yo lo quiera, determinadas cosas se suceden de un modo y no de otro. La vida, la realidad que percibimos y que acontece a cada segundo es variable, cambia, se mueve, se transforma…

El realismo ingenuo como gran parte los sesgos que se adhieren a nuestra mente, ponen filtros y alambradas para nuestro avance. No son útiles, no nos convienen. De este modo, una estrategia valiosa que nunca falla y que deberíamos instalar desde este momento en nuestro cerebro es la humildad intelectual. Es ese mecanismo idóneo y acertado que nos recuerda que todos somos falibles. También, que es bueno atender a más perspectivas a parte de la nuestra. Eso es lo que más nos enriquece como seres humanos.

Tengámoslo muy presente.

“No asumas que las personas que no están de acuerdo contigo son ingenuas y que necesitan ser iluminadas por ti. Ten en cuenta que todos somos realistas ingenuos. Todos olvidamos nuestra propia subjetividad”.

-Angela Duckworth-